El arrastre coruñés plantea pasar a la gestión conjunta si la UE reabre la cigala

Pescagalicia sostiene que las descargas cayeron a raíz de implantar las cuotas por barco


redacción / la voz

El arrastre coruñés está decidido a revertir la prohibición de pesca que pesa para la cigala en el Cantábrico. Y si no es posible eliminar ese TAC cero (total admisible de capturas) que los ministros de los Veintiocho consagraron en diciembre pasado para este año y el que viene en todo el caladero, al menos rescatar del cierre la unidad funcional 25 (UF 25), que cae en aguas gallegas. Y es que Pescagalicia sostiene que esa decisión tan drástica se tomó en base a una estadística engañosa, que constata un descenso que, a su juicio, nada tiene que ver con la situación biológica de la especie, sino con el reparto de cuotas por embarcación impuesto por el plan de gestión del Cantábrico, y a datos absolutamente erróneos, como se demostró en la campaña Caracas, realizada el verano pasado por buques de esa agrupación para analizar la abundancia de cigala en las aguas ibéricas.

Por eso, además de ofrecer argumentos a la Administración para tratar de que Bruselas reconsidere esa prohibición de pesca para el crustáceo -como el abultado número de desguaces de barcos que tradicionalmente tenían por objetivo el crustáceo o la sensible reducción del esfuerzo pesquero de los barcos debido al plan de recuperación de la merluza y la cigala-, plantean al mismo tiempo un cambio del modelo de gestión en el caso de que prospere la ofensiva y Bruselas reabra la captura de la especie. Esa alteración del modelo consistiría en dejar atrás el reparto lineal por embarcación que se realizó en el 2011 para pasar a una explotación conjunta por cuatrimestres, de forma que la mitad de la cuota se concentrase entre mayo y agosto, un cuarto de la misma quedase para el arranque del año y otro tanto para la recta final.

Pescagalicia incide en que han sido los cambios administrativos los que provocaron que, en el caso de los buques de su asociación, pasasen de los 32.293 kilos capturados por la flota en el 2011 a los 5.620 que se desembarcaron al año siguiente. A su entender, la cuota asignada a las parejas o a las bakas que van al jurel, quedó sin consumir y no fue aprovechada por los barcos que sí se dirigen a la cigala.

Discrepancias

Sin embargo, este argumento que Pescagalicia esgrime para explicar el descenso que hizo saltar las luces rojas en el órgano científico que asesora a la Comisión Europea, el ICES (Consejo Internacional para la Explotación del Mar), no es compartido por otras agrupaciones gallegas del arrastre que opinan que el reparto individual nada tiene que ver con la caída de los desembarcos. Ahora bien, coinciden con los coruñeses en la conveniencia de revertir ese TAC cero para todo el Cantábrico -y no solo la UF 25- y de conseguir que se admita la captura de esas exiguas 50 toneladas que se podían capturar en el 2016, antes de que los ministros echasen el cerrojo a la cigala del Cantábrico.

Desde la OPP Lugo apuntan que cualquier TAC 0 es perjudicial, pues impide incluso comprobar la evolución del recurso y señalan que, aunque la población de cigala estuvo en situación realmente crítica, cuando se prohibió, esta ya daba signos de recuperación.

El sector propone hacer muestreos para aprovechar lo que queda de cuota científica

Aunque la captura de cigala está prohibida desde enero pasado, la insistencia de los arrastreros en la necesidad de que se evaluase el caladero hizo que Bruselas concediese una pequeña cuota científica para que un par de barcos, con personal del Instituto Español de Oceanografía a bordo, pudiesen recoger datos sobre la abundancia de cigala en el caladero en el marco de la campaña Caracas. Ese cupo fue de 4.252 kilogramos, de los que se consumieron apenas la mitad, dado que la exploración se realizó entre mediados de agosto y finales de septiembre, pasado ya su pico de abundancia, que se sitúa, según el informe que elaboraron los científicos, en los meses de junio y julio.

Pescagalicia considera que sería un error no aprovechar esos 2.000 kilos de cuota científica para seguir realizando muestreos que permitan completar los datos aportados por el sector al ICES y, de paso, poder aprovechar comercialmente las capturas, justo en un momento en el que la especie alcanza cotizaciones máximas.

La propuesta es que sigan siendo el Burelés y el Ana Isabel los barcos que recopilen datos para conseguir corroborar el diferente efecto que tienen sobre la cigala las diferentes formas de arrastre. Según el estudio realizado, los barcos que operan en pareja no tienen incidencia alguna sobre la pesquería, mientras que los arrastreros que tienen el jurel por especie objetivo capturan entre el 0,3 y el 0,7 % de cigala. Son los de arrastre demersal los que más crustáceo extraen: entre el 1,45 y el 3,78 % del total.

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