Gallo, cigala y jurel empañan un acuerdo que mejora las cuotas gallegas

España consigue dejar en el 1,4 % el recorte del 43 % propuesto para la merluza sur

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redacción / la voz

Lo más cerca que Bratislava está del mar es a 411 kilómetros. Es la distancia que la separa del Mediterráneo que baña las costas de Croacia. El Báltico lo tiene aún más lejos, a 683. Sirva esta introducción geográfica para explicar una primera propuesta de compromiso de la Presidencia eslovaca mucho más alejada de la realidad pesquera que los 2.121 kilómetros que Bratislava dista de Fisterra. Un punto de partida muy poco menos malo de lo que lo había situado la Comisión Europea y que inquietó a Tejerina y sus huestes, a Rosa Quintana y a los suyos, desplazados hasta la capital belga (a 1.300 kilómetros de Malpica).

Y, pese a ese nefasto panorama, las armas que llevó España, cargadas de munición en forma de informes de impacto socioeconómico, lograron revertir una situación que amenazaba con dejar a Ribeira con el mismo número de flota, cero, que Bratislava, a 2.118 kilómetros. Por una vez hubo más luces que sombras al término de la cumbre de ministros de Pesca en las que se decidieron los TAC (totales admisibles de capturas) y cuotas del año que viene. Claro que los oscuros son tan profundos que consiguen empañar un resultado global «satisfactorio» o «más que satisfactorio», según la rama del sector a la que se consultase la opinión, con subidas que, según el recuento del Ministerio de Pesca, alcanzan las 41.000 toneladas, y reportarán 44 millones de euros a los profesionales españoles.

El termómetro del ánimo arrojaba ayer muchos picos. De la euforia de aquellos puertos en los que la merluza de Gran Sol es el principal sustento al bajón de los enclaves en los que se hace fuerte el cerco o en los que tienen el gallo como enseña. Y en medio, el alivio de los que pescan merluza en aguas ibéricas y la estupefacción de quienes han visto disparadas las posibilidades de captura de rape.

Récord de merluza norte

Del nimio incremento que sugería la Comisión Europea para el stock de merluza norte, ese que se pesca en Gran Sol, los Veintiocho han conseguido arañar un aumento del 10 % con respecto a este año. ¿El resultado? Que la antigua flota de los 300, en la que ahora no llegan a 90, dispondrá el próximo ejercicio de una cantidad histórica de merluza: 33.781 toneladas disponibles para la flota española.

Esa subida, junto a la que se ha dado a la bacaladilla, del orden del 85 %, son los hitos más importantes del Consejo. Sin olvidar el 54 % de incremento que se ha acordado para el rape del sur, para sorpresa de una flota que no detecta tanta abundancia como para dar semejante incremento en las posibilidades de pesca.

Es la misma que se queda boquiabierta por el cierre de la pesquería de cigala en el Cantábrico y que no acierta a comprender esa importante rebaja en el gallo, tanto el que se pesca a las puertas de casa como el que se captura en Gran Sol, más pronunciado en este último caso.

La bajura aplaude el aumento en un 10 % del cupo de raya, el recorte de poco más de un 1 % para la merluza sur, para la que Bruselas proponía un recorte salvaje del 43 % y el incremento de la xarda, del 14 %.

El arrastre conmina a Pesca a trabajar ya para revertir el cupo cero de cigala

En A Coruña, en Muros, en Marín, en Burela, en Ribeira... En aquellos puertos en los que suelen descargar las bakas del día, la reacción era de satisfacción más que moderada. Afectados por la caída del jurel y del gallo, el incremento del rape y el mantenimiento de la merluza apenas consiguieron endulzar la amargura de ese TAC cero que los Veintiocho acordaron para la cigala del Cantábrico. Vale que eran solo 48 toneladas las que estaban autorizadas, pero se trata de una especie de alto rendimiento económico (una media de 20 euros el kilo) y que sirve de enseña para algunos puertos, caso de Muros y A Coruña.

Por eso el sector no dio ni tiempo a dormir a las autoridades -que cerraron el pacto a las dos de la madrugada- y, ayer mismo, la organización Pescagalicia envió un escrito al secretario general de Pesca, Andrés Hermida, para empezar a trabajar ya y fijar una estrategia que debe dar en la apertura de la pesquería no en el 2018, sino en el mismo 2017.

El resultado del Consejo de Ministros de ayer es vital para un sector que representa el 1,2 % del PIB gallego, mueve 1.200 millones de euros y emplea a unas 25.000 personas.

Reacción de los ecologistas

Y si en el sector pesquero gallego celebraban -por barrios, eso sí- que se haya podido esquivar muchos de los recortes planeados, las agrupaciones ecologistas reprochaban a los ministros de Pesca de los Veintiocho su empeño en desoír los consejos científicos y marcar totales admisibles de capturas por encima de lo que esos expertos recomendaban. Oceana, por ejemplo, vuelve a echar mano de ese informe que sostiene que las capturas serían mucho mayores si las pesquerías se gestionan de forma sostenible.

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