Granjas eólicas y pescadores buscan una fórmula para coexistir en paz

El sector insta a las energéticas a investigar su impacto sobre la biodiversidad marina


Bruselas / La Voz

Con el objetivo de reducir los gases de efecto invernadero en un 40% para el 2030 -en comparación con las cifras de 1990-, algunos países de la Unión Europea están apostando de forma decidida por la energía eólica marina. Sin embargo, los océanos son espacios vivos, zonas muy codiciadas por la riqueza de su biodiversidad y por los recursos que prestan a la actividad pesquera, de la que dependen unos 40.000 empleos gallegos. En el 2014 Bruselas adoptó una directiva para la planificación espacial marítima y costera, en la que se instaba a los Estados miembros a garantizar que las actividades humanas en el mar se realizarían de forma segura y sostenible. Pero ejemplos como el de WindPlus en el norte de Portugal evidencian que la problemática está lejos de ser resuelta.

Tras múltiples negociaciones ad hoc con las autoridades de Caminha y Castelo de Neiva, el consorcio energético anunció indemnizaciones de un millón de euros a 16 buques pesqueros afectados por la instalación de aerogeneradores flotantes. Hasta 28 armadores pidieron compensaciones por no poder salir a pescar a lo largo de la línea de 20 kilómetros de cable submarino.

La polémica está servida porque el atractivo que despierta la eólica offshore en el mercado choca de frente con los intereses de una industria tan necesitada como la pesquera. Las posturas por el momento están muy alejadas, como se evidenció esta semana en la Eurocámara. La institución acogió un interesante debate sobre la materia. La principal reivindicación del sector fue clara: hay que seguir investigando y limitar al máximo el impacto sobre los recursos.

Contaminación acústica

El científico francés Thierry Ruellet intervino para hacer especial hincapié en el impacto acústico que ocasionan las turbinas a las especies marinas, sugiriendo el uso de cortinas de burbujas como solución para reducir el ruido ambiente. Hasta ahora, al no haber una legislación clara encima de la mesa, es la industria la que decide si instalarlas o no. Desde la organización Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) explicaron que en Alemania se ha estudiado su uso con capas dobles o triples, para garantizar una atenuación del impacto acústico. Una técnica que aplicó Iberdrola en el parque germano de Wikinger para evitar la desorientación de los cetáceos.

Impacto en los sustratos

La científica holandesa, Luca van Duren, denunció el efecto en cadena que generan las granjas eólicas en el Mar del Norte. Según ha explicado, el viento puede alcanzar los 70 kilómetros por hora, lo que puede causar cambios en la rapidez y dirección de las olas. Este movimiento de las corrientes marinas está afectando a los sustratos y la biodiversidad de la zona donde están instaladas, con su consecuente impacto en los hábitos de las especies de interés comercial de la flota.

El jefe de unidad para la Dirección General MARE, centrada en la planificación espacial marítima, Felix Leinemann, defendió la importancia de que Europa lidere los esfuerzos para mitigar el cambio climático: «Tenemos un objetivo claro para el 2050 y para ello debemos de combinar actividades renovables diferentes, y entre ellas se encuentra la energía eólica», destacó antes de invitar al sector pesquero a participar en los grupos de trabajo para que su voz no quede silenciada.

Giles Dickson, el CEO de WindEurope, quiso subrayar el limitado impacto que tendrá la instalación de aerogeneradores marinos. Según deatalló, en el 60 % de la extensión marítima no se pueden instalar estas granjas eólicas por razones de conservación de las pesquerías, la biodiversidad y los asuntos militares.

«Impacto irreversible»

La ecologista de WFF, Anne-Cécile Dragon, instó a encontrar espacio para todos, priorizando la protección de la biodiversidad. El sector pesquero se mostró mucho más duro, denunciando que el movimiento de las turbinas cambia la estructura del ecosistema donde se construyen los aerogeneradores y, por consecuente, también el hábitat de los peces. Creen que esta práctica debería suspenderse hasta disponer de nuevos estudios porque «no se puede jugar con la naturaleza sin conocer las consecuencias», no solo por cuestiones de conservación medioambiental, también por los puestos de trabajo que están en juego.

Entre los participantes, alzó la voz Olivier Becquet, jefe de una pequeña pesquería francesa. Lo hizo para recordar que el mar «no es un espacio vacío donde podamos hacer lo que queramos». Insistió en que en cada zona marina hay unas especies determinadas, con unos ciclos de reproducción concretos y «si reducimos estos espacios, estamos cortando también las posibilidades de reproducción». Job Schot habló en nombre de los pescadores belgas y holandeses. Viene de una estirpe de pescadores, que han hecho del mar su vida y modo de subsistencia, por eso conoce bien las consecuencias de la construcción de estas turbinas: «Tiene un efecto irreversible a nivel de biodiversidad marina y de empleo para los pescadores», denunció antes de señalar que las cortinas de burbujas «no son una solución sin legislación detrás, porque generan ruido por sí mismas». Instó a la industria a esperar a nuevos estudios que certifiquen la sostenibilidad de estas granjas eólicas que están colonizando el mar.

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