Solo un 11 % de las distribuidoras toman medidas contra las latas de atún «esclavo»

Los armadores señalan que la pesquería de túnidos tropicales es una de las más castigadas por la violación sistemática de derechos humanos y prácticas de explotación a bordo


Redacción

La flota atunera española ha difundido los resultados de un estudio realizado por la consultora Deloitte que señala que las empresas que suministran atún en lata a las grandes superficies europeas son laxas a la hora velar por que se cumplan los derechos humanos en toda la cadena de producción y no establecen, a lo largo de sus procesos, mecanismos para identificar las prácticas de esclavitud moderna, de la que, aseguran, cada vez hay más casos, sobre todo en las flotas asiáticas.

Según el estudio, que ha analizado 35 grandes grupos comerciales a lo largo de toda su cadena de valor, solo el 50 % disponen de procesos de actuación en materia de derechos humanos y en el caso de la esclavitud, «tan solo el 11 % dispone de políticas internas y de procedimientos de monitorización para detectar el riesgo de estas prácticas», apuntan desde la patronal atunera Opagac. Además, apenas el 17 % integra en sus procesos mecanismos de reclamación para sus trabajadores y solo uno de esos grandes grupos ha establecido prohibiciones explícitas al esclavismo en su cadena de suministro.

La sostenibilidad biológica por encima de los derechos humanos

Los atuneros llaman la atención sobre que el estudio de Deloitte advierte de que esta actitud de los suministradores es opuesta a las tendencias de las grandes superficies de distribución hacia políticas de comercialización de productos sostenibles. Aunque en el caso de los productos pesqueros, los grandes distribuidores se enfocan más en la sostenibilidad medioambiental y biológica que en la que afecta a los derechos humanos y las condiciones laborales de los trabajadores.

Eso explica, a su juicio, que grandes cadenas como Leclerc, Aldi o Eroski certifiquen con el sello MSC la sostenibilidad de sus productos pesqueros pero que, sin embargo, haya un buque de pesca de atún tropical de Taiwán, que ha perdido este sello debido a que está bajo investigación tras la muerte de un observador a bordo por razones desconocidas. A este respecto, cabe señalar que los observadores son los responsables de la verificación del cumplimiento de la normativa que regula la actividad pesquera y, según la Asociación Profesional de Observadores, en los últimos cinco años, nueve de estos profesionales han muerto a bordo.

Los clientes de Lidl, los más preocupados por los derechos humanos

A la hora de analizar la actitud de los consumidores sobre este particular, el estudio de Deloitte, basado en las respuestas de 11.000 clientes de grandes superficies europeas, apunta que, en el caso de España, el 76 % de los consumidores han modificado sus criterios de compra de productos pesqueros hacia aquellos sostenibles ambiental y socialmente.  En el caso de las latas de atún y preguntados sobre qué factores son los más relevantes para definir esa sostenibilidad, los clientes de Lidl son los que más valoran la protección de los derechos humanos y las condiciones de trabajo frente a los de otras cadenas de distribución.

De hecho, en una escala del 1 al 5, la media de los consumidores españoles sitúa este factor como el cuarto, con 2,8 puntos, y por detrás del respeto a los recursos marinos (3,6), al impacto medioambiental (3,2) y a la legalidad de la práctica pesquera (2,9). Sin embargo, los clientes de Lidl sitúan los derechos humanos como tercer elemento más relevante, con una valoración de 3,1 y a escasa distancia de los factores de respeto a los recursos marinos y al medio ambiente, ambos con 3,5 puntos.

Según Julio Morón, director gerente de Opagac (Organización de Productores Asociados de Grandes Atuneros Congeladores), «las flotas europeas de atún tropical venimos denunciando desde hace tiempo que esta pesquería es una de las más castigadas por la violación sistemática de los derechos humanos y las prácticas de esclavitud a bordo. Pero esta realidad, lejos de ser algo puntual, parece que tiende a convertirse en una lacra que puede estar afectando a miles de marineros y sin que el consumidor europeo sea consciente, más aún si tenemos en cuenta el último censo de pesqueros chinos operando por todo el mundo que asciende a 17.000 buques».

«La sensibilidad del consumidor por la sostenibilidad medioambiental parece estar ganando terreno ?añade Morón?, pero creo que ha llegado el momento de que la UE plante cara al problema humanitario en la pesca de una vez por todas. No podemos seguir importando pescado, además con arancel cero, de empresas y barcos que desprecian la vida humana. Los consumidores ya están empezando a detectar esta situación y comienzan a rechazarla, y la flota atunera europea se pregunta a qué están esperando los políticos europeos para hacer lo mismo».

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