«La investigación pesquera en sí ya no tiene sentido; no es actor único en el mar»

Discrepa con el sector sobre la conveniencia de adscribir el IEO al ministerio que lleve los asuntos pesqueros


redacción / la voz

Eduardo Balguerías (Madrid, 1957) despidió en Marín el viernes a la joya de la corona de la flota del IEO: el Cornide de Saavedra. Joya sentimentalmente hablando, porque lo cierto es que ya tenía «sus deficiencias». Se le rindió un homenaje como si fuese «un compañero más que se jubila».

-Retirar también se retiran los investigadores de pesquerías. Usted mismo alertó de la caída alarmante en el número de científicos dedicados a eso.

 -Cuando me preguntan cuál es el mayor problema que tenemos respondo que es ese: el de recursos humanos. En todos los niveles, desde administración y gestión, hasta la investigación. No es un problema exclusivo del IEO. En España no hay reclutamiento de personal investigador para cubrir las necesidades en determinadas especialidades a pesar del potencial que existe. Tenemos una juventud muy formada...

-Que se va al extranjero...

-Sí, pero necesitamos que vuelva. Esa diáspora es buena siempre y cuando haya mecanismos para poder reincorporarlos al sistema.

-¿Qué les disuade de venir?

-Quieren, pero no hay plazas, no se les ofrecen contratos. También es cierto que la situación ha mejorado. Hasta el año pasado tuvimos un 10 % de tasa de reposición solo de investigadores doctores. En el 2015 ya nos dieron el cien por cien y no solo de esa escala, sino también de otras, como técnicos superiores especialistas, técnicos especialistas... Y este año la oferta de empleo público ha sido muy generosa con el instituto. Ha sido, después del CSIC, al que más plazas le han dado. Estamos muy agradecidos a la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación por el esfuerzo tan grande que, pese a las circunstancias, está haciendo.

-Pero en la pesca esa carencia es más acentuada.

-En el caso de la investigación pesquera pura y dura, quizá haya menos vocaciones que había antes. Por varias razones, primero porque es un tipo de investigación muy dirigida; muy exigente, porque tienes que dar respuestas rápidas y muy organizada, con lo cual, la dedicación al trabajo de asesoramiento es casi el 100 % y al investigador le queda poco tiempo para dedicarse a otras cosas. Y en el sistema de ciencia actual, los méritos profesionales se miden por unos parámetros que ya no están adaptados a este tipo de investigación. Por eso las nuevas generaciones escapan. Todos los que estamos aquí [el homenaje al Cornide] somos auténticos frikis. Somos gente dedicada apasionadamente a su trabajo, vocacionales cien por cien, y la gente joven viene con otras ideas, que son las de hacer una carrera científica, de hacer muchas publicaciones, muchos proyectos...

 -Porque es lo que se prima.

-Claro. Y son muy buenos, ¡eh! Pero es otra mentalidad. Y este trabajo hay que seguir haciéndolo...

-¿Ha influido el hecho de que el IEO dejase de estar adscrito al mismo ministerio que la pesca?

-Lo del sector pesquero es obsesivo. Ya se lo digo a ellos sin cortarme un pelo. Se lo demostré con indicadores numéricos objetivos. Analizando el número de reuniones, de campañas, de días de mar, de informes... resulta que, con menos gente, se ha incrementado el trabajo dedicado a la pesca. ¿Tendría que estar el IEO en un Ministerio de Pesca? Yo creo que no, por algo muy sencillo. La investigación pesquera en sí ya no tiene sentido, porque tenemos la política marítima integrada, la política común de pesca, la planificación espacial marina, tenemos todo lo que va asociado al crecimiento azul... La pesca ya no es el único actor en el mar. Aparte de la navegación tradicional, que no estorba, y el turismo, que no interfiere mucho desde las playas, ahora están las energías renovables, los recursos cinéticos, los minerales, los petrolíferos, la acuicultura offshore... Hay una serie de posibles campos de desarrollo económico que compiten con la pesca y esta ya no se defiende desde una política pesquera exclusivamente. Se requiere una ciencia integradora, que analice cuál es el impacto de la pesca sobre el ecosistema, cuál es el impacto de una eventual explotación minera sobre la pesca, cuáles son las interrelaciones entre los sectores y cómo va a afectar eso al medio ambiente. Esto es un mundo globalizado, un mundo de integración de conocimiento y debes tener personal trabajando en acuicultura, en ictioplancton, en modelos dinámicos, en pesca, en biodiversidad... Y todo eso desde un Ministerio de Agricultura, no tiene sentido. Además, esa dependencia tan directa de una cartera sectorial siempre genera sospechas sobre que puedas estar utilizando la ciencia para tus intereses. Con lo que es bueno estar un paso alejado, da la imagen de rigurosidad e independencia.

