La costera del bonito más corta cierra con aumento de capturas y facturación

España ha agotado su cupo de la especie, pero no los pelágicos irlandeses y galos

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redacción / la voz

Era una buena costera, excepcional. Demasiado, quizá, para que durase el tiempo que debería. La campaña de bonito del norte más corta de la historia se truncó el viernes pasado, dos meses antes de lo que era habitual otros años, porque había tanto recurso, que la cuota de la que disponía España (15.015 toneladas) simplemente se esfumó en cuestión de tres meses.

La lonja de Burela, uno de los principales destinos para la subasta del túnido en todo el norte español, no solo de la flota gallega, acogió ayer la última venta. Y, a pesar de la costera, el balance de capturas y de facturación no tiene nada que envidiar al alcanzado al menos el año anterior.

Abelardo Basanta, presidente de la asociación Armadores de Burela (ABSA), que gestiona la rula local, detalló que la minicampaña se despide, casi, con maxiresultados que, al menos, sí sobrepasan a los obtenidos en el 2017. Así, la temporada que acaba de decir adiós lo hace con 1.150 toneladas de bonito subastadas en Burela, que movieron 4,8 millones de euros (el precio medio por kilo fue de 4,25 euros). La costera precedente no alcanzó el millón de kilos vendidos, mientras que la facturación alcanzó los 4,4 millones. Claro que esa última no fue una buena temporada, reconoce Basanta, en parte por culpa de los arrastreros pelágicos irlandeses y franceses, que suelen rondar cada verano estas aguas, aunque se cuidan muy mucho de tocar las españolas, porque en ellas no podrían utilizar ese arte de pesca tan agresivo.

Pero, ¿por qué este año se ha agotado la cuota tan pronto? Porque, aclara el presidente de ABSA, este verano, no se sabe bien el porqué, el túnido se concentró en el golfo de Vizcaya, para deleite de los boniteros vascos, que usan el cebo vivo para atraerlo. «Tíñano ao lado da casa», resume Basanta. Esto se une a la abundancia también de bocarte, que los pesqueros usaban directamente como cebo, sin necesidad de desplazarse a otras zonas en busca de otros señuelos, como la sardina.

Y así se agotó la cuota enseguida. Las estadísticas oficiales confirman que la flota vasca, sobre todo la de cebo vivo, ha copado más de la mitad de la cuota española de atún blanco. Tampoco ha sido mala la costera para cántabros, asturianos y gallegos, que lo pescan al curricán, aunque en cantidades considerablemente inferiores.

Pero que se haya esfumado la cuota para España no quiere decir que ya no haya bonito. Al revés, lo hay en abundancia. Y, probablemente, se lo llevarán los pelágicos galos e irlandeses, lamenta Abelardo Basanta. «É unha cousa rara, porque tendo moita menos cota ca nós, non a dan esgotado», resaltó el presidente de los armadores burelenses.

Esos pesqueros utilizan redes de arrastre que arramplan no solo con el bonito, sino con todo lo que encuentran en el camino. Por eso están prohibidas en España, pero no así en otros países comunitarios, como Francia e Irlanda. Sus incursiones por la costa española en busca de bonito genera cada año gran malestar entre la flota nacional por los daños que ocasionan y porque esquilman los recursos.

Más cuota en el 2019

Ahora ya no hay nada que hacer. Pero el sector pesquero gallego exigirá al Gobierno que en las próximas negociaciones de las cuotas para el 2019 arañe mayor cuota de bonito del norte, a la vista de lo que ha ocurrido este año.

Burela subastó 1.150 toneladas por 4,8 millones, 400.000 euros más que el año pasado

La cuota se agotó en tres meses ante la abundancia de la especie en el golfo de Vizcaya

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