La hermandad de las trabajadoras del frío

Sustentan un negocio de 4.000 millones de euros procesando pescado en naves heladas. Con salarios de 6 euros la hora y las manos deformadas, por primera vez en 40 años dicen basta


vigo / la voz

Cada bolsa de filetes de pescado congelado que entra en la cesta de la compra es un alimento de garantía para los consumidores. Esa marca de calidad gallega, en la que confían miles de consumidores en el mundo, es producto de un sector formado por 143 empresas, que el año pasado facturó 4.236 millones de euros, y este año va camino de pulverizar sus mejores cifras de venta, según avanzaron los empresarios en la reciente feria internacional Conxemar, celebrada en Vigo.

La industria pesquera es una actividad con arraigo, que genera valor y riqueza. Y los 7.000 trabajadores, casi todas mujeres, que la hacen posible creen que ha llegado el momento de dignificar unos empleos que, lejos de mejorar, son herederos de una larga tradición de precariedad y derechos no reivindicados que se prolonga desde hace 40 años.

Una huelga de género

La reivindicación salarial es la gran demanda de la movilización de las trabajadoras del sector de productos elaborados del mar, que amenaza con una huelga indefinida, desde que el pasado 26 de septiembre quedaron rotas las negociaciones para pactar un nuevo convenio colectivo para los próximos dos años.

Pero las mujeres que están al frente de la movilización han conseguido que este conflicto laboral se distinga también por ser un conflicto de género. «Llevamos muchos años en esto. Siempre ha sido un trabajo muy duro, y lo que vemos es que las condiciones están empeorando. Antes teníamos derechos que ahora no hay, todo para rebajar costes salariales», afirma Belén Coello, trabajadora de Fandicosta.

La conciliación familiar es impensable en el sector. «No podemos llevar a nuestros hijos ni a nuestros mayores al médico porque te lo descuentan del sueldo», explica Elena Ferradas, trabajadora de Cabomar, que detalla la dureza del día a día en la factoría. «Trabajas 8 horas de pie, sin moverte del sitio. Está prohibido hablar. Te obligan a competir midiendo tu producción diaria y, si no llegas, te cambian a un puesto más duro, como a cargar cajas», asegura.

Derechos congelados

Hay derecho a un descanso de 20 minutos que las trabajadoras llaman el tiempo del bocadillo, que, del modo en que lo explica Elena, es como para no tragar bocado: «Son 20 minutos que en realidad no lo son, porque en ese tiempo tienes que hacer el protocolo de poner y quitar el equipamiento de trabajo. Y luego, esos 20 minutos los tienes que recuperar o descontar de los días de tus días de vacaciones».

Esclavitud Fernández, trabajadora de Mascato, cuenta que en su empresa han conseguido obtener tiempos de descanso cada dos horas, han colocado espalderas para hacer estiramientos y disponen de 5 minutos para ir al cuarto de baño, pero la competencia para que tu puesto no pase a ser ocupado por una empleada de una empresa de trabajo temporal por menos sueldo impone un ritmo de trabajo frenético. «Trabajamos con sierras y cuchillos muy peligrosos cortando pescado con movimientos repetitivos bestiales a un ritmo atroz. En algunas empresas hay quien se lleva el cuchillo de casa porque está mejor afilado para hacer mayor producción», detalla la empleada.

Peores, las de las ETT

En GPS, la empresa de Carmela Villaverde, hay 44 trabajadoras en plantilla y, según los días o las temporadas, hasta 80 o 90 empleadas que llegan de empresas de trabajo temporal (ETT). «Trabajan en condiciones peores que nosotras, por menos de 6 euros la hora. Yo vivo con mi madre y pago una hipoteca, pero tengo compañeras que al salir del trabajo tienen que ir a limpiar casas», cuenta Carmela. «No somos universitarias, pero tenemos mucha cultura en la vida, luchamos por nuestra independencia económica», asegura la trabajadora. La conversación con las cuatro empleadas, sindicalistas de CC. OO., transcurre en el puerto de Vigo, unos días antes de que las partes en conflicto lograran alcanzar ayer un principio de acuerdo.

La patronal cede para evitar una huelga indefinida fatal a un mes de Navidad

Una huelga indefinida en el sector de elaborados de productos del mar a casi un mes de las fiestas navideñas habría sido un golpe al negocio que los empresarios no se podían permitir. En el mes de diciembre, la industria del frío llega a concentrar hasta un 30 % de sus ventas anuales.

Este potente argumento, sumado a la tensa presión ejercida por las trabajadoras, con tres exitosas jornadas de huelga, y una convocatoria de parada indefinida a partir del próximo día 15, contribuyó a allanar la vuelta a la negociación del convenio colectivo, que llevaba mes y medio paralizada. La reunión fue convocada ayer por el Consello Galego de Relacións Laborais, y llegó además tras la aprobación el viernes en el Parlamento de una proposición no de ley que instaba a la Xunta a interceder en favor de las trabajadoras.

CC. OO., UGT y CIG proponían incrementos graduales para que las trabajadoras puedan alcanzar los 14.000 euros anuales, y medidas sociales de conciliación, reducción de jornada o licencias, entre otras mejoras.

De la negociación que arrancó a las 12 del mediodía salió, ocho horas más tarde, un preacuerdo que, según explicaron fuentes sindicales, se materializará en una subida salarial del 11,8 % hasta el 2021; además de un aumento de pluses, mejoras en los tiempos de receso y limitación de la contratación a través de empresas de trabajo temporal.

El convenio colectivo por decir afecta a unos 9.500 trabajadoras -el 80 % de las plantillas está formado por mujeres- en toda España, la mayoría de ellas empleadas en empresas situadas en Galicia.

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