«Es una vergüenza equiparar el marrajo con el lince o el rinoceronte blanco»

La flota palangrera de superficie se muestra indignada con la inclusión de esta especie en el CITES, una decisión que «supondrá más burocracia y un incremento de costes»


Redacción

Le llaman el guepardo de los océanos. Es el tiburón más veloz. El marrajo puede alcanzar velocidades de hasta 80 millas por hora, el equivalente a 128 kilómetros por hora. Hasta el Ejército de EE.UU. ha financiado una investigación sobre su piel para conseguir aviones y helicópteros más rápidos.

Valorados por su carne y sus aletas, pero también como atracción en el submarinismo deportivo, España, con la flota gallega como parte destacada, se encuentra a la cabeza de capturas de marrajo dientuso (Isurus oxyrinchus). Los palangreros de superficie, 160 en el caso de Galicia ?los que van también a por pez espada y quenlla (también llamada tintorera, otra especie de tiburón)?, desembarcan unas tres mil toneladas al año, por valor de unos diez millones de euros.

Otro mazazo para el sector

«Es una vergüenza que la UE haya aprobado esto», asegura Javier Garat, secretario general de la Confederación Española de Pesca (Cepesca). Y es que este miércoles se aprobó en Ginebra la inclusión de esta especie en el Apéndice II de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), en el que figuran aquellas que, sin estar necesariamente amenazadas de extinción, pueden llegar a estarlo sin un control estricto de su comercio. ¿Qué significa esto? Pues que se requerirá de un permiso de exportación o un certificado de reexportación a la hora de poner el marraxo en el mercado. En definitiva, «supondrá hacer frente a más burocracia, una ralentización de las operaciones y un incremento de los costes», denuncian.

No fue una sorpresa, porque ya se lo esperaban, pero sí una decepción. La patronal española entiende que la decisión no está respaldada por verdaderas evidencias científicas y que la especie no cumple los criterios para ser incluida en esa lista. Y es que, según un informe del panel de asesores de la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y de la propia secretaría de CITES, «ni el marrajo se encuentra en peligro de desaparecer ni su población por debajo del umbral del 30 % necesario para su inclusión en el Apéndice II».

Cepesca va más allá y hablande que se está sentando un «precedente peligroso», porque tiene claro que volverá a pasar con otras especies: «Organismos que no tienen como función principal regular la gestión de las pesquerías presionarán de nuevo. Está bien que decidan sobre elefantes pero no sobre especies marinas comerciales», una opinión que comparte la Organización de Productores Pesqueros de Lugo (OPP-07): «É absurdo que equiparen o marraxo a un rinoceronte branco ou a un lince, que non se comen», dice su gerente Sergio López, muy crítico con las autoridades europeas: «Á UE témblalle a man diante das asociacións ecoloxistas».

El sector pesquero percibe que se está dando una imagen equivocada alrededor de la pesca del tiburón: «Hai cincocentas especies, e comerciais propiamenta ditas só cinco ou seis, ás que non lles pasa nada e non teñen ningún problema», argumenta López.

Sin embargo, y a pesar de que ellos defienden la buena salud del stock, ya en el 2017 la ICCAT (Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico) les obligó a reducir las capturas hasta las 1.120 toneladas. «Os informes dos que partiron para tales recomendacións non tiñan en conta os datos do noso país, que é, curiosamente, o que máis estudios e días de observación ten feito ao respecto», se queja el gerente de la OPP-07.

La flota española es pesimista sobre la efectividad de la medida adoptada, porque otros, los de siempre, seguirán campando a sus anchas: «Los que hacen pesca ilegal, los que no declaran, los que practican finning (que consiste en cortar la aleta y devolver el tiburón mutilado al mar), seguirán haciéndolo», lamenta Garat, que exige el mismo nivel de cumplimiento a los barcosasiáticos y americanos.

Jirafas, buitres y rayas también gozarán de una mayor protección

Un total de 18 especies de tiburones y rayas están incluidas en la lista de especies marinas protegidas tras el acuerdo que se alcanzó ayer, pese a la oposición de países como China, Islandia, Japón, Malasia, Nueva Zelanda y el rechazo parcial de Estados Unidos. Entre las especies beneficiadas están dos tipos de tiburón mako, seis de pez guitarra y diez de pez cuña.

Pero durante la XVIII Conferencia de las Partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) que se celebra en Ginebra han salido a colación otras especies. Desde ahora, los países exportadores de jirafa (ya sean animales vivos, trofeos de caza o partes de especímenes) tendrán que acreditar en cada exportación que esta no supondrá un efecto perjudicial para la supervivencia de la especie o la extensión de su área de distribución. Era la única de las especies de mamíferos icónicas de África que no estaba incluida en la CITES. En la actualidad, se estima que la población de jirafas adultas en estado salvaje no llega a los 70.000 ejemplares, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

El caso del alimoche

Otra serie de medidas aprobadas en la reunión trienal de la CITES guarda relación con las seis especies de buitres africanos. Todas se incluyen ya en el Apéndice II. Una de ellas, el alimoche, es migratoria y se reproduce también en Europa y en particular, en España. Últimamente se están dando casos de envenenamientos masivos de buitres en África, provocados por cazadores furtivos de elefantes y rinocerontes que eliminan a los buitres para que no delaten la presencia de los cadáveres abatidos de manera ilegal.

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