Los atascos en Mauritania hacen dudar a la flota de si conviene renovar el pacto

Tras dos meses de calma, los cortes de la frontera han vuelto a dificultar la operativa


redacción / la voz

Dos meses y medio de calma en la frontera de Mauritania hicieron vivir a la flota gallega el espejismo de que ya se podía operar normalmente en el país. Una visión que se desvaneció hace dos semanas, cuando activistas volvieron a apostarse en la zona e impidieron la circulación de camiones. Quedó bloqueada en medio del desierto la carga de merluza y palometa de barcos gallegos que iba en dirección a Algeciras y los pertrechos que los camiones llevaban hacia Nuadibú para surtir a los barcos. Ese primer cierre duró casi una semana y, a partir de ahí, han sido intermitentes. El último comenzó anteayer.

Hay armadores que han tenido suerte y los camiones con su pescado han conseguido pasar sin problemas en esos períodos de desbloqueo. Otros, sin embargo, han tenido que malvender la mercancía, dado que en lugar de subastar capturas que, como máximo -las primeras de la marea- tienen 9 días, lo han tenido que hacer con 16, explica José Antonio González, presidente de la Orpal (Organización de Productores de Pesca de Palangre).

Es cierto que se ha habilitado una vía extraordinaria -la autorización para descargar en el puerto más cercano de un tercer país- para que el pescado pueda llegar a Algeciras cuando esté bloqueada la frontera y, de hecho, el viernes pasado iba a ponerla en práctica un palangrero de Ribeira, pero finalmente desembarcó la mercancía en Nuadibú al saber que se había abierto el paso. Pero la vía extraordinaria se ha revelado que «tampouco é tan áxil», dice González. Aparte de que primero tiene que quedar alguien atrapado en la frontera, es preciso «ir a porto, solicitar o permiso, recoller ao inspector, navegar ata Dajla, volver a Nuadibú a deixar ao funcionario e volver saír ao mar», detalla. Eso sin olvidar que los patrones y armadores no están acostumbrados a operar en ese puerto de Marruecos.

Un año de suplicio

Tanta incertidumbre ha minado el ánimo de los armadores, algunos de los cuales ponen incluso en duda la conveniencia de renovar el acuerdo con Mauritania. González es uno de ellos. Tras ocho meses de suplicio, ha decidido amarrar el barco en Ribeira, donde tiene su base, y ponerlo a la venta. Si bien fue teniendo «sorte» y se libró en varias ocasiones de los atascos, cayó en el más largo del año, ese que se prolongó durante 9 días. La carga acabó podrida, fue rechazada en el PIF (puesto de inspección fronteriza), perdió los ingresos por la venta y, por encima, tuvo que pagar la destrucción del pescado. «A broma saíu en 60.000 euros».

Según los cálculos de la Orpal, que se ha dirigido al Ministerio de Agricultura y Pesca para solicitar que se otorguen indemnizaciones con cargo al FEMP (Fondo Europeo Marítimo y de Pesca), la diferencia entre lo que ingresaría un pesquero por la comercialización de sus capturas con la frescura habitual y el valor que obtiene tras haberse retrasado unos días puede ser de 20.000 euros.

Impacto socioeconómico

Por eso se plantean si vale la pena mantener el que hoy por hoy es el acuerdo de pesca en vigor más importante para Galicia y de gran impacto socioeconómico para el país africano, pues, según informes elaborados sobre ese pacto pesquero, cada buque gasta anualmente en Mauritania cerca de un millón de euros. Y son once los barcos que allí operan.

Pero ni la vía extraordinaria acordada entre la UE y Mauritania con el beneplácito de Marruecos puede garantizar la seguridad y tranquilidad que requiere la actividad pesquera. «Es algo que se tiene que resolver en el plano político o diplomático», apunta la armadora María José de Pazo, que recuerda que son muchos los sectores y países afectados por el uso reivindicativo de la frontera y eso es lo que hay que solucionar. Porque ahora, por lo que parece, no son las disputas territoriales lo que hay detrás, sino el sector textil. Ese es el problema: «Calqueira reivindicación vai a utilizar a fronteira como arma», apunta González.

A las pérdidas directas se suman las subidas de los productos frescos

A las pérdidas directas que sufre la flota gallega que faena en Mauritania, todavía hay que sumar otras que se derivan de unos bloqueos intermitentes que han provocado escasez de provisiones en el país africano, pero también en otros más al sur de Marruecos, como Senegal, Nigeria o Burkina Faso, donde el desabastecimiento está provocando fuertes alteraciones en los mercados. «De un día para otro se dispara el precio de los productos frescos», señala María José de Pazo, armadora de varios buques que faenan en Mauritania. Lo ha notado ella, al revisar las facturas de aprovisionamiento de sus embarcaciones, y se lo ha escuchado a funcionarios de las embajadas presentes en el país.

La solución pasa por actuar en el plano político para que no se use la frontera como arma De Pazo consiguió que los camiones con su pescado pasasen antes del bloqueo, pero un nuevo cierre en la frontera (el miércoles) dejó tirado en el desierto tres vehículos que llevaban carnada y cajas para hacer la rotación, lo que supone que los barcos tendrán que permanecer en puerto a la espera de que llegue el material sin salir a trabajar. Esas carencias han roto incluso la tradicional solidaridad entre los armadores allí presentes. «Antes nos prestábamos cajas o material entre nosotros, que ya nos lo devolveríamos, ahora tratas de cubrirte las espaldas y no dejas nada por lo que pueda pasar; una pena», explica. Y, por si fuera poco, llegan las sospechas por la intoxicación de varios niños en distintos comedores escolares de Galicia por palometa. El colectivo reclama celeridad en la investigación para despejar dudas sobre un producto que ellos pescan en fresco en Mauritania, mandan en camión hacia la Península, como mercancía de un tercer país que es pasa por el PIF de Algeciras y, de ahí, se manda a la subasta, a Vigo.

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