La crisis de vocaciones, un problema para la pesca en Galicia... y en Japón

Palangreros de A Guarda y Kesennuma mejoran barcos y la comunicación por satélite para atraer mano de obra juvenil


redacción / la voz

De tener que hermanarse con alguien, A Guarda encontraría su alma gemela bien lejos, a 15.000 kilómetros. Es la distancia que separa al municipio de O Baixo Miño de Kesennuma, en Japón. Uno y otro pueblo han hecho del pez espada, los tiburones y otras capturas del palangre de superficie su forma de vida. Si el 14,3 % de los afiliados a la Seguridad Social en A Guarda están de alta en el Régimen Especial de los Trabajadores del Mar, en Kesennuma existen unas 40 empresas de procesado de pescado y una flota que proporciona empleo al 10 % de la ciudad, un puerto pesquero que tuvo que recomponer su flota después de que en el 2011 el mismo tsunami que abrió las tripas de Fukushima dejase a sus barcos sobre el asfalto, literalmente.

Ese parecido razonable no acaba ahí. También son muy similares los males que acechan al sector de uno y otro país. Espaderos gallegos y nipones sufren la misma presión social por parte de las organizaciones conservacionistas. Ambos están, además, inmersos en hacer ver que sus prácticas son sostenibles, los guardeses liderando el Proyecto de Mejora de Pesquería (FIP) Blues, el primero en el mundo que incluye al tiburón, y los japoneses tratando de conseguir una certificación sostenible. Y también son prácticamente calcadas las dificultades para conseguir tripulantes para sus embarcaciones.

«Parece mentira que estando uns nunha punta e outros noutra as frotas sexan case xemelgas e os problemas os mesmos», señala Joaquín Cadilla, presidente de la Organización de Palangreros Guardeses (Orpagu). Y la crisis de vocaciones que de un tiempo a esta parte ha sacudido a la pesca gallega encuentra eco en la japonesa. Allá quizá más agravada que en este punto del globo pues la falta de relevo generacional hace que en el puente de un pesquero nipón pueda estar mandando un patrón de 70 años, si no más. 

Redes sociales en alta mar

El problema no es solo la carencia de titulados. También hay dificultades, en Galicia y en Japón, para completar el cuadro de tripulaciones mínimas. Son muy pocos los jóvenes que buscan en el mar su futuro. Y mucho menos en alta mar, donde hay trabas para compartir un stories en Instagram, colgar una foto en Facebook o escribir un tuit durante los casi tres meses que dura una marea -un mes en el caso de los nipones-. Por muy banal que parezca, lo cierto es que la falta de relevo está poniendo en serio peligro el futuro de la actividad pesquera. Así es que, asesorados por los mismos técnicos de la Universidad de Tokio que junto con los de Noruega visitaron estos días Galicia -la delegación está encabezada por Gakushi Ishimura, asesor de la cofradía de pescadores de Kesennuma-, guardeses y nipones han aplicado las mismas recetas para hacer atractiva la actividad. Una es mejorar la habitabilidad a bordo, convirtiendo el barco en un lugar más cómodo, y otra invertir en una mejor comunicación por satélite, que permita a los trabajadores del barco estar informados de lo que pasa a cientos de millas de distancia, mantener una relación en tiempo real con sus familias a través de videollamadas e interactuar en las redes sociales.

La edad media de los patrones que mandan los pesqueros nipones es de 70 años Los japoneses, por su parte, tomaron nota del remedio que los guardeses han ideado para conseguir mandos para sus barcos: impulsar la promoción interna sufragando los estudios a los mejores marineros para que obtengan la titulación de patrón.

Esa receta de soluciones comunes tiene visos de continuación, sobre todo con el reto que se plantea con la pesca de tiburones como el marraxo y la tintorera.

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