«Si temos que traer toda canta xarda collemos, nunha semana alá vai a cota»

El veto a los descartes viene a sumarse a los problemas que acumula un sector como el arrastre


redacción / la voz

Todavía no ha arrancado la costera de la xarda y a Alfredo Cotelo, de Pesquerías Niñones, ya se le está formando un nudo en el estómago. Está convencido de que tendrá que amarrar el barco a las primeras de cambio. «Se temos que traer toda canta xarda collemos, nunha semana alá vai toda a cota. E a Administración sábeo», dice sin ocultar lo que es una preocupación más entre los muchos sinsabores que de un tiempo a esta parte están cosechando los que se dedican a un segmento de flota como es el arrastre de litoral.

La falta de cuotas suficientes es solo uno de sus males. Cotelo habla de precio de gasoil elevado, de vedas incomprensibles, de especies prohibidas como la cigala que entran en el copo a toneladas, de demonización de un arte que no es mejor ni peor que otras, de falta de tripulantes, de patrones, de motoristas y hasta de rederos...

Cotelo, como otros muchos profesionales, quiere que alguien le aclare qué se va a pescar cuando se agote la cuota que cada uno tiene asignada, porque «cando chega a xarda, largues onde largues, só hai xarda; por moito que queiras escapar dela, non podes». Y como parece que la multa por sobrepesca es el cuento de nunca acabar, el descuento que cada año hace Bruselas se suma con el recorte del 20 % acordado en diciembre en el seno de la Comisión de Pesquerías del Atlántico Oriental (NEAFC) para dejar el cupo en cifras «de miseria». Calcula que este año dispondrá de unas 60 toneladas. Supone, porque a estas alturas, ya entrados en el último mes del primer trimestre, la Secretaría General de Pesca todavía no ha comunicado a cada empresa los cupos individuales que tendrá en el 2019.

Pocas opciones

Y si la caballa va a durar lo que un caramelo a la puerta del colegio, pocas más opciones quedan para pescar, dice Cotelo. «Xa hai anos que o arrastre está collendo pouco xurelo». En parte porque «non hai moito», pero, sobre todo, «porque o pouco que hai xa non o deixan saír» hacia la zona donde opera el arrastre. El armador comenta que hay embarcaciones de otras artes «que fan a 3 e a 4 viaxes na noite e descargan mil e pico de caixas de cada vez. Iso non debería poder ser». El arrastre, desde luego no podría hacerlo. Se arruinaría en el intento, a tenor de la factura que muestra Cotelo y que arroja un total de 23.000 euros por lo que ha sido el gasoil para 15 días.

Veda incomprensible

En sus lamentaciones -que así como salen de su boca bien podrían salir de la de cualquier otro armador del arrastre- afirma, también hay hueco para la veda que Bruselas estableció en el 2001 para este segmento de flota y que los priva de faenar durante cuatro meses frente a A Coruña, entre los cabos Prior y Ortegal. Resulta que «en outubro pasado, cando saímos da zona, había rape e outros peixes; e agora, cando volvemos a principios de febreiro, non había nada, non se ve nin un peixe sapo». Para Cotelo no tiene sentido «que se vede unha zona só para un arte; os alevíns tamén os hai para os outros oficios».

Además, esa falta de recurso tras cuatro meses de ausencia de los arrastreros es, a su juicio, una prueba de los beneficios de este aparejo, que al arar el mar, genera riqueza. «Está mal visto, pero é o que está traballando e limpando os fondos». Porque «a ver quen está a traer os plásticos que hai no mar máis que os arrastreiros», blande para defender un arte de pesca denostado que va camino de la extinción. O eso parece: de los 133 barcos de este segmento de flota que había en el 2006 se han pasado a los 80 actuales. Eso en todo el Cantábrico Noroeste, en ese mismo período Galicia pasó de 108 embarcaciones a 62 actuales.

Falta de mano de obra: mal de muchos y problema de todos

 

De hacer un ránking con las principales preocupaciones del arrastre, sin duda la falta de personal para completar las tripulaciones haría podio con la escasez de cuotas. La escasez de tripulantes y, sobre todo, de mandos para las embarcaciones es un mal generalizado que se ha convertido en un quebradero de cabeza tanto para el arrastre como para el palangre de fondo, el de superficie y otros segmentos de flota de altura y gran altura. A veces, incluso para la bajura es difícil encontrar personal.

Cotelo también habla de esas dificultades para encontrar mano de obra. Patrones y motoristas, pero sobre todo los primeros. «Na máquina da igual se o barco da cartos, pero o patrón é outra cousa». Más, si se trata del arrastre, para el que no vale cualquiera. «Non é como por exemplo na volanta, que larga o aparello e listo; o do arrastre ten que saber apartar das pedras», explica.

El que manda en el barco de bandera española de Pesquerías Niñones ya ha superado la edad de jubilación, pero sigue «porque non os hai». Critica que no se den facilidades para embarcar a personal, porque «tardas anos en arranxar os papeis». Y también años para formar al recién llegado como patrón o en la máquina. «Antes un mariñeiro ascendía a contramestre e despois ía á escola 9 meses e saía como patrón ou motorista para a pesca. Agora hai que ir estudar dous anos e a titulación que che dan tanto che vale para terra como para o mar, co que ninguén ven para os barcos», argumenta Cotelo. Por el sueldo «non é», asegura tajante. Como «non os hai», están muy cotizados. Van «á parte», pero esa parte puede incluso suponer un salario con dos dígitos antes de los tres ceros que le siguen. Y aún así, es difícil encontrarlos.

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