Bruselas, el caladero más infértil para la flota gallega


Si no es por el denodado esfuerzo de nuestros pescadores, el oficio ya se habría extinguido en Galicia. Estoy convencida. Además de haber sido los grandes paganos de la adhesión a la UE, por la que España hipotecó el futuro del sector, ahora se las ven y se las desean con ecologistas mesiánicos, científicos de salón y una maquinaria política donde la torpeza y la incomprensión reservan sustos periódicos a nuestra flota. Sus demandas acabaron permeando en Bruselas a golpe de protesta en estos años de regateo para esquivar las tijeras de una Comisión Europea insensible. Una falta de tacto sembrada en la ignorancia y el desdén de los altos cargos hacia una actividad que da empleo a 5,4 millones de europeos y representa entre el 3 y el 5 % del producto interior bruto (PIB) de la UE. Ese desprecio es sutil, pero existe. Solo hay que pasar la lupa al perfil del nuevo comisario de Pesca, Virginijus Sinkevicius. Sin desmerecer su potencial, el lituano no tiene experiencia en la materia. Ni siquiera tenía intención de añadir este oficio al nombre de su cartera. Como se suele decir, «le tocó bailar con la más fea». Bruselas también se negó a enmendar los grotescos errores metodológicos de los científicos. Hubo que prolongar la incertidumbre hasta final de año para acabar dando la vuelta a la tortilla al jurel del sur. ¿Cómo explicar que de un recorte del 50 % propuesto se acabe en una subida del 24 %? Ahora toca hacer malabarismos para no echar por la borda aquellos peces que se escapan de los cupos disponibles.

El Gran Hermano a bordo que quiere implantar la UE y que correrá a cargo de los armadores dará cuenta de ello. Cuanto más aire se pide a las autoridades europeas, más se estrangula al sector. Bruselas se ha convertido en el caladero más infértil para la flota gallega, que se consuela cada año pensando: «Podría haber sido peor». Cuando la gente del mar teme más al guante regulador de la Comisión que a una tormenta en el Gran Sol es que algo falla.

El nuevo Ejecutivo de Von der Leyen hace bien en ponerse la etiqueta verde, siempre que no sea un gesto de cara a la galería. Y ahí es difícil de comprender por qué se estigmatiza más la pesca que a otros sectores con más huella medioambiental.

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