El «espejismo» del bacalao de Terranova

Apenas un decenio después de que se levantase una moratoria de pesca que duró 18 años, los científicos proponen rebajar brutalmente la cuota de la especie


redacción / la voz

Si hay una pesquería mítica en la historia de la pesca española y gallega esa es la del bacalao de Terranova, con permiso de las mareas de Gran Sol. Famosas son las campañas de los 50 y 60 en las que cientos de marineros se jugaban la vida en medio de temporales y temperaturas varios grados por debajo de gélidas. Campañas que dieron de comer -en sentido figurado, pero también en el literal- a muchísimas familias gallegas. La extensión de las zonas económicas exclusivas (ZEE) en los 70, primero, y el colapso del bacalao, después, fue minando la rentabilidad de la pesquería y decenas de embarcaciones quedaron varadas con la moratoria impuesta al término de 1992, un veto a la pesca que estuvo en vigor durante 18 años.

Fue hace un decenio que la flota gallega regresó a por bacalao a Terranova. Lo hizo tímidamente, con permiso para pescar unas 800 de las 5.500 toneladas con las que se reabrió la afamada pesquería en aguas del Atlántico norte frente a Canadá. Ese pellizco fue poco a poco aumentando hasta alcanzar las 2.500 que la flota española estuvo autorizada a pescar en el 2019 de un TAC (total admisible de capturas) de 17.500 toneladas. Pero el año pasado ya empezó a desvanecerse el espejismo del bacalao de Terranova. El cupo aprobado en la cumbre de la NAFO (Organización de Pesquerías del Atlántico norte) para este año fue de 8.500 toneladas, de las que 1.200 correspondieron a España. Pero ese recorte amenaza con quedarse en nada si se asumen las recomendaciones de los científicos de la citada organización regional de pesca (ORP) hacen para el próximo año. Porque la rebaja que quieren aplicar al TAC es de un calibre brutal, por encima del 87 %. No llegaría al extremo de hablarse de moratoria, pero casi. Si la flota se sitúa en la peor de las previsiones, que de materializarse supondría dejar el cupo total en nimias mil toneladas, la española podría pescar el año que viene 141.

Reclutamiento muy bajo

El bacalao está de nuevo en problemas. El reclutamiento, aunque las últimas prospecciones constatan una mejoría, es muy bajo. Lo que ya no se sabe es por qué. «Se habla de ciencia, pero no se la dota presupuestariamente y a la industria no nos dejan participar, porque es sospechoso que el sector haga ciencia», señala Iván López, presidente de Agarba (Asociación de Armadores de Buques de Pesca de Bacalao). Es una crítica que, admite, va dirigida a Bruselas, que antepone la ciencia y sus consejos sin dotarla presupuestariamente e invertir en qué es lo que realmente sucede con la especie. La presión pesquera no es el único impacto. Se suman las condiciones meteorológicas, la explotación petrolífera, los cambios ambientales...

López apela a la necesidad de «ser creativos» y analizar otras medidas que no sean los recortes de cuotas. La alternativa podría ser aplicar medidas que han demostrado ser eficaces en otros caladeros y trasladarlas al Flemish Cap. «La industria ha planteado instalar rejillas selectivas en el aparejo para proteger juveniles como se hace en Noruega o imponer cierres en las áreas de desove», apunta el presidente de Agarba.

Mejoría relativa

En la similar línea se pronuncia Edelmiro Ulloa, gerente de la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi): «Consideramos que está perfectamente justificado un TAC de 4.500 o 5.000 toneladas porque los informes más recientes de las campañas están dando una mejoría relativa de la situación del bacalao». Así, en lugar de hacer subir a la industria a una montaña rusa con las cuotas, Ulloa apuesta por vedas espacio-temporales «que podrían permitir dejar las hembras ovadas en el caladero para permitir las puestas y favorecer el reclutamiento».

Difícil negociación en una cumbre que será telemática por las restricciones de la pandemia

La pandemia ha llevado una nueva realidad hasta en las cumbres de las organizaciones regionales de pesca (ORP). La cumbre anual de la NAFO, la 42, se celebrará este año en Internet, del 21 al 25 de este mes. Será una cita virtual, con todas las complicaciones que eso lleva añadido. Si ya es difícil regatear cuotas en los debates presenciales, en estos telemáticos, «en la que la interacción es casi imposible», la negociación se presenta más que complicada. Afortunadamente, el programa se ha reducido y solo se va a hacer una revisión de determinados stocks, sin evaluar otros que ya tienen marcado el TAC para este año y el que viene

El bacalao, por su situación crítica, es uno de los que se hablará en la cumbre virtual. También se citará al fletán, pero en este caso en voz más baja, porque para esa especie está aprobada una regla de explotación por las partes contratantes, cuyo resultado arroja para el próximo ejercicio una ligera reducción del TAC, en torno a unas 500 toneladas, que no quita el sueño al sector. También ocupará el debate virtual la propuesta de cambiar la gestión del camarón, que ahora se asigna por días de pesca y que se quiere pasar a toneladas, aunque la fórmula para hacer esa conversión está en el aire.

Otra cita de final de año que la pesca tenía marcada en el calendario, la cumbre de la ICCAT (Comisión para la Conservación del Atún Atlántico), se ha caído por la imposibilidad de trasladar al terreno virtual una reunión en la que participan más de 700 delegados. Así es que ha sido cancelada.

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