Irlanda exige un aval de 339.000 euros al barco gallego al que acusa de «finning»

No impone cargos al patrón, pero exige el depósito para dejar salir al pesquero

Bruselas obliga a desembarcar cuerpos y aletas juntos
Bruselas obliga a desembarcar cuerpos y aletas juntos

redacción / la voz

Por finning se conoce la práctica prohibida de pescar tiburón, cercenar su aleta y tirar el cuerpo del escualo por la borda. Esa praxis -a la que la flota gallega asegura que siempre ha sido ajena, pues aprovecha tanto el tronco como las extremidades- es a la que la Comisión Europea ha querido cerrar toda rendija al imponer a sus barcos la que se conoce como política de aletas adheridas, una norma que impide a los pesqueros comunitarios cortar las extremidades a bordo y les obliga a desembarcar los ejemplares con la extremidad pegada al cuerpo. 

Ese reglamento y su interpretación por parte de las autoridades irlandesas es lo que mantiene retenido en el puerto de Castletownbere desde el jueves pasado al pesquero de Burela Virxen da Blanca, al que Irlanda acusa de hacer finning por tener a bordo aletas anales de quenllas (tintoreras) separadas de sus respectivos cuerpos. 

Por más que las autoridades españolas hayan certificado que el barco no ha cometido ningún delito en la operativa y que la manipulación de la quenlla es correcta, Irlanda, en una vista rápida celebrada ayer, impuso una garantía de 339.000 euros para dejar salir al barco, aval fijado tras valorar la mercancía, los aparejos y calcular la multa a la que tendría que hacer frente el pesquero. Eso sí, no impuso cargos al patrón del pesquero y, además, esa fianza podría descontarse o devolverse en función del fallo de un juicio que podría celebrarse a finales de octubre o de noviembre.

Pero por más que se pueda reintegrar si el barco sale absuelto, el depósito que exige Dublín es una cantidad «desproporcionada», a juicio de Sergio López, gerente de la Organización de Productores Pesqueros (OPP 7) de Lugo, a la que pertenece el Virxen da Blanca. «É unha contía moi elevada que non é fácil de reunir», explicó. Con todo, la intención de la casa armadora es la de depositar el aval si puede ser «o mesmo luns, traer o barco para España e pedir a un notario unha certificación da descarga». Que dé fe de los kilos que hay en las bodegas, del número de unidades, de las especies que vienen, de las aletas...

Ante notario

Todo porque la armadora y la OPP 7 están convencidos de que Irlanda confunde lo que es finning, que consiste en hacer negocio solo con la aleta de tiburón, desperdiciando el cuerpo. Eso es algo que no hace el Virxen da Blanca y, según defiende la flota, ningún pesquero gallego. De hecho, el barco de Burela lleva en sus bodegas las quenllas en mallas de plástico con las aletas dorsales, pectorales y demás en su interior. Ocurre que, en ocasiones, al eviscerar la quenlla, las aletas anales acaban cortadas y, sobre todo el caso de los ejemplares más pequeños, se caen de la bolsa, con lo que se almacenan aparte. Pero eso no significa que se haya tirado el cuerpo, algo que es contrastable si se recuenta el número de unidades.

A eso parecían estar dispuestos los inspectores irlandeses, que, según explicó Sergio López, pretendían hacer desembarcar la mercancía en Castletownbere para comprobar lo que alegaba la casa armadora. Finalmente desistieron, después de que la representación jurídica de la empresa manifestase por escrito su intención de pedir daños y perjuicios por haberles hecho perder la mercancía.

La tripulación del Virxen da Blanca -trece personas, de las que tres son gallegas- permanece en Castletownbere a la espera de que las autoridades permitan al pesquero abandonar el puerto y poner rumbo a Galicia. Según el gerente de la OPP 7, los marineros están bien y ahora tranquilos, después de la tensión de la inspección por parte de una patrullera que, por cierto, ya los había inspeccionado 28 días antes: el 2 de agosto pasado.

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