Nuevas tecnologías para depurar las aguas residuales de las conserveras

El sistema permitirá reducir hasta en un 30 % el consumo energético de la industria


Vigo / La Voz

Reducir el consumo energético entre un 20 y un 30 %, y mejorar sensiblemente la calidad del efluente eliminando hasta en un 95 % la cantidad de materia orgánica y en un 90 % el nitrógeno son los beneficios que aportará la aplicación de nuevas tecnologías en el tratamiento de aguas residuales de la industria conservera. Son algunos de los objetivos que se han fijado los socios del proyecto Life Seacan, que lidera Cetaqua Galicia (Centro Tecnológico del Agua), en el que participan las universidades de Vigo y Santiago, y que cuenta con la colaboración de Anfaco.

Alberto Sánchez, gerente de Cetaqua, señala que los sistemas que las conserveras utilizan en la actualidad para eliminar la contaminación del agua que vierten, bien a la red, bien directamente al mar, tienen más de un siglo, «por lo que es fácil entender que son perfeccionables», afirma. Añade que lo que están buscando son tratamientos alternativos que, con un menor coste de explotación, incremente los beneficios medioambientales.

Dos litros de agua para una lata

Para dar una idea de lo que puede suponer cualquier avance en este terreno, por pequeño que sea, baste decir que para producir un lata de atún de 80 gramos se necesitan 2 litros de agua. Teniendo en cuenta que Galicia produce 4.300 millones de latas, la ecuación es fácil. Pese a que una parte de esas aguas residuales se vierten en las redes de alcantarillado de los municipios en los que están enclavadas las empresas, el 12 % de los vertidos al mar proceden de la industria conservera. «De ahí la importancia de un proyecto como este», defiende Alberto Sánchez, que afirma que las primeras instalaciones pueden llegar al mercado a partir del 2019. «Ahora estamos en plena fase de testado de prototipos», señala.

Las pruebas se están realizando en una conservera de las Rías Baixas que, de momento, prefiere guardar el anonimato. Lo que sí puede decir Sánchez es que se trata de una empresa de tamaño medio en la que se han instalado dos prototipos diferentes que, dice, son variantes de la misma tecnología de biopelícula. La primera basada en lodo granular aerobio y la segunda, en biorreactores híbridos.

Los procesos biológicos para el tratamiento de aguas residuales, denominados de biopelícula, utilizan un medio plástico para el desarrollo de microorganismos, de tal forma que el medio plástico entra en contacto con el agua residual y crecen microorganismos adheridos a la superficie, formando una capa que constituye una película biológica. Estos microorganismos se alimentan de la materia orgánica disuelta en el agua residual.

Reutilización

El paso siguiente será conseguir la reutilización de las aguas residuales. «El objetivo es extraer todo lo que se pueda», dice Alberto Sánchez. Por ejemplo productos de alto valor añadido que puedan servir a la industria química como ácidos grasos volátiles o bioplásticos. «En este campo estamos en una fase muy inicial», reconoce.

Añade que aún hay un último paso en fase embrionaria, reutilizar el agua residual una vez extraído todo el valor posible. Por ejemplo, para baldeos o en sistemas de refrigeración. «No solo la trato y la vierto, sino que la aprovecho al máximo. No hay sector económico en Galicia que no dependa del agua», concluye.

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