El Parlamento gallego revalida su apoyo a Long Hope y vota por demandar a Oslo

Años después del primer acuerdo, los exmarineros siguen pleiteando por su cuenta

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redacción / la voz

La causa de Long Hope es una de las pocas cuestiones capaces de poner de acuerdo a PP, PSOE, BNG y En Marea en el Parlamento de Galicia. El jueves volvió a quedar de manifiesto. Todos los grupos políticos apoyaron la moción de En Marea para exigir al Gobierno central que demande a Noruega ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por discriminar y dejar fuera de su sistema de protección social a 8.000 marineros por razón de nacionalidad, pues les exigía tener allí fijada su residencia para poder cotizar y recibir pensión de jubilación una vez retirados.

Claro que no es la primera vez que se toma este acuerdo. Hace siete años se pronunció de igual manera: exigiendo al Ejecutivo central que defienda a un colectivo que, a fin de cuentas, solo está reclamando que se repare una grave injusticia social, recordó Montse Prado, portavoz de Pesca del BNG, grupo que entonces auspició la iniciativa.

Como no podía ser de otra manera, el Bloque apoyó la moción ahora firmada por En Marea y pidió que el apoyo unánime no se quede en un simple texto recogido en el boletín de la sesión, sino que el Ejecutivo autónomo se preocupe de saber si se concreta en algo. Prado confesó sentir una «tristura inmensa» por estas personas que llevan años peleando por su derecho, sin cobrar retiro o con pensiones ridículas en comparación con las cantidades que pagaron en impuestos -en algunos casos hasta el 40 % de su salario- y que muchas hayan muerto sin ver atendida su reclamación.

Para Carmen Santos, de En Marea, es «unha crueldade e unha ruindade» que se permita que Oslo condene a un laberinto judicial del que a saber cuándo saldrán a trabajadores retirados que en su mayoría superan los 80 años.

Díaz Villoslada, del PSdeG, por su parte, señaló que, tras las resoluciones judiciales de Noruega, tumbando las aspiraciones de Long Hope y retrotrayéndolas casi al principio del proceso, «non queda outra que o Goberno galego e o español intensifiquen as súas accións para obter o recoñecemento dos seus dereitos». Aludió también a las palabras de Dastis, el ministro de Exteriores, cuando se reunió con Long Hope, que aseguró que si las acciones para reparar un «trato injusto y discriminatorio» no daban resultado, estaba «dispuesto a usar la vía jurídica».

Convenio rechazado

El PPdeG también se puso de lado de los marineros jubilados de Long Hope y apoyó la moción. Ahora bien, por boca de su diputado Alberto Pazos, negó que la Xunta se haya desentendido de estos afectados, como reprocharon desde la oposición. Señaló que políticamente «se trasladaron eses acordos ás instancias correspondentes» y económicamente «propuxemos un convenio xeneroso con Long Hope, que aportaba 70.000 euros dos 90.000 que solicitaban, e que non se asinou por discrepancias na vixencia e porque a asociación non o estimou oportuno dado que, supoño que mal asesorada, dixo que o que se perseguía era unha foto» para la campaña electoral de entonces. Pazos señaló que si «hai interese en retomar ese convenio ten que ser Long Hope quen así o manifeste».

Una «gira» por las capitales de Europa que arrancó en la de Noruega

Los impulsores de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares recibieron el domingo pasado el premio Nobel en un día en el que el termómetro marcaba en Oslo 8 grados por debajo del 0, pero corría un airecillo que hacía que la sensación térmica fuese de -15. Lo comprobaron en sus carnes los directivos de Long Hope que se desplazaron a la capital noruega para manifestarse y dar a conocer al mundo sus problemas. «Houbo un momento que me preocupei porque algún compañeiro ata estaba denegrido», comenta Alberto Paz, portavoz del colectivo que reclama a Noruega esa pensión para la que no pudieron cotizar porque el país no les daba cobijo en su seguridad social por no tener allí su residencia, aunque eso no fuese impedimento para pagar impuestos por servicios que nunca usaron por no vivir allí.

Pero el esfuerzo valió la pena. Aunque la autorización para la protesta vencía a las 13 horas, justo cuando comenzaba la ceremonia, la petición de una prórroga por parte de Long Hope a las autoridades permitió que aún estuviesen blandiendo la pancarta cuando entraron las primeras delegaciones. Los vio la española, los observaron los chinos, los rusos, después entrarían los americanos... «Polo menos enteráronse da inxustiza», dice Paz.

Oslo fue el arranque de una gira que los llevará por las capitales de Europa y que proseguirá en marzo en Londres. Eso si no se cuenta Santiago, donde se concentrarán en febrero. Ni Madrid, a donde viajarán en enero para entrevistarse con los partidos políticos del Congreso.

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