¿Llegará a Galicia la velutina del mar?

Como la avispa, vino de Asia para quedarse. El alga «rugulopterix okamurae» causa estragos en el sur de la Península. No hay otra cosa en las redes de los pescadores

alga tarifa

REDACCIÓN / LA VOZ

Tarifa no es lo que era. Ni Conil. O Barbate. Y si no, pregúntenle a los turistas que estos días pisan su arena -como buenamente pueden- o a los surfistas que remontan sus olas. Y ya no digamos a los pescadores. Lejos de suponer una sesión gratuita de talasoterapia, la presencia de rugulopterix okamurae constituye una verdadera amenaza. Nativa de China, Corea y Japón, ha conquistado ya las aguas del sur de la Península y, a tenor de su expansión, se ha adaptado rápido. «Se trata de una especie de alga muy agresiva, de crecimiento muy veloz. Sus estrategias de reproducción permiten un reclutamiento continuo de nuevos efectivos, de tal modo que produce una homogeneización del ambiente. Es decir, que donde antes de su llegada, en un área de 50 por 50 centímetros, había veinte o veinticinco especies de macroalgas, ahora nos encontramos solamente con una o dos», explica María Altamirano, profesora titular del departamento de Botánica y Fisiología Animal de la Universidad de Málaga y presidenta de la Asociación Española de Ficología (la disciplina que estudia las algas), consciente del año que podría causar: «Hay precedentes peligrosos. Aquí ya han desaparecido importantes bosques marinos de cystoseira y laminariales, como también ha ocurrido en Galicia», recuerda.

El aterrizaje de la rugulopterix okamurae ha supuesto una revolución en todos los sentidos, más allá de sus consecuencias medioambientales. Las artes de pesca solo sacan alga. Nada más. Las redes, inutilizadas. Los pescadores, desesperados. Y el uso recreativo de uno de los grandes potenciales de la comunidad andaluza se ha visto claramente afectado. «Y eso que solo se ve lo que sale a la arena. Ni te imaginas lo que hay dentro del mar. Y la fuerza y el peso que tienen estas algas. Hasta puede ser peligroso bucear», advierte Altamirano, aficionada a esta práctica.

El Gobierno central ha iniciado por la vía de urgencia los trámites para incluirla en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras con el objetivo de que sea efectiva «a final de año como muy tarde», una medida imprescindible para poder activar medidas correctoras y compensatorias.

¿De dónde ha venido este enemigo en forma de vegetal exótico? Pues, como la temida velutina, del continente asiático. Y también, por mar, metida en las aguas de lastre de los grandes mercantes -las que mantienen la flotabilidad de los barcos-, desde aguas del Pacífico. «Cuando sueltan la carga en puerto también sueltan esas aguas de lastre. Estudios de nuestro grupo de investigación han demostrado que esta especie es capaz de aguantar hasta tres semanas en condiciones de oscuridad», apunta esta profesora. Luego, una vez liberadas, crecen como la espuma, gracias a vectores locales: «Pescadores que limpian sus redes en medio del mar, buceadores con restos en sus equipos...».

 Primera alarma, en el 2016

La primera vez que Altamirano tuvo constancia de su presencia en nuestro país fue a finales del 2016. «Se pusieron en contacto conmigo desde la Agencia de Medio Ambiente de Ceuta, para que les identificara un alga que estaba produciendo arribazones masivas en esa zona». Es decir, acumulaciones de hojas arrastradas por el oleaje hasta la orilla. «Tiene el problema de que morfológicamente es muy parecida a especies autóctonas de la misma familia. Se trata de una invasión críptica. Por ese parecido, se introduce de manera desapercibida y la alarma salta solo cuando empieza a comportarse de manera distinta a un alga de aquí, o sea, cuando los arribazones miden más de un metro de altura».

De Ceuta saltó pronto al Estrecho y de ahí a varios puntos de la comunidad andaluza. Pero, ¿podría llegar a latitudes más septentrionales? ¿Sería descabellado pensar que pudiese alcanzar el litoral gallego? «Nosotros tenemos el caso en el Estrecho de la caulerpa racemosa, que en cuestión de veinte años ha viajado desde el canal de Suez». Para esta experta, la clave se encuentra en la prevención. «Las Administraciones tienen que ponerse las pilas. Aún quedan sitios de Andalucía a los que no ha llegado. Ahora bien, como lo haga, será para quedarse. Y donde se asienta ya no se puede hacer nada más para combatirla que una buena gestión de retirada sin interferir en la dinámica de las costas». Altamirano propone crear redes de alerta temprana, que incluyan sitios de interés ecológico, económico o social, y establecer una estricta vigilancia, «montar centinelas para que tan pronto se detecte se puedan realizar actuaciones de erradicación». En cualquier caso, las barreras físicas no son ninguna alternativa. «Esto no es como una mancha de fuel. Es imparable». Prevención e información. «No sabemos cuáles son los límites fisiológicos de esta especie, o si podría establecerse en Galicia, con un rango térmico estacional diferente».

Altamirano se refiere al fenómeno de la globalización y sus efectos sobre los ecosistemas, que sufren «invasiones recurrentes, de modo que se debilitan y se vuelven más sensibles y propensos a nuevas invasiones». Y echa la vista atrás para hacer recuento. «En el Estrecho vamos ya por la cuarta alga invasora. En 1965 se tuvo noticia de la primera, la asparagopsis armata, que también está en Galicia. A principios de los 2000 vino su hermana, la asparagopsis taxiformis, y hace siete años se sumó la caulerpa racemosa. ¿Cuánto va a durar la rugulopterix? No lo sé, pero probablemente la siguiente esté ya aquí, ya haya llegado, y ni nos hemos dado cuenta».

Agresiva y de rápido crecimiento, es nativa de China, Japón y Corea. Lo invade todo

Llegó en las aguas de lastre de los mercantes que cruzan el océano Pacífico

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