Un invierno seco, una primavera temprana y el viento del noreste en verano provocan un mayor engorde del mejillón

Entre el equipo de científicos que participaron en el proyecto están Uxío Labarta, Xosé Antón Álvarez-Salgado, Vanesa Vinseiro y María José Fernández Reiriz

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redacción / la voz

Científicos del CSIC han dado con la explicación de por qué unos años el mejillón está más gordo que otros. Han concluido que el rendimiento en carne del bivalvo depende de las condiciones climatológicas después de observar un extenso conjunto de datos recogidos en diferentes zonas de la ría de Ares-Betanzos a lo largo de más de un decenio (del 2001 al 2012) por la empresa Proínsa -que lleva años colaborando con el CSIC en distintos proyectos-. Pero, además, han conseguido descifrar cuáles son las mejores condiciones para una cosecha óptima del bivalvo. Así, sostienen que los inviernos secos, seguidos de una primavera adelantada y un verano generoso en vientos del noreste dan mejillones gordos, de esos que por su carne suben de precio en la época central de explotación.

Esa constatación ha sido recogida en la revista Ecological Indicators, que detalla los resultados de un estudio que se enmarca en el proyecto europeo ClimeFish (H2020), en el que participa el CSIC a través de dos grupos de investigación del Instituto de Investigacións Mariñas de Vigo -Geoquímica Orgánica y Ecofisiología de Bivalvos-, que tratan de evaluar los impactos del cambio climático en la acuicultura y pesquerías europeas en general, y cómo influye en el cultivo del mejillón, en particular. Algo en lo que el CSIC, en colaboración con la empresa Proínsa, de Sada, llevaban ya tiempo embarcados. 

Los resultados obtenidos demuestran «la utilidad de vincular el rendimiento en carne del mejillón con las condiciones climatológicas de una zona, porque permite inferir cómo podría afectar el cambio climático a la calidad del cultivo de mejillón», apuntan los científicos que participan en el proyecto, entre los que están Uxío Labarta, Xosé Antón Álvarez-Salgado, Vanesa Vinseiro y María José Fernández Reiriz.

Los biólogos señalan que «los ecosistemas marinos afectados por el fenómeno de afloramiento, como es el caso de la costa gallega, son altamente sensibles a los cambios en las condiciones climatológicas, particularmente a las alteraciones en el régimen de vientos costeros». Pero no es la única variable que interviene en el cultivo. También influyen los aportes continentales, el viento costero y la radiación solar. 

El lastre del aporte de los ríos

Ahora bien, si los vientos del noroeste tienen efectos positivos en la gordura del mejillón en primavera y en verano, y que los rayos del sol que determinan el desove de primavera afectan al inicio del engorde, ya no son tan beneficiosos los aportes de los ríos, que hacen bajar el rendimiento medio anual de la carne.

Estas inferencias de los científicos permiten augurar qué calibre de mejillón saldrá al mercado en la época central de la cosecha y son también útiles para discutir el impacto de futuros escenarios climáticos sobre el cultivo del bivalvo. En este sentido, los científicos recuerdan que, en las últimas décadas, el índice de afloramiento costero ha experimentado un descenso en la costa gallega, «lo que podría implicar una ralentización de la recuperación estival del rendimiento en carne desde su mínimo de primavera». Sin embargo, las proyecciones climáticas para este siglo apuntan a una intensificación del afloramiento, por lo que se prevé que haya más temporadas de mejillón gordo.

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