Bruselas hunde las propuestas de España para el futuro fondo pesquero

Se niega a aceptar una definición de pesca artesanal más favorable para Galicia


Bruselas / Corresponsal

No a todo. Ni fondos para renovar la flota, ni para cambiar motores y nada de ablandar el acceso a la paralizaciones temporales. No a más cofinanciación europea y, por supuesto, ni hablar de revisar qué es pesca artesanal. El comisario de Pesca, Karmenu Vella, se cerró ayer en banda tras escuchar las demandas españolas para el futuro del Fondo Europeo Marítimo y de Pesca (FEMP).

El maltés se mostró implacable. ¿Necesita este sector más ayuda europea? En su opinión no. Se queja de vicio: «No estaría justificado para un sector que ha demostrado beneficios récord en los últimos años, sería un mensaje para otras industrias donde el apoyo público no es tan generoso», zanjó antes de recomendar a los 28 ministros de Pesca de la UE que gasten los fondos de forma más eficiente. Sus palabras sonaron como un portazo para Luis Planas y sus socios francés e italiano, quienes pidieron aumentar las tasas de cofinanciación del 75 % al 80 %; un 85 % para los Grupos de Acción Local de Pesca (GALP), y al 100 % para las regiones ultraperiféricas.

Vella ni se esforzó al hablar de beneficios en distinguir entre la pesca industrial, altamente rentable, y la flota de bajura, que en España ha sufrido una merma del 11 % en sus unidades y de 4.000 empleos entre el 2011 y el 2017. Es más, el comisario se negó a mover una coma la actual definición de pesca artesanal, como propuso Planas. El valenciano trató de convencer a sus socios del Consejo de que este segmento de flota «tiene características distintas según los Estados. No podemos tener en cuenta solo la eslora. También las mareas, la duración de la pesca y la proximidad al puerto».

Pero el maltés no mordió el anzuelo: «La definición actual ya cubre a 3 de cada 4 embarcaciones. Ir más allá extendería el trato preferencial a buques que no pueden ser considerados de pequeña escala», sostuvo, echando por tierra las esperanzas de una parte de la flota gallega que supera por poco las medidas de eslora y que reclaman un trato diferenciado por utilizar artes más selectivas que la pesca industrial.

Pero ni por esas el comisario abrió la mano. Se mostró firme en su rechazo a usar fondos del FEMP para renovar la flota envejecida o para reemplazar motores: «Seamos claros. Si se apoya la construcción de buques podría ser muy negativo para la conservación de las pesquerías y los objetivos de sostenibilidad. El cambio de motores podría llevar a un aumento de la capacidad», alertó.

¿Qué hay de las ayudas a las paralizaciones temporales? España insiste en ablandar los criterios de acceso. «No es aceptable lo que se plantea», sentenció Vella, para disgusto incluso de los países bálticos, con enormes problemas por la veda del bacalao. «Necesitamos mecanismos flexibles para reaccionar a los problemas que surjan. Ahora no se nos permite lidiar con las consecuencias socioeconómicas de situaciones catastróficas», se quejó el ministro polaco, J. K. Ardanowski.

¿Hay algo a lo que no se oponga Bruselas de la declaración conjunta de España, Francia e Italia? A la simplificación de los trámites para agilizar el acceso a las ayudas.

Las posiciones entre los 28 y Bruselas están muy alejadas, así que la posibilidad de llegar a un acuerdo en junio se reducen. En la próxima cita se debatirá sobre la posibilidad de desplegar mecanismos de mercado, como el almacenamiento privado, o ayudas para mejorar la eficiencia de las lonjas.

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