Una docena de cerqueros regresan a Galicia ante la rara costera del bocarte

Precios bajos por el tamaño pequeño y semanas de tres días truncan la rentabilidad


redacción / la voz

El Portosín 1 vendió ayer en Galicia sus primeros kilos de jurel tras haber abandonado la costera de la anchoa en aguas del País Vasco. Le pagaron a 7 y a 8 euros la caja, una cantidad «coa que te podes defender», explica José Blanco, armador del cerquero con base en la localidad que da nombre a la embarcación.

Regresó del este del Cantábrico el lunes, buscando si en su ruta había anchoa grande. Y como no aparecía, completaron la ruta de vuelta a Galicia. No fue el único. El Portosín 1 siguió la estela de media docena que ya volvió la semana pasada. Y con este navegaron «outros tantos máis». Son ya una docena los que se han apeado de una costera rara, irregular, que no está resultando como se esperaba.

No es por falta de capturas, pues se está pescando y bien, reuniendo fácilmente los 6.000 kilos a los que se ha limitado el cupo (para barcos de más de 120 GT o 12 tripulantes). Pero el pequeño tamaño de la anchoa limita la cotización de la misma. No se paga bien y apenas alcanza el euro el kilo. Blanco echa rápidamente cuentas: «6.000 quilos a un euro, son 6.000 euros, por tres días que é o que podemos traballar son 18.000 euros; iso pódelo facer aquí, sen ter que estar lonxe da casa, que sempre supón ter máis gastos», explica.

Resulta que cuando en el País Vasco suben la bandera -término que utilizan para decir que se prohíbe la pesca-, no lo hacen solo para la anchoa, sino que no permiten pescar otras especies para las que los cerqueros gallegos aún tienen cuota, como la xarda o el jurel. «Pechan as lonxas e non podes facer nada; se aínda poidéramos vender catro xurelos e dúas xardas, safaríamos, pero así non compensa», explica el armador sonense, que no quiere entregarse del todo a las suspicacias y no se pronuncia definitivamente sobre si el cierre de las lonjas «é para que marche a flota galega ou si é polo ben do mar». Y lo cierto es que en los confines del Bidasoa, la flota oriunda se quejaba de que había más barcos gallegos que vascos. Los propios cerqueros de Galicia admitían que era una de las costeras del bocarte más concurridas por buques del oeste del Eo, con más de medio centenar de embarcaciones desplazadas.

Próximas medidas

Ahora el cerco que ha desistido de seguir al bocarte esperan a conocer las próximas resoluciones de la organización de productores del Cantábrico (Opescantábrico) para dilucidar el sentido de ese cierre general de las lonjas. «A ver se agora que nos fomos volven a subir o cupo e os días de pesca ou os manteñen».

Blanco señala que el País Vasco no les permite descargar otras especies porque desde hace unos años no concede a los gallegos licencias para pescar en aguas interiores. Pero sí lo hacen cántabros y asturianos, aparte de que «tamén podemos traballar fóra de puntas», en aguas que no son competencia de la comunidad autónoma: «Unha cousa é que non podamos ir ao bocarte e outra que non nos deixen defendernos», sentencia Blanco.

Negociación

El también presidente de Acerga tiene asimismo reproches para quienes representan a Galicia en Opescantábrico y toma decisiones sobre la costera. Aparte de que «non nos informaron nin de quenes son», no entienden que no defiendan a la flota gallega y pongan resistencia a que se impida capturar otras especies distintas del bocarte.

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