Un verano de precios prohibitivos para los productos más turísticos

Alta demanda, vedas y escasez de capturas hacen que choco, sardina, pulpo y calamar estén disparados

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Pontevedra / la voz

Verano en Galicia. Playas, sol y terraceo. Para docenas de miles de turistas que visitan este rincón desde el interior de España esto se traduce en pulpo á feira, choco en su tinta, sardinas asadas o bocata de calamares, entre otras delicias que no pueden encontrar tan fácilmente, o a precios mínimamente asequibles, en muchos de sus lugares de procedencia. Sin embargo, este año se han aliado una serie de factores para que los precios sean más altos de lo normal y que, de repente, hasta la humilde sardina haya saltado al centro de las conversaciones de turistas y residentes por su factura. O que el precio del calamar suba porque se ha convertido en un refugio más asequible ante las disparadas cotizaciones del choco o del pulpo.

El rey de los cefalópodos se lleva este año la palma en el listado de los productos turísticos más caros y que no hace mucho no lo eran tanto. No es que el pulpo sea un producto barato, nunca lo ha sido, pero sí ha sido más frecuente en los menús de los visitantes que la almeja fina o la babosa, que lo son en los de aquellos bolsillos más pudientes.

Ahora bien, el producto ha dado este año un salto que lo ha situado en una horquilla que va de los 14 a los 19 euros en los restaurantes y locales hosteleros de primera y segunda línea de Silgar, en Sanxenxo, capital turística de las Rías Baixas. Aún así, como suena raro eso de estar en Galicia y no comer pulpo, muchos turistas lo han pedido en tapas o raciones, si bien quizás menos que en otros años.

Como en el caso del Miño y el Sil, que uno lleva la fama y el otro el agua, el pulpo llenó los titulares, mientras otro cefalópodo, el choco, se quedó más en la sombra, pero igual de alto. El producto está prácticamente desaparecido de las cartas de muchos restaurantes en la costa. En otros figura, pero caro. Además, este verano se ha impuesto una veda que va desde la mitad de las rías de Pontevedra y Vigo hacia el interior, porque es tal la presión que sufre esta especie que las propias cofradías aceptan que hay que permitirle un tiempo de descanso para que se recupere la población. La prohibición de capturarlo es la opción acertada, señalan desde el sector, para poner coto también a la pesca deportiva.

Congelar como recurso

En Portonovo, una restauradora explica su caso: «Con el choco yo ya me conozco el tema. Hubo poco. Lo compro en invierno o primavera y lo congelo», precisa. En febrero, iba ya a siete euros el kilo, así que no es extraño que esta profesional optase por adelantarse a la escalada mayor. Por eso lo puede vender ahora en menú, en arroz a la cazuela, por diez euros. Aún así, son dos euros más que el verano pasado. ¿Y en la plaza cómo se cotiza? Por las nubes. Hace unos días bailaba de 12 a 13 euros en Arousa, A Coruña, Pontevedra, Lugo y Ourense. No es chocante, por tanto, la justificación que ofrece un restaurador ourensano a la ausencia del producto en su carta: «Está realmente caro, así que no lo traigo».

Tercera opción

El calamar sustituye entonces al choco y al pulpo, pero en Portonovo confiesan que el precio está alto en lonja y después hay que subirlo más en la carta de los restaurantes. «Un xa non sabe a que prezo vender», admite un hostelero de la zona. «Pegou unha subida hai dous anos e xa non volveu baixar».

¿Y la sardina? Pues también está escalando el Olimpo de los pescados otrora humildes. Hay poca, muy poca. Solo así se explican las raciones a 7 euros en locales de Pontevedra, o los 7 y 8 euros en plaza en A Coruña y Ourense. Habrá que ver qué pasa en invierno.

La falta de cuota retira del mercado especies todavía en temporada, como la sardina y el bonito

e. a.

Todavía es temporada de sardina. Y también lo es de bonito del norte. No obstante, para la flota de Galicia que los pesca, se acabó lo que se daba. Es posible que hoy todavía se encuentren ejemplares de ambas especies a la venta en los mercados, pero serán de los últimos que se comercialicen capturados por barcos gallegos, dado que se ha cerrado la pesquería de sardina -tanto para las artes de cerco, racú y piobardeira como para el xeito- y se ha puesto fin a la costera del bonito. Y en ambos casos, por agotamiento de la cuota de que disponía España. En el caso de la sardina, el cierre de la pesquería, impuesto a partir del mediodía de ayer, tiene carácter precautorio -en tanto se recuentan las capturas-, pero pocos visos hay de que pueda reabrirse.

Costera fugaz

Tampoco albergan muchas esperanzas los boniteros de ver alargada la campaña. Sobre todo tras ampliarse ya al día 23, después de que Madrid le hubiese puesto el 17 como fecha límite. La flota despidió la costera más corta de la historia rechinando los dientes porque, asegura, hay recurso y, sobre todo, demanda, como lo demuestran los precios.

Los boniteros están convencidos de que habría sido una costera excepcional si no fuese por el abrupto cierre de una campaña en la que el bonito pasó muy rápido hacia el golfo de Vizcaya -de ahí que la flota de cebo vivo acaparase tantas capturas- y muy cerca de la costa, lo que hizo más rentable la campaña y, de paso, complicó la faena a los arrastreros pelágicos franceses e irlandeses.

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