Comodidad, salud y sostenibilidad marcan el devenir de la industria atunera

La conserva pide que se exija a todos los países sus estándares laborales y sociales


La Voz

Los expertos en márketing hicieron ayer en Vigo un regalo a los oídos de la industria atunera: su producto tiene todas las papeletas para responder a los últimos caprichos de ese tirano que es el mercado. Los que son sus máximas autoridades, los consumidores —«porque no hay un único consumidor», como de sobra sabe la patronal conservera, Anfaco, que ayer lo verbalizó por boca de su secretario general, Juan Manuel Vieites—, imponen ahora productos de conveniencia, de esos que les hacen la vida más fácil; saludables, que les ayuden a envejecer bien, y que sean sostenibles, que no impacten en la salud del entorno.

Porque lo que hace dos años era solo una tendencia, hoy «es una realidad», constató Vieites en la inauguración de la novena Conferencia Mundial del Atún, un foro bianual de debate, reflexión, análisis y aprendizaje que durante dos días reúne en la ciudad olívica a representantes de la cadena de la industria atunera de 41 países que rubrican el 90 % de la producción mundial de atún.

Por sus propiedades, la batalla de la salud el atún ya la tiene ganada. Por la parte de la conveniencia, también casi está hecho, dada su versatilidad, facilidad de almacenaje, larga caducidad..., como hizo ver Ángela López, directora de iniciativas estratégicas de Nielsen. Y lo estará aún más si se sigue jugando con la innovación y presentando variedades y formatos cada vez más rápidos de consumir y preparar y todavía más saludables, como expuso el profesor de márketing internacional de la Universidad Carlos III de Madrid Julio Cerviño, convencido como está de que «se puede crear valor en torno al atún».

La sostenibilidad es harina de otro costal. Un campo en el que la conserva tiene un gran aliado, como es el packaging (el envase), «un gran vehículo de comunicación donde se pueden lanzar mensajes», entre ellos los certificados de sostenibilidad, expuso Ángela López, pero también puntos flacos, como la confusión que muchas veces la proliferación de sellos genera en el consumidor (mejor en plural), un uso cada vez mayor de los objetos en la pesca del túnido y un lineal dominado por las marcas de distribuidor (MDD).

Exigencias comunes

Sellos aparte, la secretaria general de Pesca, Alicia Villauriz, rompió ayer una lanza en favor de la cadena atunera española, no en vano tanto la flota como la industria tiene los mejores estándares en todos los ámbitos de su actividad: «Condiciones sociales, control de la actividad pesquera, trazabilidad, buenas prácticas o condiciones sanitarias». Y ahí se llega a otras de las reivindicaciones generalizada entre los operadores del atún: un level playing field; es decir, unas reglas de juego comunes que permitan competir en igualdad de condiciones con todos los operadores mundiales.

Con todas esas inquietudes de fondo, el brexit, confesaron ayer es el menor de los problemas. «No tenemos ni idea de cómo afectará», admitió Neil Bohannon, director de Princes Limited, japonesa afincada en el Reino Unido con fábricas en Madagascar. Y lo mismo hizo Adolfo Valsecchi, presidente de la italiana Generale Conserve: «Si hay que pagar aranceles, habrá que superarlo». No obstante, Villauriz conminó a las empresas a «salir de la zona de confort» para mitigar las consecuencias que la salida del Reino Unido tendrá en el mercado y en otros ámbitos.

Una flota creciente para unas capturas que están estancadas

Los expertos en márketing que inauguraron la conferencia aseguran que los consumidores están dispuestos a pagar más por productos sostenibles, «pero nosotros no lo vemos», aseguró Borja Soroa, director gerente de Pevasa. Con ese nosotros se refiere a la flota atunera, que se ha embarcado en planes de mejora de la pesquería (FIP), en certificar sus capturas con el certificado de atún de pesca responsable (APR), sellos MSC, Friend of the Sea..., pero los lomos se siguen comprando en Asia: «Podrán ser necesarios o no, pero no tienen el mismo estándar», sobre todo cuando se está hablando de que hay «esclavos en algunas flotas», espetó Soroa haciendo que se revolviesen en su asiento los representantes de la industria conservera al alertar de que se corre el riesgo de caer en una «sostenibilidad de papel».

Y lo cierto es que desde hace dos años muy poco ha mejorado la situación. A su juicio sigue habiendo exceso de flota. Con las capturas estancadas en 5 millones de toneladas, la flota se ha incrementado un 4 %. Hay en el mar «13 nuevos grandes atuneros congeladores» y, según sus cálculos, «otros 12 están en proceso de entrega y firma de construcción». Se impone «regular la capacidad», destruir la flota «antigua y obsoleta», crear un censo cerrado de buques, embarcar observadores en todos los barcos, mejorar el asesoramiento científico y obligar a facilitar datos de capturas. Es más, Soroa apuesta por «no data, no fish»: «Si un país no cumple la obligación de informar, no debería poder pescar», sentenció.

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