La UE verificará en mayo si se tomaron medidas para evitar fraude en el atún

El sector apura su adaptación para que el túnido en salmuera pueda ir al consumidor

En las empresas gallegas de transformación del atún no se han detectado problemas
En las empresas gallegas de transformación del atún no se han detectado problemas

redacción / la voz

En un panorama en el que las intoxicaciones por histamina en España se habían disparado -154 casos de una tacada el año pasado- y las actuaciones por presencia de altos niveles de esa sustancia en partidas de atún hacían saltar cada vez más avisos en el sistema de alertas rápidas de la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria), la Comisión Europea desembarcó en España y, con el apoyo de las autoridades sanitarias y pesqueras del país, inspeccionaron varias empresas comercializadoras de túnidos en toda la geografía española, Galicia incluida.

Esa campaña, apoyada en otras operaciones policiales, permitió constatar que había no pocos casos de fraude, casi todos adscritos a la zona de Levante y Andalucía, en los que se hacía pasar por fresco atún previamente descongelado y tratado con colorantes para hacerlo pasar por atún rojo. Pero tras descubrir ese engaño al consumidor, decidieron ir hacia atrás en la cadena: hacia los comercializadores de atún congelado en salmuera. Y a punto estuvieron de parar la producción de forma preventiva y restringir a usos conserveros el destino del túnido así elaborado.

Ni que decir tiene que eso tendría un serio impacto económico tanto en la flota atunera como en las empresas transformadoras, que enseguida se movilizaron para demostrar que la seguridad alimentaria -sin fraude mediante, claro-, no está reñida con la posibilidad de que el atún congelado en salmuera se destine al consumidor final de otra manera que no sea en conserva. Para ello se requiere fijar un protocolo de actuación y una adaptación tecnológica de la flota para que pueda congelar a -18 grados, temperatura a partir de la que se puede dirigir al consumidor final.

El compromiso consiguió ablandar a Bruselas, que dio un margen a la industria para adaptarse. En eso está toda la cadena de valor del túnido, que esta semana se reunió en la Aecosan (Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición) para conocer el borrador de la futura Guía de Criterios de Orientación para las Autoridades Competentes en el Control Oficial de la Cadena de Producción de Atún Congelado para Consumo Directo. Un documento que aborda «la idoneidad de la utilización de la salmuera en la congelación de atún en los buques», explica Juan Vieites, secretario general de Anfaco, y que plantea las «mejores prácticas para que resulte un producto de alta calidad y confianza para el consumidor».  

Alegaciones

Pese a eso, la patronal conservera presentó alegaciones a esa guía. Una porque se remite a un código de colores que emplea la Administración sanitaria estadounidense (FDA) que no tiene cabida en la industria española, dado que «la coloración es un identificador de la población» de atún. Y otra relativa a la captura y manipulación, pues no es lo mismo el atún que se pesca con cerco, que se captura con red y se retira del agua, que el que se extrae con palangre, que se queda más tiempo.

El objetivo es conseguir la congelación dual y que de esos -9 grados a los que en ocasiones está congelado el atún en salmuera se pueda pasar mediante la aplicación de frío seco a -18 grados, con lo que una partida destinada originalmente a la conserva, podría destinarse a consumo humano directo tras ese proceso.

Ahora bien, el sector pide que todas las correcciones que se están aplicando en España se hagan extensivas a toda la UE y que afecte tanto a buques comunitarios como de terceros países.

El tiempo apremia, pues la guía aún está en borrador, la adaptación en proceso y el regreso de Bruselas está fijado: en mayo que viene.

Bruselas decide mantener el nivel de mercurio permitido en pez espada y túnidos

Sobre la mesa, dos posibilidades: aumentar hasta el doble el límite de mercurio permitido en productos como el pez espada o el atún para consumo humano o dejar esos niveles como están en la actualidad. Bruselas eligió lo segundo, a pesar de los informes presentados por el sector que hablan de efectos distintos en función de las dosis y la ingesta semanal. Así es que no se podrá comercializar grandes peces si presentan una concentración de mercurio de más de una parte por millón (cantidad de unidades de la sustancia que hay por cada millón de unidades del conjunto).

Claro que el problema de la elevada concentración de ese mineral se da en ejemplares grandes y la mayoría de las piezas no tienen mucho más de 0,5 o 0,6 partes por millón.

Por eso el sector productivo aboga por trasladar correctamente la información sobre la presencia de mercurio en las especies y su afección al consumidor y lanzar una recomendación sobre los límites y las dosis que deben ingerir mujeres embarazadas y niños.

Perdida la batalla en Bruselas, la patronal conservera aboga por llevar el debate a nivel de códigos de alimentos en la FAO y diferenciar el mercurio y el metilmercurio, que es una parte de ese mercurio que se mide, pero en mucha menor presencia.

Juan Vieites, secretario general de Anfaco, admite que la decisión de Bruselas de mantener los límites actuales ha sido «una contrariedad», sobre todo porque el sector había demostrado que hay límite para incrementar esa proporción.

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