«É un senvivir; vixíannos ata con drons»

Tripulantes de barcos que faenan en Terranova denuncian que el acoso inspector es insoportable


redacción / la voz

En su día fueron 39 arrastreros congeladores. Hoy quedan ocho. Faenan en Terranova, el Flemish Cap y otros caladeros del área regulada por la Organización de Pesquerías del Atlántico Norte (NAFO), histórico para la flota gallega y bien conocido por sus marineros. Allí se libró la guerra del fletán, una batalla que ni los amedrentó ni consiguió echarlos. Pero lo que no logró un enfrentamiento armado -los canadienses dispararon al barco vigués Estai- está a punto de hacerlo una presión inspectora sin parangón que tiene a los profesionales en una situación de estrés permanente.

«É un senvivir; non hai quen aguante», confiesa Francisco Rial. Él se ha erigido en portavoz de los afectados, que se han agrupado en una asociación a la que han bautizado con el nombre de Eu Vivo da Pesca. Denuncian hartazgo. Cansancio por un acoso inspector inusitado, una presión que, aseguran, ha provocado que «moitos non aguantaran e optasen por marchar a outros caladoiros, ou incluso por deixar a pesca», relata Rial. Es uno de los cientos de tripulantes, titulados o de base, que faenan en aquellas latitudes. Son de Cangas, Noia, Portosín... Y son humanos. Cometen equivocaciones. Pero en la NAFO eso no está permitido. «Un erro nun cero, nunha coma, unha etiqueta mal colocada ou unha especie mal marcada... Todo pode ser motivo de infracción», dice.

En el caladero hay permanentemente dos patrulleras canadienses -son tres, pero se turnan- y otras dos de la Unión Europea. Son inspeccionados semanalmente. Deben atender obligaciones como la de estimar y registrar las capturas lance por lance, identificar cada caja de pescado, reportar la pesca dos veces al día, llevar un observador científico a bordo... Y cuando llegan a puerto y creen poder respirar, tienen que desembarcar las capturas «en presenza de inspectores de pesca e vixiados pola Garda Civil, analizando caixa por caixa, os libros, as mensaxes sobre as capturas..

Vigilados por drones

Por si todo eso no fuera suficiente, ahora la Comisión «vén de aceptar o uso de drons para o control da nosa actividade. Cómo é posible que a UE acepte máis e máis medidas de control cando os científicos se refiren a Terranova coma un caladoiro en condicións de pesca óptimas?» Y si esa fórmula es tan buena, «por que non se aplica no mar do Norte ou no Báltico, onde si hai explotación?», razona Rial.

Sospechan que Canadá «quere que saiamos de aí». No hay que ser demasiado perspicaz, dado que el caladero está en buena situación y cada vez son capaces de sacar más provecho a especies que antes casi descartaban. Pero lo peor es la connivencia de la UE y la pasividad del Gobierno español. Desde Eu Vivo da Pesca dicen «non entender a que se debe tanta medida de control», al tiempo que aseguran no sentirse representados por la Comisión Europea y «abandonados e maltratados polas nosas autoridades».

Porque esa es otra. Hay barcos españoles, lusos, estonios y ahora un japonés. «Ninguén sabe de que se lle fixese unha inspección».

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