Del bloqueo en la frontera mauritana al colapso en los puertos de Marruecos

La falta de puntos de atraque y problemas con la documentación, nuevos obstáculos para la flota gallega

Enjambre de mástiles en un colapsado puerto de Dajla
Enjambre de mástiles en un colapsado puerto de Dajla

Redacción / La Voz

Esperpéntica, asombrosa, interminable... Faltan adjetivos para definir la situación que padece la flota gallega que trabaja en el continente africano. Hace unos días, los barcos empezaban a abandonar Mauritania rumbo a Marruecos. Un movimiento forzado, que no deseado. El objetivo: esquivar los cierres en la frontera, unos cortes que llevan poniendo en peligro su mercancía desde el pasado mes de enero, impidiendo la descarga en tierra de pescado fresco y el aprovisionamiento de los buques, y que, tal y como confirma la armadora María José de Pazo, «continúan de maneira intermitente». De hecho, hay tres parados y amarrados al muelle sin actividad, que no se pueden mover a la vecina Marruecos «porque non teñen licenza».

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La interminable cola de camiones parados en la frontera de Mauritania Bloqueos y cierres siguen a la orden del día, para desgracia de la flota gallega, que no puede descargar pescado ni cargar aparejos

Para los que sí se han podido desplazar, la llegada al puerto de Dajla ha deparado sorpresas, y no precisamente gratas. El patrón del Fuente de Macenlle, Julio Rioboo, jamás había visto cosa igual en treinta años de carrera en el mar. Lleva cuatro horas de brazos cruzados porque, literalmente, y según les transmite el consignatario, no hay atraques disponibles. «Polo visto, a frota conxeladora, que antes descargaba en Agadir, vén tamén aquí, porque así aforra tres días de viaxe, e non hai sitio», se lamenta, con la diferencia de que él lleva pescado fresco, cuarenta toneladas de merluza de la primera marea realizada en el país marroquí y para la que el tiempo es oro. «No noso caso, doce horas perdidas á semana son demasiado».

Mientras explica las penurias que soportan, recibe la noticia de que les han encontrado una alternativa que consiste en atracar en otro muelle, más pequeño, junto a las embarcaciones que se dedican a la sardina, previa retirada de unos remolcadores. «Un auténtico perigo, pero tal e como está a cousa...», advierte con resignación. «O peor xa non son as horas perdidas, senón que non hai previsión para os atraques, son sine díe, e hai que pagalos igual», añade a cientos de kilómetros de distancia e igualmente desesperada la armadora María José de Pazo. 

Dos tazas de caldo

Con las capturas están satisfechos. «É normal que haxa máis pescada aquí que en Mauritania porque esta zona leva moito tempo sen traballar» - el pasado 22 de julio entró en vigor el acuerdo de pesca que permite a la flota española volver a faenar en estas aguas-. Sin embargo, la desesperanza ante las circunstancias que rodean su oficio le han llevado al punto de querer dejarlo todo: «Se puidera, marchaba para a casa». Otros ya han desistido. Tres buques amarraron hace tiempo y uno de los palangreros que aguanta en Mauritania hasta agotar pertrechos colgará acto seguido el cartel de «se vende».

Por si fuera poco, en las últimas horas se han encontrado con un nuevo problema. Tras poder descargar finalmente cuatro barcos -el mencionado Fuente de Macenlle, el Carmen e Pilar, el Isla de Santa y el Catrua-, «agora resulta que as autoridades aduaneiras marroquís non selan os documentos oficiais europeos, así que temos que agardar a que os responsables europeos chamen para solucionalo», se queja de Pazo quien, preguntada por los motivos, asegura que en Dajla aducen que «non teñen instrucións».

Mientras no se dé luz verde, los camiones, ya cargados, no pueden partir hacia Algeciras, su próximo destino.

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E. Abuín

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Después de ocho días retenidos -se cumplían ayer- en la frontera de salida de Mauritania, donde varios grupos de personas con reivindicaciones indefinidas impiden el paso a decenas de camiones, toneladas de merluza negra y palometa en su día fresca están ya podridas en el interior de los remolques. «Esa carga hay que destruirla», señala la armadora María José de Pazo, que señala que tras el tiempo transcurrido ya no sirve ni para harina.

Eso, en dirección a España, dado que las capturas no han podido llegar a las lonjas de Cádiz y Vigo, donde se comercializan la merluza negra y la palometa, respectivamente. Pero en sentido Nuakchot también hay problemas. Son ya varios los barcos que están fondeados en el puerto de Nuadibú a la espera de que puedan llegar los camiones con cajas vacías para poder enviar el pescado a sus mercados.

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