Furtivos de A Coruña vendían percebe a los subastadores dentro de la lonja

La investigación se centra ahora en determinar la implicación de las casas y de la rula


redacción / la voz

El poblado de O Portiño (A Coruña) se parapeta detrás de tres islas rocosas, arañadas por fuertes corrientes y zarandeadas por mar abierto: Illa do pé, Aguión y Vandabal. Un hábitat ideal para el percebe, como bien saben los habitantes de ese asentamiento que, según ha dejado al descubierto el último golpe del grupo de respuesta rápida policial (Erpol) de la Policía Autonómica, se servían de las rocas de esos islotes como si del huerto de detrás de casa se tratase. Sin importar si es o no tiempo de cosecha.

Ese archipiélago fue el epicentro de la operación Vandabal, que nueve meses después de haber arrancado -a raíz de una denuncia de la Cofradía de A Coruña- se cerró con 29 personas investigadas por delitos de furtivismo y receptación, 200 kilos de percebe requisado y un vehículo decomisado. Y lo más importante: el desmantelamiento de una trama que ponía producto extraído irregularmente en la mesa del consumidor, que lo adquiría por los cauces legales, dado que parte del percebe se vendía dentro del recinto de la lonja coruñesa del Muro a subastadores e intermediarios de varias empresas compradoras cuya implicación última se está investigando ahora. 

Por más trama que hubiese, de lo que no puede hablar la policía es de grupos organizados. Según constataron en las decenas, si no cientos de horas de vigilancia durante esos nueve meses de operación, es que cada furtivo trabajaba para sí. Y colocaba el producto de manera distinta. Unos lo hacían en el poblado mismo, pues, como observaron los agentes de la Erpol, un vehículo entraba habitualmente en O Portiño y adquiría a los furtivos el material, que luego introducía en el automóvil y supuestamente revendía a algún local hostelero. Este extremo no pudo ser corroborado, dado que, en el seguimiento que los policías realizaban al comprador, siempre lo perdían en la zona de Matogrande. Así es que, cuando ya habían reunido evidencias suficientes, decidieron interceptarlo al poco de salir del poblado y detenerlo por receptación. Ese día había recogido 20 kilos de percebe, que le fueron decomisados junto al vehículo.

Otros mariscadores ilegales se encargaban por su cuenta de la circulación. Vendían lo extraído en zonas próximas, como Los Rosales, a particulares.

Una tercera fórmula para legalizar el percebe de O Portiño llevaba a los furtivos fuera del poblado: hasta la misma lonja del Muro. Allí, los agentes comprobaron que los irregulares accedían al interior del recinto y vendían a personal que trabaja para varias casas subastadoras. 

Tres personas están investigadas por receptación, después de que los policías, que intervinieron a las 4 de la madrugada en la lonja, los sorprendiesen en algún caso con el material en la mano y, en otros, con la mercancía ya dispuesta en el suelo ya para ser subastada. En la rula se decomisaron cerca de 80 kilos.

El presidente de la lonja coruñesa, Juan Carlos Corrás, quiso alejar dudas al subrayar que toda la mercancía que subastan es legal, sustentada por papeles, y que no venden productos de furtivos.

De 60 licencias a 45 en diez años a causa del azote del furtivismo en los bancos de A Coruña

Si los hombres de la Erpol se apostaron en O Portiño durante nueve largos meses fue para tratar de dar respuesta a la desesperación de la Cofradía de A Coruña, que en agosto del año pasado acudió a la unidad de la Policía Autonómica para denunciar el aumento del furtivismo, sobre todo en esa zona, donde los vigilantes sufrían continuamente amenazas, insultos e, incluso, agresiones, por parte de los mariscadores irregulares.

Esa actividad ilícita ha diezmado considerablemente la cofradía. Hace diez años, 60 mariscadores disponían de pérmex para extraer percebe en las concesiones coruñesas; hoy solo quedan 45. Además, si antes era suficiente con una licencia para el crustáceo, actualmente deben disponer de varia para poder llegar a fin de mes, algo que no siempre consiguen.

Eso sin contar que los furtivos no respetan las tallas mínimas, interrumpen el ciclo natural de reproducción de la especie y esquilman la zona al hacer imposible su recuperación, dado que las larvas no encuentran población adulta para fijarse. Precisamente, ese afán de regeneración fue lo que llevó, justo en agosto pasado, a la cofradía a fijar un paro biológico para la zona de O Portiño, un descanso que seguía en pie cuando la Erpol cerró la operación Vandabal y al que los furtivos hacían por completo caso omiso.

«Mientras haya alguien que compre el marisco, siempre habrá alguien que vaya de furtivo»

Tiene entre sus logros el haber reducido a la mínima expresión el furtivismo y la conflictividad en la ría de O Burgo, y ahora confía en que él y su equipo hayan librado a O Portiño de una lacra que, mal que le pese, «nunca se acaba», porque «es una forma de vida». Y muy rentable, según pudo comprobar en la operación Entrerrúas, que además de desmantelar una red en las concesiones de Cabo de Cruz, permitió conocer cuánto ingresa un furtivo (hasta 8.000 euros en tres meses). Al frente de un equipo de 31 personas, agradece la colaboración prestada por los agentes del Servizo de Gardacostas de Galicia y, especialmente, por los veterinarios adscritos a ese cuerpo.

-¿La Vandabal será el fin del furtivismo en O Portiño?

-No lo sabemos. Lo veremos más adelante. La cofradía, que era la principal perjudicada, está contenta. De todos modos, el furtivismo no se acaba nunca. Siempre hay. Es una forma de vida.

-¿No se podrá atajar nunca?

-Hay mucho que hacer. Lo estamos cortando. Hay que ir a la raíz del problema, pero también a los canales de comercialización. Es fundamental atacar por ahí. Si el furtivo no tiene dónde vender, desistirá. Mientras haya alguien que compre el marisco, siempre va habrá alguien que vaya de furtivo.

-¿Hay que actuar por la vía de la comercialización, entonces?

-Por las dos vías, pero, desde luego, son los compradores los que están promoviendo el furtivismo. Hay que destruir la vía comercial. Coger al furtivo es relativamente fácil, pero si sigue en pie ese canal, siempre habrá un proveedor para abastecerlo.

-¿La lonja de A Coruña era consciente de que se vendía percebe de los furtivos?

-Se ha pedido documentación a la lonja para estudiarlo. Eso sí, las operaciones se realizaban dentro.

-¿Ha mejorado la efectividad del equipo casi tres años después de que el furtivismo se considere delito?

-Ahora estamos mucho más especializados, documentamos mejor nuestras acusaciones, colaboramos con otros cuerpos de seguridad, vamos de la mano con Fiscalía, nos reunimos con cofradías y productores... Al principio, cuando el furtivismo reincidente se tipificó como delito, quizá por la premura en dar respuesta, muchos casos que llegaron al juzgado fueron archivados porque no estaban bien sustentados, pero, a raíz de esos errores, hemos aprendido y evolucionado y formado un grupo de investigación con agentes especializados.

-¿Qué cualidad debe tener ese agente especializado?

-Sobre todo, paciencia. Es mucho tiempo dedicado a seguimiento, a observación, en ocasiones a horas intempestivas... En este caso fueron nueve meses. Y muchas horas se dedicaron a tratar de identificar a un único furtivo que, en cuanto nos detectaba, se quedaba en la isla, un lugar de fuertes corrientes, con lo que nos veíamos obligados a retirarnos porque la marea subía y el hombre corría peligro y no fuera a ser que por conseguir un bien se causase un daño irreparable.

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