La presencia de arrastreros pelágicos extranjeros inflama a la flota gallega

Los boniteros se quejan de que se aprovechan de su trabajo y las bakas y parejas reclaman poder faenar en las mismas condiciones que franceses, irlandeses y lusos


redacción / la voz

Sábado por la mañana. Un armador coruñés abre en su móvil la aplicación en la que siempre consulta la previsión del tiempo antes salir de pesca -deportiva, claro, porque su arrastrero, de bandera española y con base en Galicia, tiene que cumplir el descanso semanal obligatorio, no como el portugués que ese mismo día (el 23) está faenando a doce millas y media de donde está amarrado el suyo-. Se fija en el estado de la mar y le llama la atención un apiñamiento de triángulos y puntos -como esa aplicación representa las embarcaciones que capta el AIS (Sistema de Posicionamiento Automático)- a partir de la milla 13. Incluso en la 12,5. Se trata de un grupo de arrastreros pelágicos de bandera francesa e irlandesa. Muchos, aparecen como un punto. Señal de que están parados. Curiosamente, dentro de la raya de las 12 millas, un puñado de barcos de bandera española. Son boniteros, que han localizado un banco a escasa distancia de Estaca de Bares. Si no lo capturan ellos de día, franceses e irlandeses lo harán de noche. Es el cuento de todas las costeras.

Al armador del relato se lo llevan los demonios. Tanto que hincha el pecho el Gobierno español al hablar de sus esfuerzos para luchar contra la pesca ilegal por la competencia desleal que esta supone y permanece impertérrito cuando esos agravios se cometen a la puerta de casa. Porque eso creen que es lo que supone tener a embarcaciones que en algunos casos tienen hasta 63 metros de eslora -o eso es lo que detalla la aplicación al pinchar sobre un barco irlandés- con reglas distintas a las suyas: una ofensa. 

Desguaces

«Se o caladoiro está tan mal que houbo que despezar arrastreiros e aínda están dicindo que hai que desbotar outros 30 máis, ¿como é que se permite que veñan a pescar á porta da casa con aparellos que a min non me deixan usar non sei aínda por que? ¿Nos están a regular a nós para facilitar que veñan os demais

El lamento del armador coruñés expresa el sentir común de una flota ya bastante indignada con tener que lidiar en sus lonjas y mercados con el producto que pescan los barcos portugueses que operan en condiciones distintas -más ventajosas, a su juicio, dado que mientras ellos descansan por imperativo legal los lusos se les adelantan-. Y que se inflama más al ver que más de una veintena de embarcaciones de su misma modalidad faenan a su lado con redes de arrastre pelágico que a ellos les están vedadas.

Vale que ahora vienen al bonito, pero «quen di que mañá non estarán aquí collendo xarda, xurelo, lirio ou outras especies que collemos nós. Barcos que, ademais, collen nun día a cota que eu teño para todo o ano». Sus compañeros asienten y suscriben lo que va expresando el más irritado. Mejor dicho, el más vehemente.

Descartes

«Levan mes e medio. O ano pasado estiveron toda a campaña. E enriba nós pescando toda a porquería que descartan eles». Por ahí, por lo que devuelven muerto al mar, es por donde España quiere perseguir a los arrastreros pelágicos galos e irlandeses, pues por otro flanco es difícil: operan en aguas comunitarias, con los papeles en regla, con aparejos permitidos por la legislación de su país... Quizá esté ahí la clave, apuntan los arrastreros. «Que nos deixen a nós pescar como eles», dicen. Al fin y al cabo, nadie recuerda ya por qué está prohibido en España el arrastre pelágico. Ni siquiera la Administración, «que non nos contesta cando consultamos». Dicen que incluso les ahorrarían problemas con los ecologistas, más beligerantes con el arrastre de fondo que usan flotas como la gallega.

Lo que no se puede es «seguir permitindo estas diferenzas». Ni con Francia e Irlanda, ni con Portugal. «Queremos as mesmas condicións para todos».

Los foráneos, detrás de la espantada de barcos de la costera

La compañía no deseada que desde un tiempo a esta parte tienen los barcos españoles que participan en la costera del bonito es uno de los factores que el sector menta para explicar por qué ha caído drásticamente la participación gallega en la que antaño era una de las campañas más importantes del año para flotas como la de A Mariña. No es el único motivo, por supuesto. Y puede que ni siquiera el de mayor peso, pero sí se cita entre los más importantes. 

Quizá si la temporada 2016 no destacase por ser una de las más nefastas de la historia -si no la que más-, si el combustible estuviese más caro, o si escaseasen las cuotas de otras especies, a los barcos no le quedaría otra más que ir en pos del Príncipe Azul y apandar en ese juego que desde hace unos años mantienen con los arrastreros pelágicos franceses e irlandeses, de usarlos como cebo para localizar los bancos de atún blanco y largar en horas las nocturnas, cuando los que pescan con cacea están parados. 

Pero se da la circunstancia contraria y los barcos que suelen ir a la costera del bonito -en A Mariña palangreros de superficie y algún que otro pincheiro de Gran Sol- se defienden bien capturando pez espada y quenlla, que por encima tienen buenas cotizaciones, y otros todavía disponen de cuota de merluza.

Así es que de Burela, de donde en junio suelen poner rumbo a las Azores unos 16 o 18 barcos, en esta campaña solo lo han hecho seis. Con todo lo que eso significa para la capital gallega del bonito del norte. La concurrencia de barcos de otras comunidades, principalmente vascos, mitigó esa menor aportación a la lonja de la flota local, que, de todas maneras, se apreció, puesto que las cifras aún están por debajo de una costera tipo, según Miguel Neira, gerente de ABSA. Si en una campaña normal se subastan en Burela 1.600 o 1.800 toneladas, en esta todavía no se ha llegado a las 1.000; y la facturación es de 4,3 millones, cuando lo habitual es que se estén rondando los 5 o 7 millones de euros. 

En las últimas

Con todo, la flota prácticamente ha finiquitado la temporada. «En agosto pescou moi ben, pero setembro está xa moi floxo», dice Neira. Quizá por eso los barcos irlandeses ya hayan desaparecido del caladero dejando solos a los franceses, que continúan apiñados en las 12 millas.

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