-¿Sobra flota o faltan peces?

-Depende de dónde estén los peces y dónde esté la flota.

-Pues ¿qué peces faltan y qué flota sobra?

-En la reunión del sector que esta semana ha habido en Tánger, quedó patente que ahora mismo hay un problema en el Mediterráneo. De hecho, fue la conclusión que más me gustó de aquel foro: el reconocimiento de la mala situación en que se encuentra el Mediterráneo, que ya casi es ancestral. Pero tiene una capacidad de recuperación estupenda. Todos los mares en general. Se ha visto en cuanto se han aplicado medidas de gestión razonables. Ahora nadie se acuerda de que hace unos años aquí no había merluza y que estaba a 30 euros el kilo. Ahora compras aquí merluzas que son una alegría verlas a 6 euros el kilo. ¿Eso por qué es? Tampoco nadie se acuerda de que hace unos años iban a meter en la lista roja de especies amenazadas al atún rojo. Ahora está bien. Se ha hecho un esfuerzo extraordinario, pero debemos mirar al futuro y pensar que aspiraciones personales no pueden o no deberían la menos comprometer el futuro de nadie y menos de bienes que son públicos. Hay que cuidarlo entre todos. Y esto es a costa de actitudes personales y dentro de un marco de comportamiento que es el que se trata de establecer en las líneas de gestión. Las medidas de gestión es verdad que se han complicado muchísimo, aunque hay una tendencia a simplificarlas en la nueva política común de pesca.

«En el enfoque ecosistémico, la gestión se convierte más que en una ciencia, en un arte»

Más que de acercamiento, Balguerías habla de hermanamiento para explicar la bipolar relación entre el IEO y el sector. «Y los hermanos, nos peleamos a veces, pero al final siempre vamos de la mano y nos queremos».

-La nueva política pesquera da mucho peso a los científicos

-Da protagonismo a los stakeholders o grupos de interés. Ahí los científicos vamos como invitados. Son foros de discusión donde se proponen cosas y la Comisión las toma con mucho interés. Por supuesto que, al final, tiene la última palabra.

 -¿Les concede más peso a ellos?

-Son cosas distintas. La ciencia tiene que hacer su trabajo y lo que nos piden ahora es un enfoque ecosistémico. Antes solo mirábamos qué le pasaba a la sardina, si subía o si bajaba y qué podíamos hacer para aumentarla. Ahora vemos qué es lo que le pasa a la sardina, por qué le está pasando eso, qué influencia tienen los factores ambientales, qué ha ocurrido con el reclutamiento, si ha venido fuera de su época o si es que ha venido un temporal del sur y ha dispersado todas las larvas y se han muerto. Aún más: ¿qué con secuencias tiene eso sobre la población de atún rojo, por ejemplo? En base a todo eso se dictarán medidas de gestión. Al final, la gestión se convierte más que en una ciencia, en un arte. Es algo que ya se está haciendo desde el principio en el área de la Antártida. Es un modelo que no es extrapolable cien por cien a otras zonas, pero que se puede adaptar.

-¿Ganan los científicos el pulso en la sostenibilidad?

-La nueva política apela a las tres sostenibilidades. La económica ya habíamos intentado integrarla con la biológica, sin mucho éxito, cierto, pero es cuestión de trabajar. Pero la social nunca se había tenido en cuenta. No se atendía al impacto que puede tener una actividad sobre un núcleo de población concreto, que no tiene por qué ser económico, sino cultural, de fijación de población..., y está al mismo nivel que la ambiental. Yo digo lo que hay: tres sardinas. Si usted cree que para mantener a los tres pescadores del pueblo que solo tienen esas tres sardinas hay que gastarlas todas, usted está legitimado para hacerlo. Esa crítica de las oenegés, es que en Mauritania... Tú te bajas del avión en Nuadibú y los niños vienen arrastrando las piernas por no tener acceso a una simple vacuna de la polio, que vale un euro Hay hambre y se comen hasta los plásticos, ¿se van a preocupar de la sardina? Ni pensarlo y, además, me parece estupendo. Primero hay que comer, luego hablamos.

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