El drama del IEO: un remanente de 90 millones y sin poder pagar a proveedores

La falta de crédito ha obligado al Oceanográfico a transferir proyectos a otros socios


redacción / la voz

Justo en el que iba a ser el superaño de los océanos, el Instituto Español de Oceanografía (IEO) aparece anegado por el caos de una mala gestión acumulada de años, que le ha obligado incluso a evacuar otros proyectos asociados que el organismo lideraba pero que, por falta de disponibilidad presupuestaria, no es capaz de abordar. Y eso a pesar de tener 90 millones en remanente de tesorería. Toda una paradoja de la que ha dejado constancia en su informe el grupo de expertos al que la Secretaría General de Investigación encargó indagar qué ha horadado los cimientos de la institución. Un trabajo que, por otra parte, no hace más que poner negro sobre blanco las advertencias que venía realizando la plantilla del instituto desde el 2014 y que cuajaron en el manifiesto de SOS que lanzaron en el 2018. 

La escasa apuesta de España por la ciencia marina, la inoperancia organizativa, la estructura obsoleta, la intervención previa de cada gasto, el difícil encaje a un presupuesto anual de un organismo que consigue captar y liderar proyectos internacionales de realización plurianual, las dificultades para incorporar a las cuentas propias los fondos que captaba en el exterior... Todo eso ha ido debilitando los pilares del organismo, que ahora se viene abajo con el riesgo de perder todo el prestigio internacional que ha acumulado el IEO en sus más de cien años de historia. Y continúa desmoronándose. A la dimisión de la secretaria general del IEO y del director del centro oceanográfico de Baleares -que siguen en sus puestos esperando su relevo-, se sumó la de la responsable en Cádiz, Paz Jiménez, quien ha presentado su renuncia al cargo.

La «desgracia» del éxito

Paradójicamente, ese éxito internacional, ese nivel de excelencia del IEO -que se mide por la capacidad de un organismo de captar fondos externos y en este caso suponen el 50 % de su presupuesto-, ha ayudado a debilitar al instituto, a juicio de los expertos. Porque el aumento de la actividad no ha ido acompañado de la autorización necesaria para generar más crédito; es decir, que obtener financiación externa «no garantiza su disponibilidad presupuestaria». Y si ese líquido no se incorpora a través de la generación de crédito, pasa a engrosar el remanente de tesorería contable. Así es como «el IEO ha llegado a acumular casi 90 millones».

Tiene esa cantidad en la hucha, pero no liquidez para pagar a proveedores, comprar una probeta para el laboratorio o reparar una avería dado el «escaso crédito disponible», según anunció la secretaria general en su carta de despedida al personal.

Ella misma aludía en esa misiva a una gestión «cuando menos arriesgada», que los expertos no han hecho más que constatar. Pero no solo ha sido eso: «A esa mala praxis [financiera] hay que añadir la mala gobernanza de sus órganos, que han derivado en la parálisis actual, económica y funcional», colapso «que no ha podido ser evitado con medidas paliativas, como la eliminación de la intervención previa».

El primero en caer

En esa especie de revisión cuasiforense -por la gravedad del paciente-, los expertos dejan claro que la enfermedad del IEO se extenderá en el futuro al resto de OPI (organismos públicos de investigación). Porque no es muy distinto lo que ocurre en las finanzas de otros organismos similares.

«Lo dramático de la situación financiera del IEO, es que el organismo tiene capacidad suficiente para generar recursos que no pueden ser utilizados al ser secuestrados por un sistema presupuestario que no está diseñado para un sistema de financiación basado en contrataciones, lo que paraliza su actividad y se incumplen sus compromisos. Esta dinámica, además, desincentiva la búsqueda de financiación por parte de los investigadores tras constatar que los fondos conseguidos no sirven para los fines para los que fueron otorgados, situación que está causando una pérdida de competitividad de la institución y, de prolongarse en el tiempo, eventualmente llevará a su muerte».

Los expertos dan recomendaciones de actuación, pero admiten su preocupación por cómo salir de esta pues la falta de crédito ha detenido proyectos y encargos.

Galicia, con dos centros oceanográficos, llamada a ser clave en la refundación

Además del diagnóstico, el grupo de trabajo también ha extendido recetas para devolver la salud al IEO, sin olvidar que el mal que afecta al instituto es solo un síntoma de que «es imprescindible reinventar el sistema de ciencia e innovación español».

Creen que es el Ministerio de Ciencia el que debe contar «con un plan estratégico para relanzar la I+D marina en el siglo XXI, llamado a ser el siglo del desarrollo de la economía basada en el océano». Y no hay que olvidar que, pese al declive, el IEO sigue estando «en una posición estratégica para el desarrollo de la investigación marina en España», un trabajo que ha de hacerse en colaboración con otras instituciones similares de la Administración central y de las comunidades autónomas, por lo que es necesario reforzar los vínculos entre las mismas».

Así, proponen «la creación de consorcios interinstitucionales articulados a través de los OPI, que actuarían como nodos integradores de la investigación nacional y autonómica, sirviendo de enlaces con la europea». En esa red, Galicia sería pieza clave, dado que es uno de los cinco puntos de España en los que convergen «altas capacidades de I+D+i en ciencias marinas» y un sector económico dependiente del mar.

En cuanto a recetas concretas para curar al IEO, apuntan, por supuesto, diferenciar en la gestión los gastos de funcionamiento de los de los proyectos y servicios, replantear los servicios de asesoramiento que prestan a Pesca y Transición Ecológica, acabar con el caos organizativo y de gestión de todos los buques oceanográficos del Estado y que «se designe por concurso público internacional la dirección del IEO».

El IEO se desmorona

E. abuín

La dimisión de la secretaria general, tras denunciar años de gestión «cuanto menos arriesgada», sume en el pesimismo a una plantilla abocada a la austeridad

En el Instituto Español de Oceanografía (IEO) bromean -por no llorar- con el antiguo empleo del ministro de Ciencia y Tecnología, Pedro Duque. Porque solo si se está en el espacio se puede no escuchar el estrépito que está produciendo el desmoronamiento del centenario instituto, que no se derrumba precisamente por viejo, sino por la esclerosis de una gestión centralizada y  de sus finanzas. 

La primera caída de cascotes se produjo en febrero pasado, con la dimisión del anterior director de este OPI (organismo público de investigación), Eduardo Balguerías, tras unos fallos de gestión que derivaron en la asfixia financiera del ente. Siguieron otros desprendimientos, como las llamadas de atención de los trabajadores del instituto, advirtiendo de la parálisis en la que se encontraban, la falta de recursos que obligó a paralizar la flota de buques oceanográficos por no disponer de fondos para pagar víveres, combustible y tripulación, -salió el CSIC al rescate prestando 96.000 litros de gasoil- o las protestas de los directores de los nueve centros oceanográficos. Un gesto, este último, especialmente significativo a juicio del personal del IEO, puesto que son «cargos de confianza» que nunca se habían significado hasta ahora.

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