Atrapados en Mauritania: «O peixe fresco estase tirando para fariña»

Marineros gallegos pasan las horas muertas esperando en el puerto de Nuadibú la llegada de los camiones


REDACCIÓN / LA VOZ

Julio Riobo lleva treinta años en el mar, y la mitad de su vida laboral embarcado en el Fuente de Macenlle, un arrastrero de Marín que faena en aguas mauritanas y que estos días se encuentra atracado en el puerto de la capital, Nuadibú. Junto a él navegan otros cuatro gallegos, nueve mauritanos y cuatro senegaleses. Jamás había sido testigo de una situación tan desesperante. «En vinte anos que levamos descargando neste país vimos nada igual. Hoxe estamos outra vez parados. A fronteira está pechada e os nosos camións non poden pasar. Todo o que ven de España está paralizado».

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Decenas de camiones esperan para entrar a Mauritania a dar servicio a los pescadores atrapados Marineros gallegos pasan las horas muertas esperando en el puerto de Nuadibú la llegada de los camiones

Los constantes bloqueos entre Marruecos y Mauritania traen de cabeza a una y otra parte. A los marineros que quieren enviar desde allí sus capturas, y a los armadores que deben proveerles desde Galicia del material necesario para poder salir a pescar: «Sen envases non podemos saír faenar». De momento, van tirando. «No noso caso aínda estamos tendo sorte porque dispoñemos dalgúns envases para sete días e sairemos ao mar. Pero porque nos coincidiu atopar dous camións baleiros e tiñamos pertrechos da marea anterior», confiesa. «Mañá entrarán tres barcos máis e xa non poderán nin saír nin descargar». Pasarán horas muertas hasta que llegue el ansiado camión procedente de Vigo. «Imaxínate estar traballando e non saber se o froito do teu traballo chegará a destino». Alguno ya se ha quedado en el camino. «Esperemos que o peixe que agora estamos cargando non bote moito tempo aí». Los camiones frigoríficos -cada uno transporta alrededor de 25.000 kilos de merluza y palometa- deberían estar en Cádiz, su primera parada, «en teoría, nun prazo de 48 horas». Sin embargo, se ha convertido en habitual que pisen el mercado final doce días después.

En Semana Santa, varios cargamentos llegaron fuera de fecha, con lo que fue imposible la comercialización de la mercancía en fresco. «Está habendo moitas perdas económicas. O peixe chega moi mermado», advierte.

José Ángel Piñeiro es compañero de faena de Julio. Pasa unos días de vacaciones en Galicia pero en cuestión de dos semanas tendrá que volver a Mauritania. «Eu xa empecei a ter problemas o día de Fin de Ano. Chegamos ás oito da tarde e saímos ás doce da mañá, porque faltaban os camións». Como él están otros diez barcos españoles, todos gallegos. «Ao mellar pensas que vas ter unha marea boa para facer catro patacos e non fas nada», se lamenta.

A un mes de mayo tradicionalmente flojo en cuanto a capturas, se une este inconveniente para el que esperan «se atope axiña unha solución».

Desesperación e impotencia a 3.300 kilómetros

«Todo segue igual». Es la primera y lacónica respuesta de la armadora María José de Pazo, con tres barcos en Mauritania. Esta semana solicitaron una reunión con la Secretaría General de Pesca, «para falar de prazos» y han sido emplazados para la que viene. De Pazo considera que la época electoral no debe servir de pretexto para excluir de la agenda problemas como este: « É como se vas ao médico e che di que non te atende porque lle quedan quince días para xubilarse».

Tras llegar al ministerio, su reclamación -que los barcos puedan salir de aguas mauritanas y descargar en el puerto marroquí de Dajla- deberá pasar luego por Europa, y finalmente, recibir el visto bueno del país africano. Una alternativa de urgencia para una cuestión urgente. «Derívannos dun lado a outro. Estamos desamparados. Agora mesmo dependemos do azar. E unha empresa non se pode xestionar dende a incerteza», denuncia José Antonio González, presidente de Orpal (Organización de Palangreros de Ribeira), que tiene cuatro palangreros y un arrastrero faenando en aguas africanas. «Está trastocando toda a engranaxe dun sistema que, no caso da pesqueira en fresco, debe ser moi organizado e calculado», añade de Pazo.

A seis céntimos el quilo

Aunque De Pazo no ha perdido ninguna carga, sí ha tenido que destinarla a un fin distinto al previsto: «Vendín parte das mareas para fariña de peixe». Lo mismo le ha ocurrido a María del Carmen Maneiro, propietaria del Playa do Vilar. «A palometa tivémola que vender a seis céntimos o quilo. E se vai en fresco, a tres ou catro euros, e grazas». No saben cuánto tiempo podrán resistir «Hai que facturar moitísimo para ganar algo e a este paso non cubrimos nin custes. Canto tempo poderemos aguantar con perdas?», apunta González.

Además, trabajan con especies de precios populares, con lo que el margen de beneficio es mucho más reducido. «Son peixes destinados fundamentalmente a familias -explica De Pazo- e non lles podes ganar tanto coma se fosen para restaurantes, por exemplo». Maneiro saca la calculadora. «Este ano levaremos ganado entre 300.000 e 400.000 euros. O ano pasado eran 800.000. Se tes en conta que os gastos fixos de descarga da marea son entre 25.000 e 30.000 euros, e ganamos 25.000 mil... pois non sacamos nada. Neste momentos non compensa saír ao mar».

Representantes de las asociaciones con barcos de fresco afectados por este conflicto se reunieron esta semana en Marín para abordar otra de las peticiones en curso: que Tánger pueda ser también punto de inspección fronteriza (PIF), y aliviar así el peso de Algeciras, «que está completamente colapsado», y donde son sometidos a exhaustivos controles sanitarios. Se sienten perjudicados por partida doble. «Enriba de caldo, sopa», apunta María José, que reclama que se dé preferencia a la mercancía en fresco, como la suya. «É como nos incendios ou nos naufraxios. Os nenos e mailas mulleres, primeiro».

Aprovechan la oportunidad para criticar la excesiva burocracia. «Parece que importa máis se o documento ten unha liña máis ou menos que se o produto alimentario e perecedoiro está nas mellores condicións».

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