Atuneros españoles inician la carrera por ser los más sostenibles del mundo

Tras la marca atún de pesca responsable buscan ahora el sello azul de MSC


redacción / la voz

Hace tres años, en la conferencia de los océanos de Nueva York, la flota atunera española se envalentonó y, delante de toda la ONU, se marcó el reto de demostrar con certificados que su pesca es responsable. Pero responsable de verdad, social y medioambientalmente. Dicho y hecho. Si nada se tuerce, la flota atunera española se convertirá el año que viene en «la más sostenible del mundo».

Los profesionales han recorrido el camino al revés, marcando primero sus capturas con un sello social impulsado por ellos mismos -el atún de pesca responsable certificado por Aenor- para lanzarse ahora a por el sello azul de sostenibilidad medioambiental, el que expide MSC (Marine Stewardship Council). Y el envido es a lo grande. Julio Morón, gerente de Opagac (Organización de Productores Asociados de Grandes Atuneros Congeladores), anunció ayer en rueda de prensa virtual que busca ese distintivo para su actividad en los tres océanos (Atlántico, Índico y Pacífico) y para toda la flota, independientemente del arte y método que utilice para su extracción. Y no solo eso, también quiere vestir de azul todos los stocks de túnidos tropicales que captura en el mundo, sea rabil (Thunnus albacares), patudo (Thunnus obesus) o listado (Katsuwonus pelamis).

De esta forma, la flota atunera española «se convierte en la primera que opta a esta certificación de forma integral». Comprobar si la merece será cosa de la prestigiosa entidad Lloyd's Register, que analizará las cuatro zonas en las que operan los barcos españoles y que están afectadas ni más ni menos que por cuatro organizaciones regionales de pesca (ORP): la ICCAT, en el Atlántico, la CIAT y la WCPFC, en el Pacífico y la CTOI, en el Índico.

Miguel Herrera, gerente adjunto de Opagac, explicó que el órdago lanzado a todos los stocks de túnidos tiene más de estrategia que visos de prosperar, dado el estado en que se encuentra, por ejemplo, el patudo, pero «al pasar el escrutinio, el informe da indicaciones sobre lo que hay que corregir y es más fácil acceder a la certificación total desde una resolución desfavorable que teniendo que empezar de cero, pues transcurren dos años o más hasta que se consigue el sello».

Diez años de FIP

Pero pocas dudas tienen los armadores españoles de acabar luciendo el sello azul en sus atunes, no en vano llevan diez años de FIP (proyecto de mejora de pesquería), con observadores en todos los buques, uso de objetos (dispositivos agregadores de peces) antienmallantes, biodegradables y reducción de capturas accesorias.

Morón admite que hablar en el idioma de la sostenibilidad ha obligado a los armadores «a trabajar duro para vencer los prejuicios de muchos actores de este mercado». Pero el lenguaje ha acabado imponiéndose en la pesca y ahora hay que conversar con él en el mercado. «Que el consumidor que tenga conciencia social o medioambiental o poder adquisitivo para ello pueda diferenciar en el mercado qué productos proceden de la pesca sostenible y de flotas que velan por los derechos humanos y cumplen las disposiciones del convenio 188 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)», señala Morón. Porque hacia ahí está escorando la preocupación por la sostenibilidad: hacia el lado social, ahora que están saliendo a la luz flagrantes casos de esclavitud moderna, principalmente en las flotas asiáticas.

La esclavitud y la explotación, «un problema que va a estallar» 

Haber recorrido el camino de la sostenibilidad al revés de todo el mundo ha resultado ser un atajo para la flota atunera que, sin ambages, se presenta como visionaria al haber lanzado el sello de responsabilidad social antes que nadie. Y tanto. El estándar desarrollado por Aenor para los españoles se ha convertido en referencia internacional para la pesca mundial después de que Thai Union, el mayor productor de conservas del mundo, se haya fijado en él y se lo haya señalado a la evaluadora GSA3 «como referencia el tratamiento de los derechos laborales a bordo para incorporarlo en sus sistemas de certificación social de la actividad pesquera», explican desde Opagac.

Es cierto que el sello APR todavía no ha calado entre las conserveras. Hasta el momento, solo Isabel y Campos han apostado por este estándar. Pero la primera ya ha anunciado que en breve todas sus latas saldrán con ese distintivo. Y la segunda mantiene su apuesta.

Otras se sumarán en breve, augura Morón. Ya no solo por el trabajo que se está haciendo con la distribución nacional y los contactos con la organización The Consumers Good Forum -que engloba a más de 400 productores, distribuidores y proveedores de 70 países- para desarrollar un estándar de sostenibilidad social aplicable a la pesca dentro de una iniciativa denominada Cadena de Custodia Sostenible. Es que «este problema [las prácticas de esclavismo y explotación laboral] va a explotar». Que se lo cuenten a la estadounidense Bumble Bee. La flota atunera española ya tiene el trabajo hecho. Cosas de haber empezado el camino al revés.

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