La plantilla reclama para el IEO el rescate que en el 2013 tuvo el CSIC

El personal denuncia que está todo parado y ni siquiera pueden calibrar los equipos


redacción / la voz

El Instituto Español de Oceanografía (IEO) sigue lanzando SOS por las redes sociales y aireando unas penurias a las que, en sus comparecencias, el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, resta importancia. Cierto que el grupo de científicos y técnicos designado al efecto todavía está realizando el diagnóstico de un organismo público de investigación (OPI) tan al borde del colapso que se ha visto obligado a devolver dinero por no poder atender compromisos y que ha tenido que recibir gasoil prestado del CSIC hasta que la empresa Tragsatec asumió, gracias a un convenio con el IEO, la gestión de los buques oceanográficos. Pero la gravedad de la situación requiere más soluciones inmediatas, insisten desde los centros.

«Seguimos parados, no hay campañas ni reuniones, no hay contratos, no podemos comprar nada, no podemos calibrar los equipos, tenemos deudas con los proveedores. Nos vamos a casa y ahorramos luz, agua, teléfono...?», apuntaba en Twitter una científica. «Tenemos reactivos para un mes. Se debe dinero al personal y a proveedores. ¿Cómo mantenemos la ilusión y planificados trabajo en el IEO?», planteaba otra afectada dirigiéndose a Duque.

Apelan al ministro de Ciencia para que adopte soluciones inmediatas a la parálisis Son dos de las voces que claman por un rescate urgente del organismo, la misma medida que en el 2013 se adoptó para evitar el colapso del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Entonces, el Gobierno, a través del Ministerio de Economía, acudió al rescate de una institución que, según su presidente de entonces, Emilio Lora, estaba en «situación de cataclismo». Inyectó 70 millones de euros que bastaron para tapar los números rojos que arrastraba y lastraban su funcionamiento.

Siete años después es el IEO el que, a juicio de la plantilla, está en idénticos o parecidos apuros. Ha tenido que devolver 24.000 euros del proyecto europeo Ceres (Climate Change and European Aquatic Resources), de investigación sobre el cambio climático, que debían haberse justificado antes de finales de febrero. «Y el coordinador de Ceres ingresa ahora ese dinero al CSIC, socio del proyecto- que no ha tenido problemas para ejecutar el gasto», denunciaba el personal en la cuenta de Twitter.

Ya fuera de las redes sociales, las quejas tampoco no amainan: «Los proyectos del 2020, sin aprobarse; no se puede hacer gasto alguno; no se puede mover la gente -el coronavirus les ha venido en este sentido que ni al pelo- y solo se ha aprobado la asistencia de personal a algunas campañas en buques oceanográficos para atender compromisos de la UE. En definitiva, todo parado», apunta un investigador. Al parón que dadas las circunstancias en que se encuentra el Instituto Español de Oceanografía se suman ahora las suspensiones y dilaciones que se han tomado como medidas de prevención del coronavirus. Así, la dirección ha dicho que los barcos oceanográficos que no hayan salido de puerto para iniciar sus campañas, no lo hagan «hasta nueva orden». También ha suspendido «hasta nuevo aviso» la participación de científicos y técnicos del IEO en las campañas previstas en los buques de la Secretaría General de Pesca.

El Instituto de Investigacións Mariñas capta un millón de euros para 7 proyectos

El Instituto de Investigacións Mariñas (IIM) de Vigo, uno de los centros del CSIC en Galicia, ha obtenido más de un millón de euros para desarrollar varios proyectos.

Uno de ellos, desarrollado por el grupo de Química de Productos Marinos, es Aceites polares de origen marino como fuente de omega 3 y mediadores lipídicos para un envejecimiento saludable: regulación de la inflamación y desequilibrio oxidativo. Tan extenso título describe casi a la perfección lo que buscan Isabel Medina y Santiago Aubourg: evaluar la conveniencia de la ingesta de pescado y aceites de pescado durante el envejecimiento, en especial el efecto sobre la neuroinflamación y los trastornos neurológicos y degenerativos con ella relacionados.

El equipo de Biología y Fisiología Larvaria de Peces desarrollará un subproyecto del UlvaQuo, que trata de verificar si la intensidad y heterogeneidad de la luz pueden afectar tanto a la fisiología como al comportamiento de las poblaciones de ulva, un alga verde incluida entre las lechugas de mar.

Además, Ecología y Recursos Marinos, con Graham J. Pierce (IIM) y Begoña Santos (IEO) al frente, intentarán es modelar las interacciones entre las especies claves del nekton oceánico (comerciales y depredadores superiores protegidos) y las pesquerías de la plataforma de la península ibérica, permitiendo cuantificar la importancia y la dinámica de las relaciones tróficas, no solo en términos de energía sino también la transmisión de parásitos, contaminantes y patógenos.

 

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