El 3x1 más ruinoso: pagaron por una licencia de tres meses y pescarán uno

Barcos gallegos que faenan en aguas marroquíes hablan de «veda encubierta»


Redacción / La Voz

Acababan de llegar a Marruecos con la intención de dejar atrás la pesadilla vivida en la frontera de Mauritania (con bloqueos constantes que ponían en peligro la frescura de la mercancía y el aprovisionamiento de los barcos). El panorama se antojaba menos complicado pero no exento de problemas. El primero en destapar el entuerto fue el Fuente de Macenlle. Luego se sumaron como víctimas los otros tres arrastreros gallegos desplegados en aguas marroquíes, el Carmen y Pilar, el Catrúa y el Isla de Santa.

Nada más recibir la licencia, comprobaron que tenía truco. Pagaron para pescar en julio (los escasos días que restaban de ese mes, desde el 22 en adelante), agosto y septiembre. Pero de facto solo podrán capturar merluza negra hasta el 31 de agosto. ¿Por qué? Pues porque a partir de ese día y hasta octubre -cuando empieza la parada biológica que se extenderá hasta final de año- los marroquíes han delimitado la zona del caladero donde pueden realizar sus capturas.  

La zona acotada no es precisamente rica en la especie de la que viven. «Te sacan cuatro grados, a sesenta millas cada uno, son 240 millas que te quitan, más de la mitad del caladero, que es lo que realmente nos interesa, porque en el resto no hay pescadilla para mantener un barco como éste», explica desde su Marín natal donde pasa unos días de vacaciones el patrón del Fuente de Macenlle, Julio Rioboo. Extremo que corrobora desde tierras africanas Ángel Piñeiro Cortegoso, también patrón y compañero de Julio: «Ir pescar onde nos din é perder o tempo, gastar gasoil. Saben que non hai peixe e hai informes científicos que proban que nesa zona non hai merluza». Y la que están cogiendo tampoco está dando muchas alegrías. «Hai moi pouquiño peixe, ruín e cativo. Malamente dá para comer», se queja.

Tirar el dinero por la borda

En definitiva, que han pagado por nada. En el caso del país marroquí, un canon fijo (independientemente de las toneladas capturadas) que abona el armador. «En cada sitio el sistema de pago de licencia es distinto. En caladeros como Mauritania pagas noventa euros por tonelada de pescado capturado», añade.

Desde la Organización de Produtores de Pesca de Palangre (Orpal) han tomado nota y han movido ficha, de momento, sin resultado. «Demos parte desta fraude ao Ministerio de Pesca, para que á súa vez llo traslade ás autoridades comunitarias europeas, e máis ao agregado de Pesca en Marrocos», apunta la armadora María José de Pazo, de nuevo envuelta en otro frente y en un mes donde la actividad en los despachos es casi nula. Rioboo hace un símil futbolístico. «Marruecos nos ha metido un gol. Las autoridades están firmando convenios que no duran ni medio año. En África se están riendo de nosotros. Sin ir más lejos, en Senegal acaban de respaldar un acuerdo que contempla 1.700 toneladas. Eso prácticamente lo consume un barco en cinco meses», protesta airado.

A partir del 31 de agosto, y por paradójico que parezca, tendrán que regresar a Mauritania. «Es lo que nos queda. Esto no es como el congelado, que a lo mejor sí puede parar una temporada. Imagínate si dejamos de servir pescado fresco, de abastecer el mercado. De nosotros depende mucha gente».

A pesar del annus horribilis por el que están pasando, los marineros señalan otro caballo de batalla: el precio del pescado. «Se paga lo mismo que hace veinte años -comenta Rioboo-. Se abona más en cualquier punto de África que en España. Ése es el gran problema de la flota. Hay días que no sacamos ni medio euro por la pescadilla grande».

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