China, Japón y Corea se alían con Brasil para esquivar medidas para el patudo

Apoyaban las que afectaban a la flota cerquera europea, pero no para sus palangreros

Las flotas asitáticas se niegan a seguir las prácticas comunes en las occidentales
Las flotas asitáticas se niegan a seguir las prácticas comunes en las occidentales

redacción / la voz

Las cumbres broncas del ICCAT (Comisión para la Conservación del Atún Atlántico) han vuelto. Y se vislumbran peores. La cerrazón de los países del bloque asiático a aceptar cualquier medida que afecte a su flota, ya sea para recuperar el stock de atún patudo, como para controlar el finning -léase asumir la política de aletas adheridas para el tiburón que la flota comunitaria observa ya desde el 2013- encendió los ánimos de los occidentales. Como poco hablan de decepción a la vuelta de Dubrovnik (Croacia), escenario de la vigésimo primera cumbre. Pero eso por no mostrar abiertamente su enfado. Malestar porque por la reticencia de japoneses, chinos y coreanos a adoptar acciones para frenar la sobrepesca y poner remedio a la delicada situación del stock de atún patudo, el año que viene, en Curazao, habrá que atender otras medidas más restrictivas. «Esperamos un cumio moi duro», explicó Basilio Otero, presidente de la Federación Nacional de Cofradías.

China, Japón y Corea bloquearon la aprobación de un proyecto de recomendación sobre la conservación de tiburones capturados en asociación con pesquerías que son competencia de la ICCAT. Y lo mismo hicieron con el acuerdo para alcanzar un nuevo programa plurianual de conservación y ordenación para los túnidos tropicales. Se opusieron básicamente para evitar la aplicación de cualquier tipo de medida de gestión a sus flotas de palangre, explicó la patronal pesquera española Cepesca, al regresar de Croacia.

Si la postura de los asiáticos les pareció fuerte a los españoles, más anonadados quedaron con la de Brasil que, tras superar ampliamente en el 2017 el umbral fijado para los países sin cuota, «exigía que el resto de los países se hiciera cargo de la devolución de las mismas», dijo Javier Garat, que estuvo en la reunión como secretario general de Cepesca y como presidente de Europêche, la patronal europea.

Garat explica la desfachatez de esos países al pretender que «solo se incrementasen las medidas para los cerqueros congeladores europeos», cuando ese tipo de embarcaciones «capturan el 33 % del patudo del Atlántico, frente al 50 % de los palangreros».

Una especie sobreexplotada

¿Que el patudo está sobreexplotado? Los armadores europeos lo admiten. Y aseguran estar dispuestos a realizar sacrificios. Pero de ahí a tener que cargar con todo el peso de las medidas de recuperación media un trecho. Si los demás países y modalidades de flota lo acuerdan, los buques comunitarias se mostraron dispuestos a un recorte del total admisible de capturas (TAC), a reducir de forma progresiva el número de objetos (FAD, siglas en inglés de dispositivos agregadores de peces) a pesar de que no haya evidencias científicas sobre el número adecuado y asumiría que el comité permanente de la ICCAT (SCRS, en inglés) estudie cómo influyen los buques auxiliares en la capacidad de pesca de la embarcación.

Claro que para eso, los palangreros asiáticos, que capturan el 50 % del patudo del Atlántico, tendrían que aceptar medidas de control y gestión y, en particular, prohibir los transbordos en alta mar, aumentar el número de observadores a bordo en, al menos, un 20 % -ahora está en un 5 % - y prohibir los descartes de juveniles.

Como quiera que las decisiones en la ICCAT deben tomarse por consenso -y no lo ha habido-, la organización decidió prórroga por un año del régimen actual, en el que la única medida es ese límite de 65.000 toneladas de atún patudo.

El acuerdo de última hora sobre el atún rojo, única satisfacción de una cumbre bronca

Que a ultimísima hora las partes contratantes lograran un acuerdo para convertir el controvertido plan de recuperación del atún rojo por otro de gestión en el Atlántico y el Mediterráneo es el único buen sabor de boca con el que volvieron los armadores españoles de Dubrovnik, pues hasta el regreso a casa, complicado por un temporal en tierras croatas, fue agrio.

Con ese cambio casi se da por certificada la recuperación de una especie que, tras años de estrecheces en las cuotas, presenta ahora niveles de biomasa históricos. Ahora solo queda, según Cepesca, «que las partes contratantes respeten las normas y apuesten por una gestión responsable».

La cuota no varía, dado que el año pasado ya quedó establecido para los tres siguientes. Para el 2019, el TAC será de 32.240 toneladas, de las que 17.623 corresponderán a la UE y alrededor de 5.700 a España. En el 2020 se podrán capturar 36.000 toneladas (19.460 corresponderán a Europa y unas 6.380 a España). Ahora falta el debate interno. El reparto de unas cuotas que siguen siendo escasas, a entender de la bajura.

La misma tranquilidad que hubo para el atún rojo se repitió para el bonito del norte y para el pez espada, cuyos TAC ya habían quedado fijados en años anteriores. De atún blanco, España dispondrá de la misma cuota en el 2019, entorno a 15.000 toneladas, con lo que se vislumbran los mismos problemas de escasez que la temporada de pesca ha tenido en los últimos años y que se han visto agravados en este ejercicio, que ha tenido la costera más corta de la historia.

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