Mujeres de la pesca denuncian indefensión al no decretarse el cese de actividad por el coronavirus

El colectivo critica que se les obligue a trabajar sin ofrecerles medidas de seguridad para hacerlo


Redacción

La Asociación Nacional de Mujeres de la Pesca (Anmupesca) denuncia «el estado de indefensión y desatención absoluta» en el que se encuentra el colectivo ante la epidemia del coronavirus. Según indica la entidad, que agrupa a unas 5.000 personas (mariscadoras, percebeiras, armadoras, rederas, pescantinas, biólogas y otros perfiles profesionales de las mujeres de la pesca) se ha dirigido al Gobierno central y a varios Ejecutivos autonómicos solicitando medidas para paliar la débil situación en la que se encuentran sus socias, «sin que se haya tenido respuesta alguna hasta el momento», explica su presidenta Rita Míguez. 

«Nos piden que seamos uno de los pilares para garantizar la soberanía alimentaria en esta situación y no nos ofrecen medidas de seguridad con las que hacer frente a una pandemia que nos amenaza personal y familiarmente», añade Míguez.

La responsable de Anmupesca lamenta que hasta el momento ningún responsable estatal o autonómico se haya dirigido a la asociación para ofrecerles equipos de protección individual (EPI) o para interesarse por las condiciones mínimas exigidas por las autoridades sanitarias para trabajar con unas garantías esenciales de seguridad en sus actividades. En el caso de las mariscadoras, por ejemplo, es prácticamente imposible cumplir con el metro y medio de separación recomendado, dado que se trata de una actividad colectiva, que reúne a decenas de personas en una zona determinada de una concesión y que después se concentran en un punto de control para pesar su marisco. Ese es el problema, el desconocimiento del sector: Una vez más se constata el total y absoluto desconocimiento de nuestras profesiones».

Del mismo modo que no se tiene ni idea de que las pequeñas armadoras «tienen serios problemas para poder garantizar, por ejemplo, en un barco de 14 metros la distancia mínima exigida para que no se produzcan contagios entre sus tripulantes y que, según la legislación vigente en riesgo laborales, así como que el responsable máximo sanitario de la embarcación es el patrón y que estos se niegan a tripular los barcos ante el riesgo de infección de sus marineros».

Precarias situaciones e itinerancia

Más problemas, en este caso para las rederas. Por si fuera poco la precaria situación en la que realizan su trabajo a diario -«en instalaciones no adaptadas, de modo itinerante en puertos y en barcos según demanda, en la mayoría de las ocasiones sin los servicios higiénicos mínimos»- se une el hecho de que mucha de su materia prima procede del mercado asiático, por lo que están teniendo también problemas de abastecimiento; eso sin olvidar que si paran los barcos, las rederas, dejan de trabajar.

No lo tienen mucho más fácil las pescantinas, que, dice Anmupesca, «están destinando fondos propios a abastecerse de EPI con los que poder garantizar unas mínimas condiciones de higiene en el trasvase de producto al consumidor».

Míguez subraya lo orgullosas que se sienten «de ser un pilar de los sectores primario y alimentario del país, pero muchas de nosotras y de nuestros compañeros estamos sacrificando nuestra salud y exponiendo la de nuestros familiares sin ninguna garantía de nuestra seguridad y protección». Ante esta situación, la asociación solicita al Gobierno «el cese de actividad por fuerza mayor en aquellos subsectores de la pesca que no puedan adoptar las medidas de prevención de riesgos laborales establecidas por esta pandemia». 

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