España perpleja por los recortes que propone la UE a las cuotas de pesca

Representantes del sector consideran «un absoluto desastre» el arranque de las negociaciones


Bruselas

Con perplejidad e indignación. Así recibió ayer España la propuesta de la presidencia de turno de la UE durante la negociación de los totales admisibles de capturas (TAC) y cuotas del Atlántico para el 2017. El mazazo inesperado llegó a primera hora de la mañana en forma de recortes salvajes. Nada menos que un 20 % para la merluza ibérica y un 45 % para el jurel del Cantábrico, las especies de principal interés para la flota gallega.

La ministra española de Pesca, Isabel García Tejerina, no encajó bien el golpe y reaccionó con dureza a la irracional e insensata oferta, que también se granjeó el rechazo mayúsculo del ministro francés, Stèphane Le Foll. «Ningún país está a gusto con la propuesta», reconocieron fuentes del Consejo. El extenso catálogo de recortes sembró la indignación de los 28 países miembros tras ver cómo la tijera también alcanzaba al rape y gallo ibéricos (-10 % y -15 %, respectivamente) y al rape y gallo del Gran Sol (-10 % y -25 %), también especies de interés para la flota gallega.

«Es un absoluto desastre», aseguró el gerente de la Cooperativa de Armadores de Vigo, Hugo González, en plena refriega política entre los ministros. Ni los informes ni los estudios socioeconómicos que puso Tejerina sobre la mesa surtieron efecto. El comisario de Pesca, Karmenu Vella, y la presidencia eslovaca hicieron caso omiso a las reiteradas llamadas de auxilio del sector pesquero español y dilapidaron todas sus esperanzas de alcanzar un acuerdo razonable para equilibrar la necesidad de mantener en buen estados los stocks sin poner en riesgo la viabilidad económica de su actividad. 

«Proposta lamentable»

«A primeira proposta é lamentable», admitió la conselleira de Mar, Rosa Quintana, desplazada a Bruselas. Galicia dejó claro que no se conforma con el maquillaje propuesto por la UE: «Nunca estaremos satisfeitos se nos vamos para casa con algún recorte, pero bueno, son as normas de xogo», aseguraba la titular gallega de Pesca antes de pedir cautela. La propuesta final llegaría entrada la noche.

Y es que las negociaciones se han convertido en un juego a 28 en el que siempre pierde España. Lo hace desde que entró en la UE en el año 1986.

La discriminatoria política de reparto basada en el principio de estabilidad relativa le obliga a aceptar un volumen de cuotas mucho menor del que debería disfrutar dado el tamaño de su flota, la más potente de la Unión. Otrora se le conocía como «La Gran Armada», todo un ejército de buques que sembraba el miedo de sus competidores daneses y franceses. Eran tiempos en los que los barcos gallegos todavía podían salir a faenar y no corrían el riesgo de acabar desguazados. Ahora se las ven y se las desean para poder salir al mar, a pesar de que sus colegas irlandeses y británicos, por ejemplo, disponen de excepciones como las Preferencias de la Haya, que les permiten mantener un volumen de capturas aceptable. 

Los recortes vienen en el peor momento posible para la flota. Se avecina tormenta. No solo por la escasez de caladeros, la competencia de flotas extracomunitarias y el corsé impuesto por la política comunitaria de pesca, en torno a la obligación de desembarcar las capturas en puerto y alcanzar el rendimiento máximo sostenible (RMS) para todas las especies en el 2017, como quiere Bruselas. El sector pesquero teme que lo peor esté por venir dada la falta de previsión de la Comisión Europea a la hora de hacer aplicable su restrictiva política. «A Comisión erra. Quere acadar o RMS no 2017, pero iso non foi o que acordamos os Estados membro. Acordamos que se acadaría no 2015 cando fora posible e cun límite no 2020. Cos argumentos de España podemos chegar ó RMS no 2018 co sector pesqueiro vivo», recordó Rosa Quintana.

El sector exige a la UE que deje de dar bandazos y de legislar sin tener en cuenta el impacto en la práctica de medidas que se acuerdan en los despachos. «Lo que debería hacer la UE es añadir racionalidad para hacer viables las pesquerías», asegura González. Una tarea difícil. Pintan bastos para el sector. Ya lo avisó el cerco. Cualquier recorte aboca al desguace y «un barco desguazado es un barco que no se vuelve a construir», admiten fuentes diplomáticas españolas. 

Enfado contagioso

El enfado español se contagió ayer a otras delegaciones como la portuguesa, la francesa, la irlandesa o la británica. Y es que nadie esperaba que después de presentar tantos argumentos de peso social y económico, la UE y Bruselas no dieran su brazo a torcer. Miles de empleos están en el aire en las principales comunidades costeras de la UE, en vilo por un acuerdo fraguado a 28, a puerta cerrada en la capital europea, a donde no llega el agua y, por lo que se ve, tampoco el clamor de la flota, que ayer enmudeció al ver perfilado el complejo horizonte que se le presenta. La reconversión encubierta del sector se está cobrando muchos puestos de trabajo. Ahora toca capear el temporal del 2017 sin salvavidas.

Las «especies de estrangulamiento» destrozan a la flota

Las «especies de estrangulamiento». Esa es otra de las batallas que está librando España. ¿Qué hacer para evitar que la flota tenga que amarrar si supera las ínfimas cuotas de que dispone para especies que se cuelan en las redes y para las que apenas se dispone de licencias? A Bruselas el debate le ha cogido con el pie cambiado, para sonrojo del propio comisario Vella. La polémica está servida y lo peor para la flota está por llegar. En el 2019 se aplicará a todas las pesquerías la obligación de desembarcar todos los ejemplares capturados, hasta el último pez. Antes se devolvían al mar las capturas para las que no se disponía de cuota. Con la nueva PCP es obligatorio descargarlas en puerto.

«Nos destrozan», aseguran representantes del sector, quienes lamentan la estrechez de miras de la Comisión Europea. Esa es la razón por la que la ministra Tejerina trata de evitar tijeretazos tan dolorosos como el del 50 % que propone la presidencia para el bacalao, una especie que estrangula otras pesquerías de interés para los buques gallegos que van a la merluza. 

Merlán y solla

No es la única especie. El eglefino, el carbonero, el merlán, el ochavo, la solla y algún stock de xarda también ponen contra las cuerdas a la flota cuando sale a pescar. Bruselas busca soluciones urgentes y algunos países como Holanda y Bélgica no han desaprovechado la ocasión para solicitar un tratamiento especial. Quieren sacarse de encima la merluza que se está expandiendo sin control hasta el mar del Norte y acaba presa en sus redes. El sector pesquero español exige el mismo trato para un problema que, como es habitual, solo cobra relevancia cuando afecta a las flotas del norte. Por el momento se baraja la posibilidad de conceder a los buques flexibilidad para cambiar un 9 % de sus capturas principales por las accesorias, para las que no disponen de poca o ninguna cuota. También se contempla la propuesta respaldada por García Tejerina de intercambiar cupos de especies entre los Estados miembros para evitar situaciones tan escandalosas como la que se vivió en el 2014. Entonces, Francia despilfarró hasta 6.000 toneladas de su cuota de rape. Lo mismo Dinamarca, con 8.400 toneladas de bacalao. Los gallegos, mientras tanto, veían desguazar sus barcos con fondos europeos. 

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