Comienzan a aflorar los contagios de coronavirus en tripulantes de la pesca

Un barco está de cuarentena en Burela para confirmar el positivo de un marinero, que dio negativo en el test practicado este martes, igual que otros 14 compañeros. A la espera de un resultado, el barco prepara el regreso al caladero


burela / la voz

A bordo de la mayor parte de pesqueros las medidas contra el coronavirus son inaplicables porque sus reducidas dimensiones impiden mantener las distancias de seguridad, porque el oficio los obliga a trabajar codo con codo y porque las mascarillas, si las tuviesen, se mojarían y no garantizarían la protección. Excepto si han estado confinados en sus centros de trabajo desde que estalló la pandemia, las posibilidades de contagio de los tripulantes son similares a las del resto de la sociedad. Aunque durante los primeros 28 días del estado de alarma en España no trascendió ningún caso en Galicia, entre el sábado y este martes han comenzado a aflorar. El primero, el de un marinero enrolado en el espadero Ribel Tercero, con base en A Guarda (Pontevedra), evacuado desde alta mar. El segundo, el de un tripulante del Carla, un pincheiro de bandera francesa propiedad de un armador de Cudillero.


Asturiano, ese pescador no presenta ningún síntoma de COVID-19. El barco está amarrado en Burela, en cuarentena, en una zona del muelle precintada por la Guardia Civil. Él y sus 15 compañeros aguardaban ayer los resultados de las pruebas que dos sanitarias les hicieron ayer a bordo. Por un lado, para confirmar su positivo en un test que le practicaron en Avilés la semana pasada, antes de embarcar y por encargo del armador. Y, por otro, para comprobar si pudiese haber algún contagiado. Probablemente porque en ese marinero asturiano no se ha manifestado ninguno de los indicios conocidos de coronavirus, la empresa armadora se remite a las conclusiones de los test de ayer para verificar si la pandemia ha tocado a su personal. Según Efe, los compañeros del posible afectado han dado negativo en los test rápidos a los que fueron sometidos. Pese a todo, continúan en cuarentena hasta que llegue la confirmación de las pruebas PCR por parte de un laboratorio de referencia.

Con todo, les ordenó regresar de los caladeros comunitarios donde faenaban al conocer un positivo que no da por acreditado definitivamente. También por precaución, decidió que antes de embarcar se hiciesen pruebas ese tripulante y otros dos que el pasado jueves se incorporaron a un buque donde otros 13 llevan tiempo.

El buque ha sido desinfectado

Con base en Lorient (Francia) y de 28 metros de eslora, el Carla suele comercializar sus capturas en Burela. De ahí zarpó con 16 hombres el pasado jueves. Extremando las precauciones por la pandemia, a diario se miden la temperatura y permanecen alerta ante cualquier síntoma. No los detectaron. Ayer transmitían serenidad, no exenta de la lógica preocupación, al menos hasta conocer el veredicto sanitario. El Carla atracó en Burela ayer por la mañana. El armador había informado de la llegada y del motivo a las autoridades, que aplicaron el protocolo de control y de limitación de movimientos de la tripulación. También contrató a una empresa privada que desinfectó la embarcación por la tarde.

Diferente al Ribel Tercero

En principio, el pincheiro de bandera francesa continuará en cuarentena hasta este jueves, por las 48 horas necesarias para analizar las muestras tomadas a los 16 hombres. Ese diagnóstico determinará los siguientes pasos.

Al contrario que en el caso del espadero Ribel Tercero, con el Carla sí se han adoptado las medidas preventivas para intentar evitar contagios. En ese buque con base en A Guarda (Pontevedra) se acreditó el que hasta ahora es el primer caso de COVID-19 que ha trascendido a bordo de un espadero gallego. El afectado fue evacuado desde alta mar. Sin embargo, cuando los otros nueve tripulantes atracaron en el puerto de Vigo solo los esperaba el armador. Tras aguardar un tiempo por la llegada de autoridades o sanitarios para hacerles las pruebas, optó por trasladarlos a sus domicilios. No les obligaron a guardar cuarentena en el buque y, además, los test para comprobar si estaban contagiados no se los hicieron hasta el día después de arribar. Ahora aguardan en casa los resultados para saber si están infectados tras 15 días de trabajar, comer y dormir con el enfermo antes de que fuese confinado en un camarote improvisado.

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