Prohibir los descartes aumenta el trabajo y merma ingresos a la flota

La experiencia europea y un estudio de barcos gallegos de litoral revelan problemas


viveiro / la voz

El año pasado con los pelágicos, y este con los demersales. Europa obliga a traer a tierra el pescado con límites de capturas y los inmaduros. La UE quiere acabar con los descartes en el 2020. El papel aguanta cualquier norma, pero al aplicarla quedan al descubierto pros y contras. La experiencia europea y un estudio sobre sus repercusiones en la flota gallega de litoral revelan que prohibir los descartes aumenta el trabajo y merma ingresos, hasta abocar a barcos a desaparecer.

De la política pesquera europea y de los descartes se habló ayer en los foros Expomar, que hoy concluyen en Burela. Dos de los conferenciantes coincidieron en que obligar a desembarcar todas las capturas fuerza a armadores y tripulantes a asumir costes que minan la rentabilidad.

Miguel Peña Castellot, de la Dirección de Pesca de la Comisión Europea, dejó constancia de que el fin de los descartes con los pelágicos no causó grandes problemas, no hubo infracciones relevantes y sí «gran colaboración» de todas las partes. Y aun así han quedado a la vista problemas: más carga de trabajo a bordo; menos ingresos, porque los inmaduros no pueden dedicarse a consumo humano directo y no hay mercados alternativos, y un encarecimiento de cuotas. Con los demersales, preocupa el «estrangulamiento» porque se agoten cuotas de ciertas especies, lo que ya se nota en un freno de los intercambios entre Estados.

María do Carmo García Negro, directora de Investigación de Economía Pesquería en la Universidade de Santiago, dejó constancia de que las críticas a la política europea han de modularse si se aceptan subvenciones. Dicho eso, aludió a un estudio, pendiente de publicar, sobre lo que supone para la flota gallega de litoral el fin de los descartes. Para García Negro, es «un disparate» el proceso que sigue la UE en la aplicación de esa normativa.

La experta cree que la UE debería adaptar el desembarque obligatorio de todas las capturas a las diferentes pesquerías, porque las de Galicia poco o nada tienen que ver con las del norte europeo. También juzga «negativo» impedir la venta para el consumo humano de los pescados que no se pueden comercializar. Almacenarlos a bordo puede ser «un grave problema» para los barcos. Como nadie resarce a armadores y tripulantes por el incremento de trabajo, la caída de ingresos «pode levar á desaparición de parte da flota».

Como en los países del norte el fin de los descartes está topándose con problemas similares a los expuestos ayer en Burela, García Negro deja entrever la posibilidad de que la UE opte finalmente por «pausar» el proceso de aplicación de esa norma.

Los foros Expomar siguen hoy en Burela, donde dirigentes de 36 organizaciones del sector están invitados a un cónclave para analizar la política europea.

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