La sardina sigue en niveles de biomasa preocupante, según el IEO de Vigo

El grupo de trabajo posterga 5 meses su reunión para afinar su consejo sobre el cupo


Redacción / La Voz

Sí la sardina está mejor ahora que en el 2017. Y que en el 2016, también. Pero su estado nada tiene que ver con el que presentaba en el 2000, capaz de soportar una pesquería al uso. Isabel Riveiro, investigadora del IEO de Vigo que participó en las campañas de evaluación de la especie, percibe, al igual que el sector, esa mejoría... aparente. Porque lo cierto es que el stock sigue en niveles bajos de biomasa. Bajos hasta el punto de que son «preocupantes». Y lo peor de todo, es que falla el reclutamiento. «Es el más bajo de la serie histórica», apunta Riveiro. Así, aunque hay «síntomas esperanzadores», la sardina no está para que le den el alta.

Es más, la recomendación de los científicos sigue siendo la de cerrar la pesquería. Nada menos que por 15 años. Esa fue la recomendación del Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) en junio del 2018 y es, de momento, el único vigente. El último apunte que hizo sobre la sardina, ese que levantó ampollas entre el sector porque recomendaba un máximo de capturas de 7.000 toneladas -cuando están autorizadas 10.799-, respondía a la petición de España y Portugal al organismo con sede en Dinamarca para que evaluase su plan.

La biomasa está por debajo del límite y el reclutamiento es demasiado bajo Tras analizarlo, el ICES recomienda que los niveles de captura se adapten a la productividad de la especie, que considera baja; y revisa también hacia abajo el cupo autorizado, pues con esas capturas no es un plan precautorio. Es decir, que cree que el tope debería ser casi un tercio menor.

Riveiro entiende el malestar del sector, pero explica que lo que se obtiene en las campañas es información indicativa de la situación general de la especie, mientras que los pescadores «tienen una visión parcial del área en la que pescan y en muchas ocasiones, especialmente cuando el recurso es escaso, tiende a concentrase y su percepción es que no hay disminución, e incluso hay un aumento y por eso no indicativa de la situación global del stock».

Consejo con datos actualizados

La campaña de los portugueses concluyó la semana pasada, por lo que todavía no hay información nueva para poder conocer la consistencia de la recuperación de la especie. Al menos este año, el grupo de trabajo en el seno del ICES para evaluar la sardina decidió posponer a noviembre la reunión de análisis que habitualmente se celebra en junio. De esta forma se podrá incorporar información más reciente al consejo que ese mes darán los científicos que asesoran a la Comisión a la hora de fijar TAC (totales admisibles de capturas) y cuotas. Así, «si se observa mucho reclutamiento, esos datos ya podrán formar parte de la recomendación para el 2020», dice Riveiro. De hecho, la de elaborar consejos con datos desactualizados es una de las críticas que hace el sector.

«Ojalá ocurra lo mismo que con la anchoa» -que de cerrar la pesquería pasó a estar en límites de biomasa históricos-, invoca la investigadora del IEO de Vigo. No obstante, no llamaría a echar las campanas al vuelo. Aunque la incorporación de ejemplares a la pesquería aumentó el año pasado, no es suficiente para realizar una explotación como la que hubo hace años y la biomasa está por debajo del límite para garantizar su sostenibilidad.

Portugal empieza a capturar la especie tras ocho meses de prohibición

Desde septiembre pasado que los barcos portugueses no ven una sardina. En la cubierta, claro. Porque en el agua sí la han visto, como los gallegos, y en abundancia. Pero no fue hasta el lunes pasado que el Gobierno luso autorizó su captura, que en principio estaba prevista para mediados de mayo. Y ahí certificaron la impresión que tenían antes de poder capturarla: «Temos cada vez mais sardiña no mar», comentaba al Diàrio de Noticias Antonio Lé, armador de Figueira da Foz que el lunes comenzó la campaña. Solo el precio empañó un poco el optimismo. Los medios lusos recogen que se pagó a 2 euros.

Aunque dispone de dos tercios de la cuota -66,5 % frente al 33,5 % de España-, también se ven obligados a hacer un ejercicio de dosificación importante para administrar las 7.181 toneladas que les corresponden de las 10.799 que se reparten ambos países. Los portugueses disponen de 5.000 toneladas hasta finales de julio y dejan para agosto en adelante las 2.181 toneladas restantes.

Mientras los gallegos se han impuesto un tope de 6.000 kilos por barco a la semana -en mayo el máximo estaba en 1.000-, Portugal establece un límite diario de 1.063 toneladas para los barcos de menos de 9 metros; 2.125 para las de menos de 16 y 3.188 para los de más de esa eslora.

Además, para proteger los juveniles, limita la pesca en zonas de menos de 20 metros de profundidad. Y los cerqueros deben estar preparados para responder de inmediato en el caso de que el Gobierno decrete una veda en tiempo real. Ocurrirá siempre que el tamaño de más del 30 % de los ejemplares capturados esté por debajo de los 13 centímetros.

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