Ciencia se da dos meses para buscar una solución a la crisis del IEO

Un plazo muy dilatado, pues ya hay que devolver dinero a la UE por impago de facturas


redacción / la voz

El cierto alivio que ha supuesto entre la plantilla del IEO que el Ministerio de Ciencia e Innovación por fin tomase conciencia de la situación de colapso en que se encuentra la institución se ha desmoronado al conocer por mano del secretario general de Investigación, Rafael Rodrigo, que la solución que venga no llegará con la celeridad que desean y, sobre todo, con la premura que requiere este organismo público de investigación (OPI), gravemente deteriorado. Y que se hable de una transformación profunda e incierta, tampoco sosiega. Rodrigo, en una misiva enviada a todo el personal, señala que ese grupo de trabajo de científicos y gestores propios y ajenos que tiene como misión salvar al IEO tiene un plazo de dos meses para elaborar un diagnóstico de la situación. De ese estudio tendría que salir una propuesta de medidas necesarias para su recuperación.

Pero dos meses es, a juicio de parte de la plantilla, un plazo demasiado dilatado para que lleguen las soluciones a esa esclerosis que padece el IEO. Sobre todo porque la enfermedad que tiene es de sobra conocida. Una atrofia que, dicen, tiene su origen en la caja única y la inmensa burocracia para que fluya el crédito, que desde el 2008 ha ido taponando las arterias de la financiación hasta dar en el 2018 las primeras muestras de una insuficiencia que a estas alturas tiene al organismo completamente asfixiado. Que hubiese tenido que amarrar la flota de buques oceanográficos ha sido el signo más llamativo por la repercusión exterior, pero la situación puertas para dentro de todos y cada uno de los 9 centros oceanográficos que hay dispersos por España no es menos grave. Si en Baleares tienen fiado el papel higiénico, en A Coruña han tenido que esperar un año para poder por fin mandar el barco Lura al varadero, pero la impresora sigue averiada y sin funcionar. Y en Vigo temen por la continuidad de las obras de un ascensor muchos años ansiado y otros tantos necesitado en un edificio de 4 plantas.

Rodrigo apunta en su carta que Ciencia también ha iniciado, con recursos propios, un análisis de la situación a corto y medio plazo para poder garantizar que todos los proyectos de investigación puedan continuar y el instituto siga manteniendo su alto nivel reconocido internacionalmente. Pero ese estudio, al parecer, también llegará tarde. Según explica la plantilla, esta semana concluye el proyecto Climate change and european aquatic resources, más conocido por el acrónimo de CERES, financiado al cien por cien por el programa Horizonte 2020 de la UE. Debido al impago de las facturas pendientes del proyecto durante los últimos meses, letras que vencen hoy, habrá «que devolver financiación a la UE». Y no poco: 30.000 euros, apuntan desde la institución. Eso sin contar lo que supone, según el personal del IEO, «una pérdida de prestigio y de credibilidad de la institución en el marco de colaboración entre instituciones a nivel internacional», apuntan.

El Gobierno aprovechará para abordar la reforma pendiente desde hace décadas Por eso, y porque el problema del IEO no se solventa tomando prestado 96.000 litros de gasoil de la flota del CSIC -pues tampoco están resueltos los expedientes para disponer de tripulación o víveres-, la solución debe ser más ágil. Mucho más.

Los expertos

El grupo de expertos al que se ha enviado al rescate del IEO echó ayer a andar. Está coordinado por Marina Albentosa, del Oceanográfico de Murcia, que ya ha pedido una excedencia como presidenta de la asociación profesional InvestOPI. Aunque es consciente de la premura que requiere la empresa que le han encomendado, prevé meses de trabajo por delante.

El secretario de Investigación admite que las medidas que necesita el IEO van más allá de desatascar expedientes y que va a ser preciso abordar soluciones de calado para atajar problemas algunos ya endémicos. Avanza así que se va «a aprovechar esta situación para realizar la transformación que el IEO necesita desde hace décadas».

 

El exdirector se disculpa ante el personal por «las expectativas no satisfechas» 

El ya exdirector del IEO, Eduardo Balguerías, se despidió también por carta del personal del instituto explicando que hacía tiempo que había solicitado su relevo al frente del IEO, que finalmente fue aceptada la semana pasada. Balguerías admitió que el epílogo a sus casi 10 años en el puesto, precedidos por dos como subdirector general de Investigación, no ha sido el que hubiera deseado, pero subraya que siempre se afanó por «dignificar la imagen institucional». Además de agradecer el esfuerzo y la profesionalidad de la plantilla, que incluso en los tiempos difíciles se volcaron en el trabajo con diaria ilusión, el exdirector del IEO es consciente de que habrá «cometido errores» y que es posible que «haya podido perjudicar a alguno», pero apostilla que «en ningún caso» ha actuado malintencionadamente.

Además, pide «disculpas por las expectativas no satisfechas» y «perdón sincero» a quienes haya podido ofender, y asegura que sigue creyendo «en la necesidad del IEO, en su viabilidad y en su futuro como organismo público de investigación al servicio de la sociedad». Finalmente celebra la iniciativa de hacer una reflexión profunda sobre la estructura y necesidades del IEO para poner remedio a unas «carencias comunes a todos los OPI y que están lastrando la competitividad y la eficacia de una parte esencial del sistema de ciencia español».

Fuentes del organismo, sin embargo, apelan a Ciencia para que adopte medidas más urgentes y decididas. Abogan por un plan de acción para salvar al IEO, que requiere «actuaciones coyunturales muy urgentes» y no solo intervenciones a medio-largo plazo para enfriar una situación molesta en los medios.

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