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La flota española, a la deriva por las «inaceptables» condiciones británicas

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La Unión Europea y el Reino Unido retoman hoy las negociaciones pesqueras

19 ago 2020 . Actualizado a las 15:49 h.

Pereza, hastío y desconfianza. Es el ánimo con el que afronta la Unión Europea la nueva ronda de negociaciones con el Reino Unido para cerrar un acuerdo pesquero antes del mes de octubre. El equipo de Michel Barnier se embarca hoy en esta séptima expedición con el mal sabor de boca que dejó el último encuentro. Tienen la certeza de que Londres está jugando con el futuro de la flota europea: no abrirá sus caladeros si no se les concede un trato ventajoso en el acceso al mercado interior de bienes y servicios financieros. 

¿En qué punto se hallan las negociaciones?

Están encalladas a solo cuatro meses y medio de que expire el período de gracia concedido por la UE para cortar el cordón umbilical que mantiene a los británicos unidos al mercado interior. «Hasta ahora, las negociaciones han avanzado poco», reconoce la Comisión Europea. Una visión que trata de dulcificar el Ejecutivo británico: «Se puede alcanzar un acuerdo en septiembre», aseguró la semana pasada David Frost. Lo cierto es que las últimas conversaciones acabaron con el británico pidiendo «casi la exclusión total de la flota pesquera de la UE de aguas británicas», denunció el negociador europeo, Michel Barnier, quien consideró esta posición «simplemente inaceptable». El francés no escondió su frustración: «El rechazo del Reino Unido a garantizar condiciones de apertura, competencia justa y un acuerdo pesquero equilibrado hace que, en este punto, el acuerdo sea improbable». 

¿Qué demanda cada parte?

El supuesto anhelo de los británicos de «recuperar la soberanía» sobre sus aguas se traduce realmente en la necesidad de las autoridades del país de utilizar el acceso a sus caladeros como palanca para obtener mejores condiciones de acceso al mercado interior, tanto de productos pesqueros como de otros bienes y servicios, sin asumir las obligaciones derivadas de su regulación. Bruselas no está dispuesta a bajar los estándares. «Ningún acuerdo puede llevar a la destrucción parcial de la industria pesquera de la UE», insiste Barnier. Bruselas no quiere embarcarse cada año en negociaciones para la gestión de un centenar de poblaciones de peces, mucho menos después de las nefastas experiencias con Islandia o Noruega. Como solicita la flota gallega, el galo prefiere un acuerdo «a largo plazo» que dote de estabilidad al sector y garantías de sostenibilidad. 

¿Qué puede ocurrir si no alcanzan un acuerdo?

La primera consecuencia será la expulsión de la flota comunitaria de los caladeros británicos y el cierre de los puertos de desembarco en la UE para los buques con bandera británica, independientemente del origen del armador. Cualquier producto fresco o procesado que se quiera vender, tendrá que pasar los trámites burocráticos de rigor, cumplir con las normas de trazabilidad y, probablemente, pagar los aranceles correspondientes. También afectará a la salud y gestión del centenar de stocks compartidos. Las especies se mueven de unas aguas a otras en busca de alimento y buenas condiciones climáticas. Si los británicos se asignan una cuota excesiva de capturas o las ceden a terceros países más laxos con las normas de sostenibilidad ambiental, se podría poner en riesgo el ecosistema y los objetivos de Rendimiento Máximo Sostenible (RMS). La prensa local británica también azuza el miedo a «violentas confrontaciones» en el mar con franceses y españoles. Ya ocurrió en agosto del 2018 en el Canal de la Mancha. Embarcaciones galas y británicas plantaron batalla a costa de la recogida de vieira.

Recientemente también se notificó otra escaramuza entre un buque de enmalle español con registro alemán, el Pesorsa Dos, y un arrastrero escocés, el Alison Kay, que acusó al primero de intentar dañar sus hélices enredando una cuerda como «maniobra de intimidación» en aguas de las Islas Shetland.

¿Qué está en juego para Galicia?

Las autoridades gallegas ya advirtieron de las consecuencias de estos «bandazos» en las negociaciones. La flota en aguas británicas ha ido menguando desde la entrada en la UE.En estos momentos hay unos 66 buques, mayoritariamente palangreros de fondo, que todavía acuden a aguas del Gran Sol. Otros 20 congeladores operan en las Malvinas y hasta una treintena de armadores gallegos tienen en propiedad buques de bandera británica. El daño económico que puede suponer para la economía galaica el cierre de puertos, el aumento de los aranceles y la exclusión de los caladeros podría alcanzar los 533 millones de euros, según cálculos de la Xunta. 

El caos está servido 

Buques de bandera británica penalizados a la hora de desembarcar capturas, trabajadores pendientes del futuro de sus pensiones o masificación de caladeros. Es el escenario de caos que podría precipitar el final de la prórroga del brexit si las autoridades no llegan a un acuerdo de acceso mutuo a tiempo (mes de octubre). El sector está en alerta. Aunque los buques gallegos, mayoritariamente de Celeiro y Burela, suelen faenar en aguas irlandesas y apenas conservan cuota en aguas británicas (a excepción de los barcos con bandera de la Union Jack o los buques congeladores de las Malvinas), los armadores temen un desplazamiento masivo de franceses y holandeses a aguas del Gran Sol, masificando el caladero. Las comunidades pesqueras del país celta creen que ese escenario podría desencadenar enormes pérdidas para la economía local y estiman pérdidas de 5.000 puestos de trabajo en la industria. En el caso de Galicia, un centenar de buques y 1.700 tripulantes se verían afectados. Tanto por las trabas burocráticas como por su exclusión de las aguas.

El descuelgue del Reino Unido de una gestión compartida de los stocks llega en el peor momento posible. No solo por el esfuerzo que han hecho flotas como la gallega para ajustarse al RMS y así conservar las poblaciones, sino por los cambios que se avecinan con el calentamiento global en las poblaciones del Mar Celta, Gran Sol, el Canal de la Mancha o el Mar del Norte, lo que dificulta todavía más la previsión de reparto y pesca. Estudios científicos apuntan a la futura escasez de bacalao, gallos y rapes en esas aguas. Esta tendencia se está consolidando con especies como la merluza, una especie migratoria cada vez más abundante en el norte de Europa.