La flota gallega trabaja con normalidad, ajena a la creciente tensión entre Mauritania y Senegal por los incidentes pesqueros

El sábado murió un pescador senegalés por disparos de los guardacostas mauritanos


nuakchot / efe

La muerte de un pescador senegalés por disparos de los guardacostas mauritanos el sábado puede envenenar las relaciones entre los dos países vecinos, que en 1989 vivieron momentos de extrema tensión que terminaron en la ruptura diplomática.

Los incidentes de pescadores senegaleses con soldados mauritanos que los acusan de invadir sus aguas son habituales, pero raras veces acaban violentamente. Pero el sábado los militares abrieron fuego contra el pesquero senegalés, con 9 tripulantes a bordo, y mataron a uno de ellos. Cuando trascendió el incidente, masas furiosas de senegaleses salieron a las calles de Saint-Louis (ciudad pesquera al norte del país, fronteriza con Mauritania) para saquear y destrozar los comercios pertenecientes a mauritanos.

El ambiente recuerda al de abril de 1989, cuando se desató una ola de violencia contra las comunidades de senegaleses en Mauritania y viceversa, que causaron medio centenar de muertos y desplazamientos masivos de población que afectaron a más de 200.000 personas en una y otra parte, además de la ruptura de relaciones diplomáticas durante tres años.

Aunque las condiciones actuales no son las de 1989, hay razones para temer una evolución peligrosa, estima el analista mauritano Ahmed Salem uld Moctar, que subraya las difíciles condiciones del sector pesquero senegalés, acosado y perseguido por las autoridades mauritanas.

Nuevas condiciones

En las ricas aguas del delta del Senegal, donde está Saint-Louis y la frontera entre los dos países, la pesca ha estado dominada por los senegaleses, pero los mauritanos han tomado conciencia de su potencial y son más celosos que en el pasado de su frontera marítima. Así, Mauritania definió el pasado año una nueva estrategia nacional que obliga a todo el sector que faena en el país (compuesto casi exclusivamente por senegaleses) a desembarcar sus capturas en puertos mauritanos, donde las condiciones son más draconianas, y ya entonces esa directiva enfureció a los senegaleses, acostumbrados a descargar en Saint-Louis. Uld Moctar considera que Mauritania, aunque protege sus intereses, ha demostrado siempre una actitud de contención y que el incidente del sábado debe entenderse como excepcional.

El Ejército mauritano hizo público un comunicado con su versión de los hechos, según la cual el barco, que practicaba «pesca no autorizada», se negó a obedecer las órdenes de una fragata mauritana, con la que «trató de entrar en colisión para dañar su armazón». Fue entonces cuando los guardacostas dispararon para frenar el ataque.

El Ejército mauritano precisó en ese comunicado que solo en el año 2017 sus unidades de vigilancia marítima efectuaron 62 operaciones de intercepción, arrestaron a 930 pescadores y les confiscaron 108 cayucos, sin que hubiera que lamentar ninguna muerte.

Mientras, la flota gallega que faena en la zona, cinco barcos cefalopoderos reconvertidos en arrastreros demersales, trabaja «sin problema ninguno» y con total normalidad, ajenos por completo a las tensiones, según fuentes de Anacef.

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