Campaña para reducir el consumo de sopa de aleta de tiburón

Organizaciones animalistas recurren a su elevado contenido en mercurio para disuadir de su ingesta con la intención de reducir así la demanda de extremidad de escualo


Redacción, Miami

La sopa de aleta de tiburón lleva... aleta de tiburón. De cazón, quenlla, marrajo, mako... pero se necesita extremidad de cualquier escualo para cocinar ese plato tradicional de la gastronomía asiática. No es ningún secreto que hay muchos colectivos que quisieran ver desterrada esa costumbre culinaria que se ha convertido en típica incluso en los restaurantes chinos dispersos por el mundo. Precisamente porque para elaborar ese plato se necesita tiburón, y las organizaciones conservacionistas no aceptan que esta especie se capture, sea la variedad que sea, independientemente de si su explotación se está realizando de forma sostenible o no, como defiende la flota gallega por la parte que le toca. Y si no han podido conseguir su objetivo mediante la prohibición de la pesca, han buscado otro flanco, el de la salud, para abordar una empresa que parece quimérica: organizaciones animalistas han lanzado desde Hong Kong una campaña para convencer a la población de que reduzca el consumo de sopa de aleta de tiburón. Esos cruzados han encontrado argumentos en un estudio realizado por un equipo universitario de Miami, de la Florida International University (FIU), del que forma parte una joven bióloga española estudiante de doctorado, Laura García Barcia.

En ese trabajo, Laura García se enteró de que España, con Vigo a la cabeza, es, después de Indonesia, el segundo país que más tiburones pesca y un importante exportador de aletas. También aprendió que el principal centro de importación y exportación de este producto tan apreciado en la gastronomía china es Hong Kong, donde un kilo de tiburón martillo -vetado a la flota española- puede alcanzar los 800 dólares, dice a Efe García Barcia. Las aletas que se venden en Hong Kong provienen de más de 80 países y en esa excolonia británica se procesan para luego exportarlas a muy diferentes países -España incluido- para surtir a restaurantes y supermercados chinos.

Rica... en mercurio

Para el estudio que García Barcia ha llevado a cabo junto con Yong Cai, que dirige el Departamento de Química y Bioquímica de FIU, y el profesor Demian Chapman, se analizaron 267 muestras de aletas de tiburón de las nueve especies más comunes en los mercados hongkoneses y en China en busca de mercurio o del más tóxico aún metilmercurio.

De ese análisis se indujo que el contenido era entre 6 y 10 veces superior al límite fijado por el centro hongkonés para la seguridad alimentaria, que es de 0,5 partes por millón. «Esa sopa no es buena para la salud por el alto contenido de mercurio de las aletas», dice la bióloga española, de Castellar de Vallés (Barcelona).

Ese es el tema central de su tesis doctoral y la razón del estudio, cuyos resultados van a ser usados por la organización Bloom para convencer a quienes no atienden a razones ecológicas de la necesidad de no consumir aletas de tiburón, sea en sopa o en preparaciones de medicina tradicional.

El mensaje de que hay que reducir la demanda de extremidades de escualo para no diezmar las poblaciones de este animal ha calado en los jóvenes, pero ahora hay que convencer al resto y el argumento de la salud puede ser más efectivo, dice García Barcia.

Dar a conocer el riesgo de tener problemas en el sistema nervioso central o, en el caso de las embarazadas, de tener un hijo con desarrollo cognitivo limitado si se consume frecuentemente aletas de tiburón puede ayudar a que se reduzca la demanda.

En la cultura china, la sopa de tiburón, que en realidad está hecha con caldo de pollo o de ternera al que se incorporan las aletas desecadas y procesadas para que solo quede el tejido cartilaginoso, es un plato imprescindible en banquetes de boda u oficiales y en general en comidas de celebración, dice García Barcia.

Su consumo está muy arraigado, subraya para destacar que no es fácil que las autoridades decidan prohibir su venta o consientan en poner una etiqueta que diga que puede afectar a la salud.

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