Amenazan con desviar la descarga de atún de Barbanza si apilan contenedores

Algún consignatario de la zona ha hecho ya pruebas en Marín y en Vilagarcía


Redacción / La Voz

Cuando Portos de Galicia supo del interés de una empresa frigorífica por operar con contenedores en los puertos de A Pobra y Ribeira, líderes europeos en descarga de túnidos, el ente dependiente de la Consellería do Mar vio con buenos ojos lo que consideró una forma de incrementar ingresos, diversificar actividades y, de paso, introducir a la red autonómica de puertos en un campo desconocido, limitado hasta ahora en Galicia a las cinco terminales de interés general del Estado. Pero no calibró bien las consecuencias de otorgar la concesión administrativa a una compañía sin tener en cuenta al resto de los usuarios de los puertos.

No contaba con que los demás operadores, las consignatarias que llevan años descargando túnidos en A Pobra y Ribeira por los métodos convencionales -con estibadores y grúas de las bodegas del mercante al camión-, se levantasen al ver amenazada su actividad. Y es que, después de tiempo solicitando la ampliación del muelle comercial, la respuesta de Portos ha sido la contraria: obligarlos a compartir el espacio ya limitado que tienen con contenedores que se apilarán en el muelle donde descargan y que, están convencidos, entorpecerán la actividad de descarga de túnidos tradicional. Tan seguros están del trastorno, que alguna empresa consignataria ya ha optado por desviar tráficos y descargar los túnidos en otros puertos. Ha probado en Marín y en Vilagarcía.

Todo en previsión, porque no han prosperado las alegaciones presentadas ante Portos para impedir que se permita depositar los contenedores en el muelle y solicitando que se les busque una ubicación alternativa. Un emplazamiento que, en el caso de A Pobra, ellos mismos sugieren en sus escritos: a escasos 50 metros de la báscula a la que obligatoriamente tendrán que dirigirse los contenedores. 

Cálculos erróneos

Según aseguran los consignatarios que operan en el muelle pobrense, los planos del proyecto de la adjudicataria no se ajustan a la realidad y, además, no se ha hecho «una simulación exacta de la ocupación de terreno», como tampoco se han calibrado las consecuencias que «tendrá tanto sobre la actividad portuaria diaria como su incidencia en la seguridad». Dicen eso porque así lo ha constatado la perito contratada por una de las operadoras, que concluye que, aparte de no coincidir la superficie de la concesión con los gráficos del proyecto básico, este tampoco tiene en cuenta «el espacio necesario para la maniobra de carga y descarga de los contenedores», el que requerirían los camiones frigoríficos para cargar los atunes que llegan en barco, ni la distancia de seguridad exigida. Total, que el espacio de maniobrabilidad se vería drásticamente reducido.

Y aún habría que añadir la cuestión estética: el impacto visual de observar una pila de contenedores de más de 11 metros de altura entorpeciendo el panorama.

Pero Portos ha desestimado las alegaciones. Asegura que hay sitio de sobra para maniobrar y que quizá lo que deberían hacer los consignatarios es ordenar el espacio y programar actividades para que no coincidan, como realizar el movimiento de pertrechos y la descarga en distintas franjas horarias. Todo un alarde de «desconocimiento de como funciona un puerto», dice Carlos Leal, uno de los consignatarios.

Pero Portos sigue adelante. Discrepa con que vaya a haber interferencias, explica que solo se ha eliminado una explanada para aparcar vehículos y concluye que se trata de una actividad «moi beneficiosa para o mantemento da calidade dos produtos pesqueiros refrixerados», que «non prexudica outras actividades» y que «non ocasiona danos a terceiros».

¿Y el impacto visual? Nada que no sea asumible y que, además, cumple la normativa vigente.

En riesgo el liderazgo de A Pobra y Ribeira como receptores de materia prima para las conserveras   

La inquietud ante la llegada de los contenedores a los puertos barbanzanos trasciende a las consignatarias. Empresas conserveras y operarios de la estiba de atún tampoco esconden su preocupación. Unas ya han trasladado sus cuitas a la Consellería de Mar y otros se han reunido con autoridades municipales. Estos últimos ven amenazados sus puestos de trabajo si se ejecuta la amenaza de desviar tráficos al sur de la ría o incluso a la vecina más al sur. Y que alguna empresa ya haya hecho pruebas en otros puertos aviva ese temor.

Las operadoras hacen ver que está en riesgo el liderazgo de la comarca barbanzana en la descarga de túnidos. Eso, aparte de que sería mayor lo que se dejaría de ingresar en concepto de tasas por el amarre de los barcos. Y todo cuando, al menos en el caso de A Pobra, que la situación es fácilmente solventable, consideran. «Quizá en Ribeira tenga más difícil solución, pero en el puerto pobrense llega con cambiar la ubicación de la concesión otorgada», señala Carlos Marqués, abogado de las empresas consignatarias, al que han encomendado presentar recurso de reposición como última vía para encontrar solución negociada.

La parcela que sugieren es un que está «en desuso ubicada entre las naves de consignatarios y la cual tiene acceso directo tanto al puerto como a las carreteras de acceso al mismo y al polígono industrial de A Tomada». Y lo mejor, insisten en que está a 50 metros de la báscula, con lo que el contenedor se descargaría al camión, se llevaría al pesaje y en lugar de regresar al muelle, se almacenaría y apilaría en el emplazamiento que sugieren.

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