La flota gallega, en vilo por el «brexit»

La salida del Reino Unido de la UE implicará la expulsión de las Malvinas, pago de aranceles y veto a las aguas para unos 150 barcos de nuestra comunidad


vigo / la voz

Los armadores aguardan con calma tensa cómo y cúando se producirá la salida del Reino Unido de la UE. Según un informe de la Cooperativa de Armadores de Vigo que analiza la situación en los distintos caladeros bajo el dominio de Su Graciosa Majestad, el brexit afecta al menos a 154 barcos españoles.

El proceso afecta a toda la flota de Gran Sol, constituida por 98 barcos, según el censo del 2018, de los que 31 pertenecen a Anasol con base en Vigo; 11 son de Arpesco, la Asociación de armadores de A Coruña; 23 tiene su base en el puerto de Celeiro y otros siete en Burela. Además, trabajan en el caladero compartido por Irlanda y el Reino Unido cuatro barcos asturianos, dos de Cantabria y otros 17 que tienen su base en Ondárroa, en el País Vasco. Estos barcos suelen faenar en aguas irlandesas pero también lo hacen en el noroeste de Escocia. Los 72 barcos gallegos activos en Gran Sol realizan la cuarta parte de sus capturas en estas aguas y pescan muchas veces dentro de las 200 millas de distancia de la costa británica.

Hay otro conjunto de buques que están abanderados en el Reino Unido: los armadores de Vigo y Marín participan en 11, y en A Coruña, Celeiro y el resto del Cantábrico, los armadores poseen 22 unidades con la enseña de la Unión Jack. Pero por más que la lleven, estos buques también se verán severamente afectados, porque, según el gerente adjunto de la Cooperativa de Armadores de Vigo, Hugo González, «no podrán faenar en aguas de otros Estados miembros de la Unión Europea, como Irlanda o Francia salvo acuerdo con la UE».

Las embarcaciones tendrán que abonar aranceles para vender su pescado en España y someterse a inspección sanitaria pasando por un punto de inspección fronteriza.

Otro gran contingente de flota que se verá damnificada por el brexit es el formado por 45 grandes congeladores que operan en aguas de Malvinas, territorio que pertenece al Reino Unido, uno de los pocos países que mantiene vivo el colonialismo a la vieja usanza. De estos buques hay 19 barcos abanderados en las islas Malvinas que se dedican a la pesca del calamar. Se trata de uno de los caladeros de esta especie más fecundos. El resto de la flota tiene que alejarse al menos 150 millas de la costa para poder extraer otras especies como merluza, rosada, pota. Todos estos barcos tendrán que pagar aranceles para introducir el pescado y marisco, en el que hay que destacar los langostinos y gambones australes salvajes, muy apreciados frente a los de acuicultura que se cultiva en piscifactorías de países tropicales.

Pero indirectamente toda la flota litoral y de cerco, formada por cientos de embarcaciones también se verán afectada por la salida del Reino Unido porque las cuotas de especies pelágicas como el jurel, la caballa o la bacaladilla «tendrán que ser negociadas seguramente con el Reino Unido en su calidad de país tercero», vaticina Hugo González, que cree que los británicos, que están interesados en estas pesquerías apretarán para conseguir cuotas post-brexit.

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