Orpagu protege a sus tripulantes con dos test de covid-19 antes de embarcar

Los armadores invierten para prevenir contagios como el de un espadero en alta mar

Imagen de archivo de un espadero descargando en Vigo la principal especie que capturan, tintorera
Imagen de archivo de un espadero descargando en Vigo la principal especie que capturan, tintorera

redacción / la voz

No esperarán más y, en la medida de lo posible, tratarán de evitar contagios en alta mar como el del Ribel Tercero. Un tripulante de ese espadero portador de coronavirus contagió a gran parte de sus compañeros. No lo sabían ni él, ni el armador ni los nueve hombres con quienes convivió a bordo durante dos semanas. A él lo evacuaron enfermo y el barco interrumpió la marea. Comprobaron que mal puede funcionar la Administración pública al ver que ninguna autoridad los esperaba en el puerto de Vigo. Deberían, para aplicarles el protocolo que los obligaría a permanecer catorce días en cuarentena y a hacerse pruebas. Se las practicaron muchas horas después, cuando ya habían estado con sus familias, amigos... Así de dura ha sido la lección que ha llevado a la Organización de Palangreros Guardeses (Orpagu) a proteger a su personal practicándole dos test antes de embarcar.

Demandaron una respuesta urgente, pero el Gobierno sigue sin contestar a las solicitudes de autorización de otras asociaciones de armadores, como la gran patronal Cepesca o la viguesa Arvi, dispuestas a comprar test fiables de covid-19 para procurar preservar la salud de las tripulaciones.

Ese silencio oficial y la experiencia del Ribel Tercero han llevado a los propietarios de los 43 barcos integrados en Orpagu a contratar a una empresa privada. Asesorados por ese centro médico especializado, han diseñado un protocolo con dos pruebas, «que se podrían alternar según el criterio de los facultativos». Una, la RT-PCR, considerada la más fiable y eficaz porque detecta o descarta contagios incluso en asintomáticos; y otra, la serológica, que permite averiguar contactos con el virus y, de ser así, puede diferenciar si la infección está en fase temprana o tardía.

Unos 650 profesionales

Para evitar el embarque de tripulantes tocados por la pandemia, tras las pruebas «permanecerán en una cuarentena controlada» hasta que suban a bordo, explican desde Orpagu. Comenzarán con los 120 profesionales que zarparán en las próximas semanas, pero prevén realizarles los test a los alrededor de 650 que faenan en los espaderos de esa asociación, cada vez que se incorporen a los barcos. Al menos mientras la pandemia continúe sin control o no se disponga de una vacuna.

Por la experiencia que nunca querría haber tenido Antolín Verde, armador del Ribel Tercero, los socios de Orpagu conocen de primera mano que un portador de covid-19 en alta mar «genera muchísimos más problemas que en tierra». Hasta la saciedad repiten desde el sector que a bordo las probabilidades de contagio se multiplican porque trabajan y conviven juntos en espacios reducidos, donde resulta imposible guardar las distancias de seguridad. Y si uno enferma, también resulta muy complicado aislarlo. En definitiva, un infectado a bordo paraliza un barco.

Un barco paralizado en Burela

Que se lo pregunten al armador y a los dieciséis hombres del pincheiro de Gran Sol Carla, que este lunes cumple catorce días de cuarentena en el puerto de Burela. En ese caso las autoridades sí aplicaron el protocolo. El barco, de bandera francesa y propiedad de un asturiano, interrumpió la marea en cuanto se enteraron del positivo en covid-19 de uno de los tres marineros enrolados en la última marea. La prueba se la había indicado el armador antes de zarpar. Asintomáticos, él y sus quince compañeros dieron negativo en los test PCR realizados y analizados por el Hospital da Mariña el 14 de abril. Aun así, Sanidad Exterior no les permitió regresar a los caladeros.

«Lo que esté en nuestra mano»

Con Juana Parada en la gerencia, en Orpagu también han decidido invertir en velar por la salud de las tripulaciones. Joaquín Cadilla, presidente de esa organización y armador de espaderos, admite que es imposible garantizar cero contagios, pero incluso así «tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para que la gente salga al mar tranquila». Especialmente en plena crisis de una pandemia que también sacude al sector por la caída de precios y ventas, problemas agravados para los espaderos con las dificultades de almacenamiento de capturas ahora sin salida comercial.

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