La flota gallega pide agilidad para volver a Marruecos, ante la falta de caladeros

Los trámites por parte de la UE han finalizado con la aprobación del pacto por el Consejo


redacción / la voz

Es cierto que no es el acuerdo que desearían. Si por la antigua flota cefalopodera gallega fuese, las condiciones incorporarían medidas técnicas que mejorarían la rentabilidad de faenar en aguas marroquíes. Pero es lo que se ha firmado y consideran que ya habrá tiempo y ocasión -en las comisiones mixtas en las que se sigue el acuerdo- para tratar de introducir esos cambios. Ahora solo quieren que entre en vigor cuanto antes. «Estamos moi interesados en que se poña en marcha xa para poder ir pescar, porque ao estar o de Guinea Bisáu parado, fainos moita falta», explica Francisco Freire, presidente de la Asociación Nacional de Buques Cefalopoderos (Anacef), una flota que dispone de cinco licencias para capturar merluza y otras especies demersales en el marco del acuerdo con Marruecos.

Porque si los trámites con Rabat van lentos, los de Bisáu están prácticamente «parados». El acuerdo expiró en noviembre del 2017, se firmó uno nuevo en el 2018 y a estas alturas «nin Europa nin Guinea acaban de impulsalo», se lamenta Freire.

En esas circunstancias, el acuerdo con Marruecos se convierte en perentorio para una flota necesitada que, por fin, en enero ha podido volver a pescar en Mauritania, -el verano pasado agotó su cuota de merluza y la flota tuvo que amarrar-, tiene un barco en Senegal y que se ve obligada a conjugar la falta de zonas donde largar con licencias privadas en Guinea Conakry -donde operan cuatro barcos- y Angola.

Por lo que respecta a la UE, ya ha acabado de recorrer el camino burocrático para facilitar el regreso. Ahora es Rabat la que debe concluir los trámites parlamentarios para abrir, por cuatro años, sus aguas a a 128 barcos europeos, entre ellos 92 españoles.

El carpetazo de la UE llegó con la aprobación, por parte del Consejo, del acuerdo de colaboración de pesca sostenible, su protocolo de aplicación y el canje de notas adjunto al pacto.

Las condiciones

Al margen de la contrapartida económica, que será ahora de 208 millones de euros, el acuerdo prácticamente calca las condiciones que había en el que expiró en julio pasado. Cambia, no obstante, en su afectación al Sáhara occidental. Si el anterior no fue tumbado por el Tribunal de Justicia de la UE fue porque entendía que no se aplicaba a ese territorio, que sí se menciona expresamente en el texto del actual acuerdo. Nada extraño, por otra parte, dado que el 90 % de las capturas autorizadas se realizan precisamente allí, en el banco canario sahariano.

Así es que la decisión aprobada por el Consejo recoge de forma expresa que «el ámbito de aplicación debe definirse de modo que comprenda las aguas adyacentes al territorio del Sáhara Occidental», fundamental para que «pueda seguir disfrutando de la ayuda sectorial» del acuerdo. Asimismo, la redacción alude a que se consultó a agentes socioeconómicos y políticos, que «se mostraron a favor del pacto», aunque admite que el Frente Polisario y otras partes no accedieron a participar en el proceso de consulta.

Soberanía

Con todo, el texto aclara que ningún elemento del acuerdo de pesca o de su protocolo «implica un reconocimiento de la soberanía o derechos soberanos del Reino de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y las aguas adyacentes». Además, la UE «seguirá redoblando sus esfuerzos en apoyo del proceso, iniciado y continuado bajo los auspicios de las Naciones Unidas, de resolución pacífica del litigio», añade.

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