Máxima preocupación en la UE por el futuro del acuerdo de pesca con Rabat

La Justicia europea decidirá en diez días si los barcos deben abandonar el caladero


Bruselas / Corresponsal

Arranca la cuenta atrás para conocer el veredicto de la Justicia europea sobre la legalidad del actual acuerdo de libre comercio de productos agrícolas y pesqueros de la UE con Marruecos. Apenas diez días separan a la industria y a la flota gallega de Vigo, Marín y Ribeira de una sentencia que puede obligarles a retirar los artilugios del país norteafricano. Son 100 buques españoles los que tienen licencia para faenar en sus aguas, aunque solo entre 60 y 70 están en activo. «Estamos muy preocupados por el resultado de la deliberación», aseguran fuentes diplomáticas españolas, que se aferran al dictamen del jurista europeo Melchior Wathelet, para defender la continuidad del acuerdo firmado en el 2012. Si este cae, arrastrará consigo al pesquero, sellado en el 2014.

El abogado recomendó en septiembre levantar la suspensión parcial del convenio impuesta por el Tribunal General de la UE el 15 de diciembre del 2015, que denunció que la UE no había cumplido con su responsabilidad de «asegurarse de que no existían indicios de una explotación de los recursos naturales del Sáhara Occidental, bajo control marroquí, susceptible de ir en detrimento de sus habitantes y de atentar contra sus derechos fundamentales». Wathelet contradijo el dictamen e invalidó la denuncia del Frente Polisario, que exige poner fin a un acuerdo que permite explotar los recursos de un territorio en disputa y bajo vigilancia de la ONU: «El Sáhara Occidental no forma parte del territorio de Marruecos, por tanto, ni el acuerdo de asociación UE-Marruecos ni el acuerdo de liberalización le son aplicables», zanjó el letrado, cuya opinión podría ser refrendada por el alto tribunal el próximo 21 de diciembre. De ser así, tanto el acceso al caladero sahariano como la importación y exportación de productos pesqueros con este territorio quedarían suspendidos, no así las relaciones comerciales con Marruecos, que seguirían activas.

Riqueza de las aguas

El matiz es importante. Aunque las aguas saharianas, ricas en recursos pesqueros e hidrocarburos, quedarán fuera del ámbito de aplicación, España aspira a que el Tribunal de Justicia de la UE mantenga el acuerdo comercial con Marruecos en pie. «Lo normal sería que se suscribiese la posición de Wathelet», reconocen fuentes de Bruselas. De confirmarse, las relaciones económicas con Marruecos se adentrarían en un nuevo escenario de libres aranceles. Ambos socios pueden dar un salto cualitativo de los 2.900 millones de euros que las arcas marroquíes se embolsaron el pasado año en productos agrícolas y pesqueros y los 1.600 millones de euros que logró meter en caja la UE. La flota podría seguir a resguardo en aguas norteafricanas a la espera de abrir nuevos caladeros más rentables y estables. 

La batalla, sin embargo, no termina aquí. La disputa en torno a la soberanía del Sáhara continuará. Sea cual sea la sentencia del Tribunal, la UE sigue rechazando el derecho de Marruecos a reclamar su autoridad sobre ese territorio, hoy bajo su jurisdicción. Rabat ya suspendió en febrero las relaciones con la UE para retomarlas meses más tarde, pero nadie descarta que vuelva a adoptar represalias. España, Bélgica, Francia, Alemania y Portugal han tratado de salvar los papeles recurriendo la suspensión, pero no irán más allá en un conflicto político que puede enturbiar el ya de por sí complejo futuro del sector pesquero, limitado por las restricciones técnicas, las vedas y la escasez de cuotas y caladeros. 

La crisis que se fraguó tras la expulsión de la flota de Mauritania

La flota cefalopodera gallega se llevó las manos a la cabeza cuando a mediados del 2012 la UE hincó las rodillas y pactó con Mauritania el exilio de 30 buques del caladero «para evitar la expulsión de la totalidad de la flota comunitaria». Los cefalopoderos dijeron adiós a las aguas africanas y salieron en busca de nuevas oportunidades para cubrir esos dos años de condena al ostracismo tras la nefasta negociación de la delegación europea. El Gobierno español y Bruselas ofrecieron una alternativa «salvadora»: Marruecos. Pronto se torcieron las negociaciones y Rabat acabó imponiendo enormes obstáculos a la firma de un acuerdo que llegó en el 2014 acompañado de enormes restricciones y exigencias técnicas impracticables. Algunos buques estimaron que no les salía a cuenta explotar sus licencias. Al menos dos arrastreros gallegos decidieron amarrar en puerto. Otros tres decidieron arriesgarse y salir a por especies como la merluza negra. A día de hoy, los buques que faenan en el caladero marroquí tienen prohibidas las capturas de pulpo y marisco, aunque sea de forma accesoria.

Reconversión

Los cefalopoderos que se han aventurado en sus aguas han tenido que reconvertirse en barcos arrastreros congeladores de pesquerías demersales que faenan junto a los palangreros que acuden a por palometa. Por si fuera poco difícil la situación de la flota, el Gobierno marroquí ha impuesto paros biológicos intermitentes de forma unilateral convirtiendo la actividad pesquera de los buques españoles en una pesadilla.

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