La ciencia se pone al servicio de la pesca en este laboratorio flotante y ecológico

Subimos a bordo del buque Miguel Oliver, donde estudian cómo reducir los descartes y mejorar su supervivencia

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Un laboratorio flotante, ecológico y silencioso Subimos a bordo del Miguel Oliver, uno de los buques de investigación oceanográfica y pesquera del ministerio, que estos días participa en Galicia en una campaña para reducir los descartes

A Coruña / La Voz

Se botó en Vigo el 6 de julio del 2007, y al puerto olívico regresó esta semana para emprender una nueva campaña científica. El Miguel Oliver, el más grande los tres navíos del Ministerio de Pesca que se dedican a la investigación oceanográfica, recaló este martes en A Coruña. A bordo de este buque ecológico y silencioso viajan veintitrés tripulantes y una veintena de científicos que, hasta el próximo 10 de septiembre, se ocuparán de cómo reducir los descartes, mejorar la selectividad y aumentar su supervivencia en el caladero del Cantábrico Noroeste. La información que recaben será muy valiosa a la hora de cumplir la normativa que, desde el 1 de enero, obliga a desembarcar en puerto todas las capturas realizadas.

Uno de los campos de actuación de la campaña Descarsel (Descartes Selectivos) tiene que ver con el diseño de redes eficientes. ¿Malla cuadrada o romboidal? ¿Cuál es la mejor para permitir el escape de los peces? «Vamos experimentando con distintas formas, hasta encontrar la que más se ajusta al comportamiento de cada especie», explica Julio Valeiras, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO) de Vigo. El arrastre captura alrededor de 150 especies distintas, con merluza, bacaladilla, rape, gallo, jurel o caballa a la cabeza, pero en sus redes también caen peces planos de escaso interés económico, «y, sobre todo, juveniles, que son el gran problema de los descartes», apunta Valeiras, además de las que, aun teniendo gran valor comercial, no se puedan capturar «porque se ha agotado la cuota». 

¡Jurel a la fuga!

Imágenes submarinas permiten a estos científicos conocer mejor cómo se mueven la caballa y el jurel, que son «muy activas dentro de los copos, tienen un gran reflejo de escape, y una vez atrapados son capaces de atravesar la malla», o la merluza, un poco menos avispada a la hora de fugarse.

El año pasado, el trabajo del IEO permitió conseguir una exención para la flota española en lo tocante a la obligación de desembarque en el caso de la raya. Fue posible gracias a que demostraron que esta especie sobrevive a la captura accidental y posterior devolución al mar. En los tanques de la sala de operaciones del Miguel Oliver nadan varios ejemplares de rayas. «Las hemos recogido estos días en las Sisargas y las Cíes», explican varios miembros del equipo, mientras nos enseñan los códigos de barras que llevan implantados, y que permiten hacerles un seguimiento.

A su lado, una cinta transportadora, adonde caen, desde cubierta, y a través de una tolva, los peces capturados, que se pesan y miden manualmente. Al menos, hasta que no se ponga en marcha el llamado E-Observer, que permitirá hacer un muestreo automático. «Es como el sistema de reconocimiento de imagen que emplean en Hong Kong para reconocer a los que participan en las protestas, pero aquí, en vez de caras, son peces». Separados en bandejas, algunos ejemplares recién capturados, como una angula jardinera, varios gallos, un ochavo o algunos rapes pequeños. Así pueden saber lo que entra en las redes y en qué proporción. «Este caladero es muy particular -apunta Valeiras-. Hay una mezcla de especies. Encontramos planas, fusiformes, cilíndricas, pelágicas...». 

A 7 kilómetros de profundidad

En la sala de acústica, pantallas difícilmente interpretables para legos en la materia. Son planos cartográficos de los fondos marinos. La sonda del Miguel Oliver tiene un alcance de 7.500 metros. Un equipo de geólogos se encarga de transformar las imágenes en datos. «El sistema genera mapas de la orografía del fondo y de su calidad: si es arena, si es grava, y qué elementos van asociados a ese suelo, por ejemplo qué tipo de esponjas habitan en él», cuenta Crisanto Devesa, primer oficial y el más veterano del barco. Buscan y localizan ecosistemas vulnerables para poder protegerlos.

«España está a la vanguardia en sostenibilidad de los recursos pesqueros» 

El ministro de Pesca en funciones ejerció ayer de invitado de honor en un buque cuyo nombre le era familiar. Miguel Oliver fue un biólogo marino «que, azares del destino y probablemente de la edad -recordó Planas-, pude conocer». Estuvo al frente de la Secretaría General de Pesca entre 1982 y 1986, «un momento clave de la historia reciente de nuestro país, cuando culminamos nuestras negociaciones de adhesión a la Comunidad Europea», reconoció el ministro.

Planas se deshizo en elogios hacia el equipo y la equipación. El barco está dotado de la última tecnología en materia de investigación oceanográfica y pesquera. «Se trata de un auténtico laboratorio flotante provisto de sistemas de navegación y posicionamiento, que proporciona una información de primera calidad para evaluar el estado de las pesquerías y cumplir con los objetivos de la política pesquera común», aseguró.

La campaña Descarsel, que se extiende desde la línea de costa hasta unos 500 metros de profundidad, pone especial atención a pesquerías de gran valor como el jurel, la caballa, la bacaladilla y el ochavo, la merluza, el rape o el gallo, pero también a la supervivencia de especies invertebradas demersales como rayas, peces planos y hasta cigalas. «Todos los datos que aquí se recaban -añadió Planas- permitirán a España llevar mejores argumentos a las negociaciones de Bruselas, por ejemplo en lo relacionado con exenciones a las obligaciones de desembarque o sobre el establecimiento de tamaños mínimos de referencia», para terminar asegurando que «solo con sostenibilidad habrá recursos pesqueros. Y en eso estamos a la vanguardia internacional».

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