La UE exige al Reino Unido que abra sus aguas a su flota para firmar el «brexit»

España y Francia ponen esa condición para dar acceso a los británicos a la unión aduanera


bruselas / corresponsal

«La pesca es un asunto prioritario. Pero no solo para nosotros, también para Dinamarca, Holanda, Bélgica, Irlanda y España. Es un asunto extremadamente importante», aseguró ayer la ministra francesa de Asuntos Europeos, Nathalie Loiseau. Lo hizo con una firmeza inusual, teniendo en cuenta que la UE y el Reino Unido han entrado ya en el tiempo de descuento. Apenas queda tiempo para sellar el brexit y evitar el escenario del precipicio. La primera ministra británica, Theresa May, no solo tiene que lidiar con un Gobierno y un partido insubordinado y desunido; ahora deberá atender a las demandas, largamente ignoradas, de los pescadores europeos. Más de media docena de cancillerías, entre ellas Madrid, se han unido para exigir a Londres que mantenga abierto el acceso de la flota comunitaria a sus aguas en los actuales términos. Se trata de una precondición para poder dejar a los británicos seguir vinculados a la unión aduanera (una solución que evitaría la reintroducción de barreras físicas entre las dos Irlanda y reduciría al mínimo las tarifas a la exportación e importación) mientras negocian un acuerdo de libre comercio en una fase ulterior. Son los términos de coexistencia en la unión aduanera lo que separa a Londres y Bruselas del acuerdo. Independientemente de lo que se acuerde en la relación futura, la UE quiere garantías, y las quiere ya, para sus pescadores. Sigue habiendo incertidumbre sobre su futuro, del que depende el 15 % de la flota comunitaria, 6.100 puestos de trabajo y más de un tercio de las capturas europeas (unos 1.600 millones anuales), según cifras de la Alianza Europea de la Pesca.

«Confiamos en que Barnier mantendrá los intereses de nuestros pescadores en el centro. Creemos firmemente que el marco futuro para la pesca, durante y después del período de salida, necesita mantener los niveles actuales de acceso recíproco a las aguas y mercados», sostiene el presidente de la plataforma, Gerard van Balsfoort. El holandés demanda que se mantenga el statu quo «durante el período transitorio y mientras el Reino Unido siga formando parte de la unión aduanera con la UE».

La voz del sector, pidiendo no volver a ser moneda de cambio, tuvo eco ayer en la reunión de los Veintisiete con el negociador europeo, Michel Barnier, que recogió el testigo y se mostró dispuesto a hacer cumplir las directrices de negociación. «Estar en la unión aduanera tiene sus consecuencias», les recordó a los británicos el ministro de Exteriores belga, Didier Reynders, antes de insistir en que la pesca deberá formar parte de cualquier acuerdo sobre la unión aduanera.

May no contaba con esta última sorpresa. Su Gobierno publicó a mediados de octubre un documento en el que se garantizaba que el Reino Unido se reservaría el derecho a abrir o cerrar sus puertas a la flota comunitaria. Al menos en el marco de su relación futura. Las cancillerías europeas le han dicho a la premier que, mientras necesite tiempo de gracia y flexibilidad para abandonar de forma suave la UE, deberá ceñirse a las normas y mantener sus caladeros libres de peajes. Los pescadores gallegos siguen inquietos. Hay unos 140 barcos galaicos faenando en aguas británicas como el Gran Sol o las Malvinas. La Xunta calcula que 535 millones de euros están en juego. La pesca podría arrastrar consigo a la mitad de la economía gallega.

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