Desconcierto en la plantilla de Isidro 1952 al trasladarles la dirección que ya no hay venta

El empresario que había pactado la compra, sin embargo, mantiene que la operación va avante


redacción

La plantilla de Isidro 1952 -evolución de la antigua mayorista de pescados Isidro de la Cal- no sale de su desconcierto después de que la dirección de la empresa, encabezada por el consejero delegado Pablo García-Gascó, convocase a los sindicatos para informar de que se había dado marcha atrás en la operación de venta de la empresa. «Es una situación totalmente atípica», explicó Arturo Julián Vázquez, secretario xeral de la Federación de Industria de CC. OO. en A Coruña, uno de los convocados al encuentro.

Según el representante sindical, los motivos alegados para anular la operación fue la «desconfianza en el proyecto de venta», toda vez que no se han materializado «las condiciones que se habían pactado en ese acuerdo». Un pacto del que, de acuerdo con Julián, la dirección no ofreció información: «Desconocemos el documento de compraventa y las condiciones del mismo».

Lo único que tienen claro los sindicatos es que el ERE se ha ampliado en 10 días y que el día 30 volverá a sentarse con la dirección de la empresa «a ver qué sucede».

Así las cosas, la plantilla solamente espera que el juzgado designe al administrador concursal, que analice la situación financiera y si hay posibilidades de que continúe la actividad.

En pie, según el comprador

A pesar del anuncio que la actual dirección hizo ayer a los trabajadores, el empresario que había pactado la compra de Isidro 1952, Carlos García Martín, aseguró ayer que no se va a volver atrás y que la operación sigue adelante. De hecho, afirma que está a la espera de que se produzca el cese del actual administrador para poder desembarcar en la empresa y poder llevar adelante su proyecto.

Fuentes de la plantilla explicaron que ha sido todo lo que ha trascendido de García Martín lo que ha provocado la pérdida de confianza por parte de los responsables de Isidro 1952, condenado por estafa en el 2002. Pero un delito por el que ya ha pagado no sería un inconveniente para los trabajadores, que solo esperan «un proyecto viable, venga de quien venga», que saque de la crisis a una empresa que, están convencidos, es rentable y solo precisa de una buena gestión. Y liquidez, por supuesto.

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